Conversaciones privadas

 

 

western saloon

Lee Dubin, Western Saloon

 

Hoy, un artículo corto para ventilar la última reflexión sobre el asunto de la ministra Delgado. La cuento porque no he oído ni leído reflexión semejante en los medios y porque creo que puede servir para ampliar el enfoque. A partir de aquí, no creo que tenga más que decir. A mí sí me da vergüenza repetir lo mismo a lo loro, como han estado haciendo columnistas y comentaristas desde que se creó el escandalete, estirándolo  como un chicle para que no decaiga el morbo. Pero un chicle resiste en la boca hasta que se le saca todo el jugo con gusto.  Después hay que tirarlo. A nadie le gusta pasarse horas masticando un trozo de goma insípido. Pues bien, sobre lo que nos ocupa, parece que los de las derechas y los periodistas y comentaristas a juego no se enteran de lo desagradable que puede resultar pegar chicles masticados en la mesita de noche para volver a metérselos en la boca cada mañana. ¿Cuántas mañanas y noches llevamos con esto? Quien quiera la respuesta que se la pregunte a Google. Yo he perdido la cuenta y no tengo ganas de volver a empezar. Así que hoy me limitaré a decir lo que creo que no se ha dicho y, para mi, causa finita.

Allá por el 2009, a la fiscal Dolores Delgado la invitó un juez de gran prestigio a una cena en la que iban a estar diversas autoridades de la policía y el super comisario Villarejo. Me pongo en su lugar. Vaya tropa con la que iba a encontrarse; hombres duros, sin duda. Sin duda, no sería una cena para ponerse finolis y con remilgos. O se adaptaba al ambiente o iba a desentonar como un flamingo en una reunión de cuervos.

Después de verla y escucharla con detenimiento, he llegado a la conclusión de que la señora sabe adaptarse a las circunstancias, sobre todo si tiene que lidiar con “hombres duros” acostumbrados a lo que se llama lenguaje tabernario. La ministra no se ha achantado al responder en el Congreso a los hipócritas inmorales que la han interpelado cuestionando su moralidad. Si hubiera sido un hombre, la rotundidad con que ha respondido a esos ataques habría sido elogiada como rasgo de firmeza. Tratándose de una mujer, se dijo que había perdido los nervios.

Por lo que se deduce de los trozos minúsculos e inconexos de grabaciones que la prensa nos ha ofrecido, lo que hizo Delgado en esa cena de tíos fue utilizar un lenguaje de tíos para que los tíos la entendieran. En uno de esos extractos interesadamente extraídos, Delgado dice que prefiere trabajar con tíos porque sabe por dónde van. Es decir, que los hombres le parecen previsibles y las mujeres, no tanto. ¿Esta afirmación es antifeminista? Leyendo algunos artículos sobre el antifeminismo que le suponen a  Delgado ciertos tíos y tías de la prensa por esta única frase, vuelvo a sentir la desazón que me produce constatar el descenso paulatino y al parecer imparable del nivel intelectual de quienes pretenden influir en la opinión pública.

Vamos a ver, quien considera a otro previsible, se considera intuitivamente superior, ¿sí o no? Luego lo que dice la ministra en esa cena es que le resulta más fácil trabajar con tíos porque al tío se le descubre más rápidamente de dónde viene y a dónde va por más listo que se crea.  O sea, que si se analiza la frase racionalmente, no solo no es antifeminista, sino todo lo contrario. Podría seguir desarrollando el argumento, pero no sigo porque tengo un hijo.  Nunca le he dicho lo de “Te conozco bacalao aunque vengas disfraza’o” por no sonar insultante, pero me lo he pensado, me lo sigo pensando, muchas veces. Los hombres son hijos de sus madres y las madres, naturalmente, saben más.   Se podría acusar a Delgado de feminista radical. Eso sí sería discutible. Pero acusarla de machista o antifeminista por esa frase es, sencillamente, estúpido.

En cuanto a lo de “maricón”, explico. Oí la palabra por primera vez ya en mi juventud porque en los colegios que me tocaron en suerte no se oían  esas palabras. Los primeros compañeros varones los tuve en la universidad y no recuerdo que se hablara de homosexuales ni en vulgar ni en fino.  Oí por primera vez lo de “maricón” en boca de un amigo homosexual que dirigió la palabra a su pareja en plan cariñoso. Con el tiempo, después de haberla escuchado innumerables veces en los medios, se me quedó la connotación insultante del término y hoy me produce rechazo se diga como se diga y, aún más, cuando la dicen supuestos humoristas.

¿Con que intención utilizó Delgado la palabra en esa cena de ordinarios? Imposible saberlo con la única evidencia de los cortes. Parece que Villarejo le pregunta a quién se refiere y que ella contesta “Marlaska”. Por respeto a mi inteligencia no me lo creo hasta que las grabaciones se analicen y el análisis demuestre que a la pregunta sigue la respuesta sin copia y pega en medio. Confieso que no salgo de mi asombro cada vez que pienso cómo es que a ningún periodista o comentarista se le ha ocurrido decir que no se pueden juzgar veraces unas grabaciones a base de fragmentos inconexos. ¿Nadie siente la necesidad de exigir que se analicen, aunque sea para pasar por rigurosos?

Llamar maricón despectivamente a un señor que se refiere sin ambages y con orgullo a su pareja como “mi marido” desde que se casó con él, no tiene ni gracia ni sentido. Menos sentido tiene que Villarejo pregunte cuando no había lector de diarios en España que no supiera que Marlaska presumía públicamente de  marido y a mucha honra.  ¿Preguntó para hacer que Delgado dijera un nombre que pudiera comprometerla? Ah, vale. Y una fiscal que ya llevaba tiempo trabajando en asuntos de terrorismo yihadista iba a ser tan tonta como para dejarse engatusar. ¿Y si en vez de referirse a Marlaska, fue a Villarejo a quien Delgado llamó maricón? En plan de broma, claro.  Por la brutalidad del individuo que se deduce de otro corte, no es de extrañar que aceptara bromas así.

Queda lo de Villarejo con su agencia de modelos. Parece que a la revelación del proxenetismo disfrazado del comisario, Delgado respondió: “Éxito garantizado”. Otra vez, ¿siguió esa respuesta a la revelación o cortaron y pegaron de otro lado? Parece que a nadie le importa. Si la réplica siguió a la revelación ¿no es posible que Delgado la pronunciara con ironía? Otra vez, ¿tan tonta era esa fiscal, por otra parte tan competente, como para decir delante de un juez y de comisarios de policía que estaba de acuerdo con la repugnante y delictiva actividad proxeneta de Villarejo? Otra vez, Delgado dice: “Es más fácil que un tío babee a que una tía babee”.  Otra vez, ¿Delgado es antifeminista o todo lo contrario? Lo de por qué no denunció a unos jueces que según ella iban con menores pertenece al colmo de una ignorancia que no se le puede permitir a un político, y a un periodista, menos. Me faltaría el respeto a mi misma si perdiera mi tiempo intentando informarles para que pudieran entender la respuesta.

En fin, que todo el asunto da asco y que lo asqueroso no son las grabaciones, sino el uso que la prensa ha hecho de ellas. Hace minutos me llegó el titular de un diario diciendo que el gobierno está knock out o algo así. Otro que se lanza a vender la piel del oso. ¿Por qué ese empeño en derribar al gobierno de Pedro Sánchez como sea? Eso lo puede deducir fácilmente cualquiera que piense, y yo lo deduje en mis dos artículos anteriores.

Así que, como dije al principio, para mi, causa finita. Me voy a comer con la tranquilidad que me da saber que, a cargo del Ministerio de Justicia, hay una tía bien bragada que sabe de dónde vienen y a dónde van los atacantes y los peones que les asisten.  No me cabe duda de que sabrá resistir. Firmeza e inteligencia no le faltan, lo que, después del gobierno del que venimos, parece un regalo sobrenatural.

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6 comentarios sobre “Conversaciones privadas

  1. Mejor escenificado, imposible, María
    Yo, que he trabajado más de veinte años en el ámbito de la Seguridad y he tenido comidas con “hombres duros”, cuantas veces habré repetido que prefería trabajar con hombres, exactamente por lo que tú has explicado muy bien. Lo qué ocurre es que en este momento que vivimos de lo “políticamente correcto” y del pseudofeminismo radical, parece que quien se sale del carril impuesto, aunque sea en una conversación privada con personajes de la talla que tú expresas muy bien, ya es antifeminista, machista, homófoba u otras descalificaciones parecidas.
    Desde que la nombraron, la ministra Delgado me parece una mujer con dos “bemoles” que no se achanta así como así. Y a este paso, tendremos que practicar en nuestras conversaciones con el “jopeta”, “jolines” o “recórcholis” y por supuesto, en las reuniones, comidas, etc. pasar previamente por un detector, mirar debajo de la mesa o practicar el nudismo.
    Buen día y felicidades por el artículo.

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  2. Cuántas veces nos hemos visto en reuniones parecidas a la de la ministra?? Cualquier mujer en reuniones con colegas o con amigos!! Y qué pasa, yo digo a cualquiera que me molesta que me toque los huevos y llamo maricon a cualquiera que se preste a ello, y…ni tengo huevos ni intento insultar a nadie

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  3. No conozco las ya “famosas” grabaciones del quita y pon. Pero que bajo han caído los medios “patrios”, teniendo que recurrir a semejantes recursos. Me gustaría que nos “iluminaran” con alguna de esas tertulias en la que la grosería está a la altura intelectual de los participantes. Y no digo esto como muestra de ser yo una parlante pacata. Cada cosa en su contexto. No digo que tenga un lenguaje tabernario, pero si tengo que decir un joder, lo digo y punto. Digamos que, como la ministra, me acomodo a las circunstancias, igual que cualquier hija de vecino.

    Me parece tremendamente hipócrita por parte de los medios y sobre todo de los políticos, que pidan la dimisión de la ministra por unas cintas de corta y pega -y digo cintas y no cinta porque posiblemente y viendo el percal, sean varias- y no dimitan todos ellos, políticos y periodistas, unos por corruptos y otros por dejarse comprar, que es otra forma de corrupción. Eso sí que es grave -como grave es que te graben en una conversación privada para chantajear a los asistentes- y no el hecho de aparecer en unas cintas manipuladas.

    Acertada como siempre, María.

    Un abrazo

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