Rubalcaba sigue haciendo desde el instante mismo en que se fue.

(Publicado en La Hora Digital el 11 de mayo de 2019)

Cuando una nube negra se cernía sobre España, cuando parecía que una horda de dioses malignos se hubiera dedicado a robarnos alegrías para destruirnos la esperanza, de pronto empieza a abrirse paso el sol. Parecía, parece que fueran cosas de otro mundo; mala suerte, milagros. Pero si penetramos en el fondo de lo que estaba ocurriendo y de lo que de pronto ocurrió para sacarnos del túnel tenebroso en el que nos habían metido, en el que nos habíamos dejado meter, descubrimos que la perdición y la salvación estaban en nuestras manos; que fuimos nosotros los que contribuimos al aparente desastre dejándonos hundir y que fuimos nosotros los que dijimos basta y decidimos recuperar el derecho a vivir con la alegría que nos da la esperanza.

Mañana hará apenas tres domingos que la mayoría de los españoles decidió desarmar con sus votos a quienes nos habían bombardeado con mensaje negativos que enturbiaban la atmósfera; la que rodea nuestros cuerpos y la que impregna nuestras mentes. Eran mensajes odiosos que nos dirigían al rechazo al hermano, al vecino. Al nombre de España se alzaron lanzas envenenadas contra enemigos imaginarios y se pronunciaron arengas induciéndonos a sentir y a pensar que nuestra vida debía dedicarse a luchar contra ellos, a luchar a perpetuidad contra todos los enemigos imaginarios de España presentes y por venir; a vivir amargados por una perpetua mala leche.

Pero no fueron dioses malignos los que intentaron convertir nuestro país en un reino oscuro y a sus habitantes en sucios y miserables infrahumanos incapaces de atisbar las luces del entendimiento y las emociones de sentimientos informados por la razón. Fueron hombres cegados por la ambición de poder que un día pensaron que la guerra aglutina más voluntades que la paz; que el insulto y la difamación agitan más las glándulas que la benevolencia; que el anuncio de amenazas empuja a los pusilánimes a apelotonarse buscando la protección del que parece más fuerte. Hace apenas tres domingos un ejército de valientes, hombres y mujeres, sin más armas que sus votos, le hicieron callar. Cesaron los insultos, las mentiras, las arengas. Aquellos infelices a los que la ambición no deja vivir en paz se cayeron de sus altos árboles reventándose contra la realidad. No todos los españoles estaban dispuestos a ir por sus vidas con las mentes sucias y oscuras, tragando los sapos de mensajes destructivos, de esas ideas que transforman a los individuos humanos en seres preracionales incapaces de alcanzar la felicidad que justifica una vida humana. De pronto, los agoreros, ante la realidad de su derrota, se transformaron en hombres sensatos, conciliadores, dispuestos a utilizar sus facultades para unirse a los esfuerzos de quienes quieren un presente y un futuro mejor. ¿Es sincera su conversión o es otro engaño para seguir soñando con alcanzar el poder? Eso ahora no importa. Lo que importa es que ya saben que para obtener lo que quieren, tienen que empezar por dejarnos vivir en paz.

Mañana hará tres domingos que la mayoría decidió ignorar las amenazas y las profecías catastróficas y creer en los mensaje de quienes la instaban a alimentar la ilusión y la esperanza; a quienes nos llamaban a deponer las armas y a lanzarnos con todas nuestras energías a la reconstrucción del país y de nuestras propias vidas; a quienes nos recordaban que ningún hombre es una isla, que nadie se salva solo, que el bienestar del vecino contribuye a nuestro propio bienestar, que la paz de cada cual depende de la justicia, del esfuerzo solidario de todos, de que entre todos construyamos un ambiente propicio para que todos podamos cumplir nuestra misión en este mundo que es la búsqueda perpetua de la felicidad.

Y ayer, como si el destino o sabe Dios qué, hubiera querido reforzar esos mensajes de ilusión, de esperanza, de optimismo, mensajes que sobre todo nos incitan al esfuerzo por superar todos los escollos que se nos presenten para llegar a la meta con una vida plena de satisfacción, ayer se fue un hombre que cumplió como pocos con lo que Dios o la naturaleza esperan de una vida humana. Alfredo Pérez Rubalcaba supo vivir y sacar el máximo partido al hecho, tal vez fortuito, de haber nacido y vivido en España. No enarboló banderas ni cantó himnos patrióticos. El amor por España lo demostró luchando contra la ignorancia con la educación; contra el terrorismo poniendo toda su inteligencia para conseguir la paz. El amor por España lo demostró viviendo entregado al fin de hacer de España un lugar en el que pudieran vivir mejor todos los españoles. Su vida fue fructífera, así de sencillo, pero como si no hubiera bastado cuanto hizo, ha seguido haciendo desde el instante mismo en que se fue. Desde ayer nos están llegando por todos los medios testimonios de sus luchas y sus logros; luchas y logros que nos recuerdan hasta dónde es capaz de llegar la voluntad cuando se propone transformar las circunstancias. Claro que las circunstancias se pueden transformar para mal o para bien.

Mañana hará tres domingos que la mayoría eligió a unos políticos que prometían emplear su inteligencia y su voluntad para transformar las circunstancias de España, de los españoles, para bien. Esos políticos que ya se preparan para formar el gobierno que dirigirá nuestras vidas durante los próximos cuatro años, estarán repasando hoy la vida y milagros de Alfredo Pérez Rubalcaba, repasando sus palabras, sus consejos; pidiéndole tal vez, si la fe se lo permite, que les siga aconsejando. Hoy, su recuerdo nos deja la esperanza de que sus compañeros sigan sus consejos y sus pasos y de que la mayoría camine con ellos siempre hacia adelante.

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Un comentario sobre “Rubalcaba sigue haciendo desde el instante mismo en que se fue.

  1. SI fuésemos religiosos, pensaríamos que hasta en la muerte, RUBALCABA, nos ha hecho un milagro, ya que ha servido para que muchas fieras se amansen, y muchos que estaban distanciados, se acercasen y abrazasen, salvo algunos neandertales, casi todos los demás. Así que, hasta su muerte ha servido para apagar bastantes viejas rencillas. Aunque conociendo al personal, estoy seguro de que no tardarán en reaparecer.

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