Las manos que electrizan a España

las manos de Sánchez

 

No fue la moción de censura, no fue la foto de Pedro Sánchez recibiendo a su homólogo y  tocayo ucraniano en La Moncloa en calidad de presidente del gobierno lo que estremeció al país en un junio más histórico que todos los junios de la historia de España. Fueron unas manos, las manos del presidente.

Aparecieron las manos de Sánchez en Twitter y los comentaristas de la prensa escrita, hablada, televisada y digital reaccionaron como si esas manos les hubieran hecho cosquillas en las glándulas. Dicen que, ante la visión de esas manos,  a una conocida periodista se le cayeron de golpe todos los pellejos estirados de su cara y tuvo que volver al quirófano de urgencia. Algunas justificaron fácilmente la alteración de sus hormonas; algunos se preocuparon viendo en peligro su orientación sexual; otros echaron la culpa de la agitación a la proximidad de la fiesta del “Orgullo Gay”, inmoral despelote que todos los años altera las conciencias y contamina las buenas costumbres de nuestro país.  Pero la reacción de los mediáticos no fue tan intensa como la que desequilibró a los políticos.

Después de considerar detenidamente el efecto que podían tener esas manos sobre los militantes de su partido dispuestos a votar para elegir cabeza, María Dolores de Cospedal decidió ignorar todos los consejos de sus asesores para su próxima aparición en público, y a todos dio la orden de que dejaran caer a periodistas seleccionados que su próximo discurso se haría en un teatro y sería memorable. En la tarde de autos, había más periodistas atraídos por la expectación  que militantes del PP interesados en escucharla. A Cospedal no le importó. Salió al escenario con más determinación de la que le suponían a las manos de Sánchez y, ante la curiosidad de sus pares, se enfrentó a público y cámaras , determinadamente.

─Soy la única mujer que ha sido Secretaria General de un partido ─clamó con firmeza evaperoniana, y bajando el tono precisó─.  Dicen que hubo otra, pero esa era comunista y no cuenta. Soy la única mujer que ha plantado cara a los corruptos ─volvió a clamar─. En diferido y en no diferido. Soy la única mujer ─repitió in crescendo─.  La única que puede derrotar a Pedro Sánchez por más manos y piernas que exhiba el gachó ─gritó. Y abriéndose el vestido de un arrancón que hizo saltar los botones, apareció ante cámaras y presentes con un primoroso biquini─. Ese dice que corre ─remató─. Pero yo nado, nado en todas las aguas y en todos los estilos. A ver quién da más.

Sus asesores y acompañantes, con los ojos clavados en el cuerpo serrano que se exhibía sin pudor en el escenario, no tuvieron tiempo de calcular las consecuencias de tan determinado atrevimiento. El aplauso del público atronó de pronto el recinto tranquilizando a aquellos que empezaban a flaquear.

Mientras tanto, Soraya Sáenz de Santamaría, consciente de su ignorancia en asuntos de publicidad, se había puesto humildemente en manos de sus expertos. Sus expertos la tenían sentada en el suelo ensañando pechera y piernas con un sugerente vestido negro, como en aquella foto tan sexy que tanto éxito había tenido en otra época. A la orden del director del vídeo, Soraya miró a la cámara, insinuante, y dijo, con la voz engolada.

─Soy mucho más que manos. Vótame y verás.

También hubo aplausos de todos los presentes tras la actuación. Todos coincidieron en que esa mujer era una actriz consumada.

Pablo Iglesias y sus asesores llevan horas pensando cómo contrarrestar el incontenible protagonismo de Sánchez.  Con los ojos clavados en la pantalla de un ordenador, Iglesias mira, obsesivamente, una composición de fotos en las que aparece Sánchez  saludando, perorando, corriendo, caminando, y ahora, las manos, esas manos, hasta las manos, se dice Iglesias mesándose el cabello con desesperación. Y, de repente, se le ocurre una idea.

─Ya lo tengo ─chilla─. Ya lo tengo.

Todos los asesores se vuelven al líder.

Pablo Iglesias se sube a una silla tocado por la inspiración y se agarra la coleta con una mano recorriendo a todos los presentes con mirada intensa. Un asesor está a punto de gritar un no desgarrador esperando ver tijeras, cuando Iglesias se arranca dramáticamente la goma que le sujeta el pelo y sacude su melena, limpia, suave, ligeramente rizada.

─Me quito la coleta ─anuncia. ─¿Cómo estoy con melena?

─Mesiánico ─exclama uno de sus incondicionales, arrobado.

─Vendrán a ti más multitudes que a Clemente en el Palmar de Troya ─exclamó otro.

─Tu new look atraerá a los medios de tal forma que nadie volverá a acordarse de las manos de Sánchez.

─Venga ─ordenó Iglesias saltando al suelo─. A trabajar. Hay que organizar un acto multitudinario con el pretexto que sea.

Al día siguiente, Iglesias contó a su pareja el sueño que había tenido aquella noche. Con el acompañamiento hendeliano de un coro de ángeles, se vio ascendiendo al cielo en una nube dorada, cual Cristo resucitado, con  su melena flotando al viento.

Ante el espejo de su armario, Rivera se quedó en cueros con las manos cruzadas sobre sus partes. Años atrás, su estampa había conmocionado a Cataluña y le había obtenido un escaño en el Parlament. Comprobó con satisfacción que  su cuerpo no mostraba los estragos de tanto tiempo. Alguna fofera incipiente aquí y allá, pero poca cosa, nada que no pudiera arreglar un poco de Photoshop. Llamó a sus asesores de imagen y se puso a pasear ante el espejo, mirándose por delante y por detrás, mientras les esperaba. Les recibió en pelotas, pero con las manos tapándose el asunto.

─ ¿Qué os parece? ─preguntó muy ufano.

Los asesores rieron.

─Genial, fue un cartel genial ─uno le respondió.

─¿Y ahora? ─preguntó Rivera levantando las manos en un gesto triunfal.

Todos los ojos confluyeron en el aparato. Las risas se convirtieron en risitas de desconcierto.

─Las manos de Albert Rivera marcan la determinación de gobernar con la verdad desnuda ─exclamó Albert Rivera dibujando en el aire la línea del eslogan─. ¿Qué os parece?

─Impactante ─le dijo el jefe de los demás con poca voz y la cara a cuadros. ─¿Para un cartel?

─No hombre, no. No estamos en campaña ─respondió Rivera con impaciencia. ─En un tuit, como las manos de Sánchez. ¿Sabes lo que están dando que hablar esas manos? Hay que aprovechar el tirón.

Los asesores se miraron, hundidos en estupor. Sólo el jefe se atrevió  replicar.

─Ya. La idea es buena, muy buena.

Albert Rivera volvió a sonreír triunfante.

─Pero el problema es que las redes son un problema ─siguió el jefe─.  Hay mucho cachondo y mucho hijoputa. Te van a poner a parir.

─¿Y por qué? ─preguntó Rivera con desconcierto infantil.

─Yo que sé. Por cualquier cosa. En las redes ya se sabe. Se pueden meter hasta con el tamaño.

Las manos de Rivera volaron a taparse la parte en cuestión. Su cara fue adquiriendo un tono violáceo.

─¿Qué pasa con el tamaño?

─Nada, nada ─se apresuró a contestar el jefe─. Las pulgadas no son todo, pero es que las redes, ya se sabe, son un peligro.

Se rumorea que Albert Rivera, presa de un surmenage,  le pasó la pelota del partido a Arrimadas para ponerse en manos de un psicoanalista.

─Que no te afecte todo lo que están diciendo de las manos ─dijo Redondo a Pedro Sánchez en una reunión con asesores y miembros del gobierno.

─¿Qué manos? ─preguntó Sánchez sin levantar los ojos del papel que estaba consultando.

─Las tuyas ─respondió Redondo, un poco avergonzado.

─¿Ahora se están metiendo con mis manos? ─preguntó Sánchez sonriendo y echando una mirada rápida a sus manos─. Parece que no tuvieran nada que decir.

─Mejor ─dijo una ministra─. ¿No?

─No sé. Tenemos millones de niños pobres, muchos más de los que dice la cifra. Y jóvenes y viejos. Y alquileres desorbitados y desahucios diarios. Y un presupuesto de risa, de risa diabólica. Tenemos que exhumar unos huesos que no quiere ni la familia. A ver dónde los metemos. Tenemos que derogar una reforma laboral y una ley mordaza que no se pueden derogar sin otras que llenen el hueco. Tenemos que resolver la financiación autonómica. Tenemos que modificar la Constitución a ver si se calma el alboroto. Y con urgencia, hay que ofrecer puertos a los rescatados del mar. Estamos en todo esto ¿y dices que hablan de mis manos? Serán los tuiteros.

─Si solo fueran los tuiteros. Son los periodistas, comentaristas, tertulianos de todos los medios ─dijo un asesor.

─Qué barbaridad ─dijo Sánchez y empezó a repartir papeles entre los presentes─. Bueno, aquí tenemos trabajo y las ideas no nos faltan. A ver si aprobamos el planning antes de comer y me da tiempo a hacerme la manicura.

Todos rieron y se concentraron en sus papeles; Redondo, con profunda preocupación. Sánchez no entendería nunca que las medidas del gobierno aburren y que los medios no pueden aburrir. Hay que darles morbo.  A lo mejor no era tan mala idea hacer que Sánchez recibiera a la selección española al pie de la escalerilla del avión con una tropa de legionarios rindiéndole honores y un primer plano de la cabra. Se le había ocurrido a un sobrino de con pocas luces, pero, pensándolo bien, los vídeos de animales captaban reproducciones a miles. Además, homenajear a los perdedores sería todo un detalle.

Redondo decidió plantearle el asunto a Sánchez en cuanto terminaran con las formalidades, pero temiendo que iba a ser que no.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios sobre “Las manos que electrizan a España

  1. Parece que he conseguido restablecer mi contraseña. Ahora lo sabremos.

    María, me encanta este nuevo modo de escribir, este formato tipo pequeños relatos con diálogos. Son muy amenos de leer estos otros. Creo que normalmente utilizas un porcentaje mayor de datos y en este formato, usas más de la imaginación. Hay humor, sarcasmo… y aprovechas las idioteces de algunos políticos, (en especial del PP y Ciudadanos) donde encuentras un filón.
    Creo también que es un cambio que te favorece a la hora de ejercer como la escritora que eres y que va más allá del simple comentario más periodístico.
    De todos modos, me gustaría que usases ambos formatos. Estoy convencido de que para cada tema, encontrarás el más adecuado.
    Gracias María. Por tus artículos y por todo lo demás.
    Abrazote.

    Me gusta

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