La invasión de los brutos

guerra prehistórica

Dentro de la familia de los homínidos hay una especie que la taxonomía ignora, tal vez porque la ciencia no la puede explicar. Se trata de unos entes de apariencia humana que parecen tener todas las características del homo sapiens, pero cuya mente carece de ciertas capacidades propias del ser humano. A falta de un término científicamente aceptable, llamémosles, para entendernos, brutos. El diccionario que rige nuestra lengua ofrece diversas acepciones del término, lo que nos exige una mayor precisión.

Los individuos de la especie a la que nos referimos son mentalmente violentos, rudos, carentes de miramientos y civilidad. Subrayo mentalmente porque estas actitudes hostiles muchas veces no se aprecian por fuera. El bruto puede mostrarse civilizado, educado, afable y hasta simpático. Distingue lo que se considera normal y procura aparentar normalidad para evitar la marginación social y derivar beneficios de la integración.

Lo que diferencia al bruto del ser humano es la carencia de empatía y, por lo tanto, de solidaridad.

La psicología considera esta carencia como un trastorno y  al trastorno lo denomina psicopatía. A partir de aquí, la ciencia se pierde en definiciones, síntomas, grados, por lo que no existe acuerdo en cuanto a definir con precisión qué es un psicópata. ¿No será que se quiere considerar trastorno lo que es connatural a estos individuos?

La ciencia no quiere aceptar que dentro de la especie homo sapiens se incluyen individuos con diversos grados de evolución. Cierto que en la lotería genética, a los homo sapiens les toca nacer con mayor o menor inteligencia. Pero no es el nivel intelectual lo que distingue a un bruto. Un bruto es infrahumano porque no es capaz de comprender y compartir los sentimientos y las emociones de sus congéneres más evolucionados. Llámense psicópatas o personas tóxicas o como se quiera, lo esencial es que los seres humanos sepan distinguirlos para apartarse del perímetro de su influencia. Los brutos son muy peligrosos porque solo saben actuar en su propio beneficio aunque sus actos causen daño a los demás.

Es necesario entender esto con claridad para comprender lo que está ocurriendo en el mundo desde hace, como mínimo, una década. Resumiéndolo en pocas palabras: la crisis económica causa pánico; al pánico sucumben mayorías en los países económicamente más importantes; las mayorías aterrorizadas intentan defenderse encerrándose en las valvas de su egoísmo y eligen a brutos para que les gobiernen porque los brutos prometen,  sin tapujos, defender sus intereses aunque sea en perjuicio de todos los demás.

Así llegó al poder Donald Trump, un bruto por antonomasia. Así llegaron los brutos de la Liga Norte en Italia y los gobernantes de Turquía, Hungría y Polonia, por poner sólo algunos ejemplos. Así obtuvo mayoría absoluta Mariano Rajoy y su partido en 2011 y revalidó mayoría en 2016. Cabe preguntarse cómo es posible que mayorías aparentemente civilizadas voten por candidatos y partidos que prometen la regresión del ser humano a su época más primitiva, erradicando los valores morales adquiridos a lo largo de siglos de evolución.

Todos los seres humanos llevamos dentro vestigios del bruto primitivo. No se explica, si no, el éxito de espectáculos y libros cargados de escenas violentas, de tragedias. Aristóteles encontró al fenómeno una explicación piadosa considerándolo un modo de catarsis, de purificación de las pasiones mediante la piedad y el temor. Sea por lo que fuere, el caso es  que la mayoría de los individuos humanos disfruta con la violencia ficticia y con la real de los sucesos como auténticos brutos. ¿Quién no ha descubierto dentro de sí pensamientos, deseos, inclinaciones, emociones que su propia conciencia moral rechaza? La diferencia entre un ser humano y un bruto es que para el primero, su conciencia moral rige su conducta y su capacidad de empatía le mueve a la solidaridad aunque vaya en contra de sus instintos o deseos, mientras que el bruto no cuenta con un criterio moral que guie sus pasiones ni con una conciencia que frene sus inclinaciones infrahumanas.

Ante una situación de peligro que amenace su supervivencia un ser humano pierde el freno de su conciencia y la solidez de su criterio. Si se trata de un peligro físico, el cuerpo se encarga de producir las reacciones necesarias para poder superarlo. Si se trata de un peligro que amenaza la calidad de su vida, la mayoría puede estar dispuesta a renunciar a toda consideración moral con tal de defenderla. Es esta reacción lo que está destruyendo a sociedades como la europea y la norteamericana; sociedades  que habían conseguido evolucionar en el respeto a los derechos de los seres humanos y que ahora se lanzan marcha atrás para recuperar el sálvese quien pueda y el que no que se hunda de los brutos.

La crisis se ha superado. Poco a poco, a trancas y barrancas, la gente está recuperando su bienestar económico o tiene, al menos, la esperanza de poderlo recuperar en breve. Aún así, el poder está en manos de los brutos y los brutos siguen convenciendo a la mayoría de que sólo ellos pueden garantizar el bienestar de los ciudadanos a los que gobiernan, protegiéndoles a lo bestia de cualquier peligro que pueda amenazarles desde dentro o desde el exterior.

El mayor peligro que hoy amenaza a toda la humanidad es que la mayoría crea y acepte las consignas de los brutos; que la mayoría renuncie a los valores adquiridos durante siglos de penosa evolución y retroceda a la brutalidad de las sociedades prehistóricas. El mayor peligro es que por defender su bienestar económico, el ser humano deje de ser humano y el mundo se transforme en un hábitat hostil donde los brutos con apariencia humana tengan que luchar por su vida sin otra protección que la de sus propias, minúsculas tribus.

Los brutos nos invaden desde los gobiernos y desde la esferas económicas donde se prescinde de cualquier consideración que no tenga que ver con el dinero. ¿Podemos defendernos de esa invasión? Es posible. Si el miedo de los cobardes entregó el poder a los brutos, lo que les puede arrebatar el poder es el miedo de los cobardes  a que los brutos destruyan el mundo.

 

 

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3 comentarios sobre “La invasión de los brutos

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