¿A quién importan los presupuestos?

(Publicado en La Hora Digital)

Empezó el juicio. Hace tiempo que empezaron las victimizaciones, las acusaciones, las condenas, las mentiras, la difamación, la infamia. Los que entienden la política como una lucha salvaje por el poder, y los privilegios, sueldos y prebendas que lo acompañan, hace tiempo que convirtieron a España en un campo de batalla vacío de toda épica y lleno de mugre. En medio de este estercolero, ha empezado un juicio cuyo final no promete la paz en ningún caso. Los, supuestamente, políticos independentistas catalanes seguirán blandiendo espadas pase lo que pase y, frente a ellos, los, supuestamente, políticos nacionalistas españoles seguirán blandiendo las suyas; a prudente distancia. No habrá sangre. Es una batalla de gestos, gritos, amenazas. Los combatientes de un bando y de otro, bien alimentados, no luchan a muerte por su supervivencia. Luchan por ver quien impresiona más al público que les contempla, como si se tratara de una exhibición de haka.

El espectáculo que ofrecen los supuestos políticos de un bando y otro carece del lustre de una tradición histórica como el haka de los maorís. Carece hasta de la gracia y el ingenio de una chirigota de Cádiz. ¿Cómo es que tantos les siguen? Una propaganda cuidadosamente diseñada se encarga de enardecer al público, contando con la prensa para mantener el foco sobre los protagonistas y describir sus gestos y palabras con el entusiasmo del relator deportivo.

Y empezó el debate sobre los presupuestos generales del estado. Y en el  Congreso se volvió a repetir el espectáculo con los gestos broncos y desafiantes y las palabras gruesas, las exigencias, las intimidaciones. Pero quien quiso verlo y fijarse bien habrá podido distinguir una figura casi en la sombra.

En medio de tan  infamante panorama, destaca por insólito un hombre tranquilo entregado a su trabajo. Es un político con un concepto claro de lo que significa el arte de la política rodeado por otros políticos con igual conciencia de servidores públicos. Mientras las tribus de los independentistas catalanes y nacionalistas españoles se afanaban en su danza feroz, el gobierno, con su presidente a la cabeza, elaboraba unos presupuestos con la intención de devolver a los españoles los medios para recuperar una vida digna.  Los de las tribus tenían, tienen, los ojos fijos en el contrincante al que quieren superar. El presidente y su gobierno miran al público.

En el público hay de todo. Unos cuantos, muy pocos, tienen nombre propio. Un nombre que reconocen los directores de bancos y los, supuestamente, políticos de las tribus. Por la cuenta que les tiene a todos, todos procuran complacerles. Tras ellos, en orden de importancia, trabajadores con nómina fija y suficiente para sentirse próximos a los de primera fila y darse el lujo de obtener un préstamo de vez en cuando para hacer cosas de ricos. Tras ellos, una gran masa de seres innominados. Son los de los contratos de vez en cuando; los de muchas horas trabajadas y pocas pagadas; los de rebajas en los mercadillos cuando se puede o ropa de segunda mano; los de neveras medio vacías o vacías del todo;  los de insomnios calculando cómo pagar el alquiler y el recibo del agua  y el de la luz; los de pesadillas a todas horas contando los días, las horas que faltan para que les corten la luz,  el agua; los paralizados por el terror mientras esperan, como al cumplimiento de una sentencia de muerte, el día del desahucio. Son los viejos que no pueden pagarse la paz durante el tiempo que les quede. Son los enfermos que se tienen que ir muriendo en sus casas porque no hay dinero para los médicos, los tratamientos, las camas de hospital que podrían prolongarles la vida.

A ese público de tercera fila miraba el gobierno mientras calculaba los presupuestos repartiendo partidas para reconocer a todos el derecho a vivir con dignidad. ¿Derecho? Puede y es respetable, siempre y cuando cada cual mire por el suyo. A nadie produce rédito alguno mirar por los derechos de los demás. Por eso los de la danza guerrera se miran solo los unos a los otros para que ninguno se atreva a quitarle el puesto. Por eso, hoy votaron en contra de los presupuestos del gobierno, no vaya a ser que la masa de la tercera fila se de cuenta de que el gobierno la ve y la escucha y sus cosas mejoran y ni se acuerden de las tribus a la hora de votar y vuelvan a darle el gobierno a ese hombre tranquilo que, a la chita callando, les priva del poder.

 

 

 

 

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