Ni izquierdas ni derechas

(Publicado el 16 de enero de 2019 en Por la Unidad de la Izquierda)

La razón descubrió hace muchos siglos que la unión hace la fuerza y, por supuesto, que la división hace todo lo contrario. Hace siglos que la experiencia lo demuestra. Sin embargo, hace siglos también que la humanidad ignora el axioma por más tropezones que le haya costado su voluntad de ignorarlo. La demostración más reciente de esta evidencia nos la ha ofrecido el batacazo que se acaban de pegar los andaluces –quien piense que solo los socialistas, mejor que no lo diga si no quiere confesar su ingenuidad.

La unión de las llamadas derechas ha conseguido el gobierno de la comunidad autónoma con más población y, por lo tanto, con mayor influencia  política de España. Digan lo que digan quienes dicen lo contrario, Andalucía será gobernada por un tripartito conservador; dos partidos con pacto vinculante firmado y otro de facto.  En la oposición se quedan dos partidos socialistas, uno más socialdemócrata que el otro, ambos entregados a exhibir públicamente su desunión.

El motivo del descalabro de las llamadas izquierdas responde a unas sencillas preguntas. ¿Quién quiere votar a un partido dividido y, por lo tanto, débil? La mayoría, no. ¿Quién quiere votar a un partido minoritario que, situándose en el extremo izquierdo, no se habla con el compañero más próximo al centro? Probablemente, quienes, por diversos motivos, gustan de nadar contracorriente. ¿Se puede formar un gobierno con un partido quebrado y otro que representa el mundo absurdo que no sabe adonde va? Evidentemente, no. Por eso formará gobierno en Andalucía el tripartito conservador.

El partido conservador de toda la vida recibió los votos de los que prefieren pudrirse antes que afrontar la pavorosa incertidumbre de cualquier cambio. El partido conservador con líder y nombre nuevo y etiqueta de liberal de centro  le  quitó al primero los votos de quienes toman la ropa vieja lavada y planchada por ropa nueva. El ultraconservador le quitó a los anteriores los votos de quienes no le hacen ascos a su propia mierda porque la mierda les parece de lo más natural. ¿Que lo que pretenden conservar estos tres partidos conservadores son los privilegios que siempre han tenido los que más tienen  y el poder de los que siempre han sido poderosos? Eso es lo de menos. Lo de más es que, al carecer del freno de principios morales y valores humanos, los tres fueron capaces de ignorar sus diferencias superficiales y unirse tomando en cuenta el fondo para alcanzar una fuerza que los votos de cada uno por separado no tenía.  ¿Habrían votado los andaluces como votaron si hubiesen intuido que algo así podía suceder? Por respeto, habrá que concederles el beneficio de la duda.

Lo que ha ocurrido en Andalucía no puede sorprender a nadie; lo que sorprende es que nadie lo viera venir. ¿Sorprenderá que el fenómeno se extienda en mayo por autonomías y alcaldías y que llegue hasta el parlamento europeo? Las mujeres y las llamadas izquierdas se movilizan para neutralizar al monstruo de tres cabezas. Se habla de un cordón sanitario para evitar que la llamada ultraderecha siga avanzando, mientras radicales separatistas catalanes y exaltados varios boicotean sus actos e intentan agredir a sus líderes. ¿Servirán esos esfuerzos para detener el avance del partido que quiere destruir todo lo que suene a modernidad y progreso para reconstruir sobre las ruinas el mundo de la España predemocrática? De lo que ya no cabe duda es de que los tres partidos de las llamadas derechas se unirán, como se han unido en Andalucía, para formar gobierno donde la suma de sus diputados lo permita.

Siente uno la tentación de decir a las llamadas izquierdas de Andalucía que se joroben. Lo malo es que su estupidez ha jorobado y más que va a jorobar a casi todos los andaluces. ¿Tendrán que jorobarse cuatro años por haber equivocado el voto?  Dice el filósofo y economista Carlo M. Cipolla, el que más sabía sobre la estupidez humana, que la estupidez no tiene cura. Así que si los estúpidos que consiguieron desencantar a cientos de miles para que no votaran y perdieron cientos de miles de votos dando la mayoría al triunvirato  de la demolición; si esos estúpidos dedicados a desunir en beneficio de sus propios intereses egoístas no tienen la gallardía de aceptar que la estupidez les llevó a hacer daño a sus partidos y a sus compatriotas sin obtener ningún beneficio a cambio; si esos superestúpidos, según nomenclatura de Cipolla,  que acabaron haciéndose daño a sí mismos no se retiran del panorama político para no seguir haciéndole daño a nadie más,  dentro de unos meses es posible que su estupidez acabe jorobando a millones de españoles.

Tirando de lo más simple y evidente, cabe diagnosticar la enfermedad como desunión de las llamadas izquierdas. Lo que parece muy concreto, pero no lo es. ¿Por qué insisto en decir “llamadas izquierdas” y “llamadas derechas”? Porque lo de izquierda y derecha es tan viejo como las pelucas del sigo XVIII. La clasificación ha llegado hasta aquí por diversos motivos, entre ellos, la falta de rigor intelectual o, simplemente, la pereza. Algunos partidos han querido y siguen queriendo salir de la casilla; unos por miedo a verse en los extremos, otros por meterse en el centro, un centro por el que la mayoría de los políticos se pelean porque dicen los estudios sociológicos que en ese dorado lugar se encuentra el mayor caladero de votantes. Pues bien, lo que dice la realidad es que hay partidos que, movidos por la firme convicción del respeto a los ciudadanos, preconizan la igualdad social.  Prescindiendo de metáforas espaciales, a estos partidos hay que llamarlos socialistas aunque uno de otro se diferencien en matices. Lo que dice la realidad es que hay partidos que toman a los ciudadanos por súbditos al servicio de las élites económicas o religiosas o las dos. Estos partidos relegan a la irrelevancia los derechos humanos y la igualdad. ¿Qué etiqueta ponerles? Mientras se encuentra alguna apropiada, podemos atenernos a lo descriptivo de la palabra y llamarles antisociales. O podríamos también pensar un poco más para entender mejor el meollo del asunto.

Prescindiendo de reminiscencias históricas trasnochadas, ya es hora de desterrar al olvido lo de izquierdas y derechas y llamar a las tendencias políticas por lo que en realidad son. La política es o debe ser la actividad que organiza la convivencia entre los miembros de una sociedad y esa actividad debe orientarse al bien común; de libro. El fin de la acción política es, en primer y último término, el ser humano; sujeto y objeto de toda humana actividad. Es indiscutible, por lo tanto, que la ideología que tiene como determinante de la acción política el bienestar del ser humano y por ende, de la sociedad,  es moral, y que aquella que persigue otros fines es inmoral. Cuando una ideología política trasciende los límites de la inmoralidad atacando los principios y valores que la razón distingue como morales, es, evidentemente, antimoral. Conviene hacer este somero repaso a unas cuantas evidencias para percibir y distinguir las cosas como son escapando de la manipulación que quiere forzarnos a verlas como a otros conviene que las veamos.

De esa reflexión se deduce que el próximo gobierno de Andalucía estará constituido por dos partidos inmorales bajo el arbitrio de un partido antimoral.   De esta situación cabe esperar lo peor para la sociedad andaluza que desde ahora mismo vivirá sometida a la conveniencia de una minoría de privilegiados. Se deduce también que el bienestar de los andaluces dependerá de que, en las próximas elecciones, la mayoría de los ciudadanos cumpla con el deber de votar y de que, por la cuenta que a cada cual le tiene, vote reflexivamente sin dejar que otros le arrastren al voto emocional. En cuanto a los dos partidos cuya ideología se funda en principios morales, la realidad impone limpieza y desinfección para eliminar de sus filas a todo aquel que concibe la política como medio para satisfacer sus ambiciones personales. Una vez limpios y desinfectados, los partidos de principios y valores socialistas podrán emplearse en paliar los destrozos sociales que sin duda ocasionará el nuevo gobierno, y comprenderán la imperiosa necesidad  de hacer un frente común contra inmorales y  antimorales. O los partidos socialistas se unen o el monstruo de tres cabezas conseguirá destruir la libertad y los derechos que nos restituyó la democracia.

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