Batet, Iceta, Sánchez, ¡socorro!

En Cataluña hay millones de “apátridas”. Los catalanes que no queremos la independencia no tenemos Parlament, no tenemos Govern de la Generalitat. Cuando los políticos independentistas dicen que gobiernan para todos, sabemos que los no independentistas ni siquiera formamos parte de ese “todos”. No existimos.

Las calles de nuestras ciudades y de nuestros pueblos, las carreteras, los edificios de las instituciones, están profusamente adornados de lazos y lazotes amarillos; las playas, llenas de cruces amarillas también. “Todos” en Cataluña claman con estos símbolos la liberación de los que “todos” consideran presos políticos. Yo, que creo que hay unos políticos presos por haber infringido la Constitución española y el Estatut de Cataluña, camino por mi pueblo y no hay rincón en el que un lazo amarillo no me acuse de no defender a los presos independentistas. Voy con el coche por la carretera y no hay tramo sin lazos amarillos acusándome. Llego a la capital de la provincia y los lazos amarillos gritan mi traición. Hace tiempo que, cada vez que veo los amarillos símbolos, mi memoria repite, como un antiguo disco rallado, la melodía de The Yellow Rose of Texas, canción que aprendí en mi infancia en un colegio del sur de los Estados Unidos, y con la música me aparece la cara imaginada de la mítica Emily West Morgan, revuelta con escenas de El Álamo, y hasta de la batalla de Atlanta de Lo que el viento se llevó. Recuerdo las luchas por la independencia de Texas, de los Estados Confederados de América; recuerdo las luchas por la independencia de distintas partes del mundo que también guardo en mi memoria. Tanta lucha, tanta vida deshecha, tanto muerto para nada. Me entra una profunda melancolía pensando en todos los que han muerto y mueren por una entelequia política, viéndome sola en medio de un inmenso mar de lazos amarillos, de banderas de todos los colores. Y esa melancolía acabaría llevándome a la depresión si no fuera porque también recuerdo que los traidores “apátridas” que no formamos parte del “todos”, somos millones.

Somos millones los que no queremos que Cataluña se independice de España. Es así de simple, y así debería de aceptarse en una democracia. Pero hoy, en Cataluña, la democracia sólo cubre a los que representa el Parlament y la Generalitat; es decir, a “todos” los que sí quieren la independencia. En esos lugares donde los “todos” se lo guisan y se lo comen sin dejar ni una miga a los segregados, hay un partido que exige independencia ya, como sea, y están los presidentes, del Govern y del Congreso, que dicen que están trabajando por la república. ¿Qué independencia? ¿Qué república? La que vendrá sí o sí y traerá la prosperidad y el bienestar social para “todos” los catalanes. ¿Y los millones que no quieren ni la independencia ni esa república? Nadie les escucha, nadie les representa, no existen.

El gran pescador de independentistas en Cataluña fue Artur Mas y en España, Mariano Rajoy. A ambos les interesaba polarizar, crispar, reventar para que los ciudadanos, hiperventilados e hipnotizados, no pudieran parar mientes en los agujeros que les estaban abriendo en derechos laborales, pensiones, sanidad, educación, hasta convertir sus vidas en harapos. Los muy pobres, en Cataluña y en el resto de España, tampoco existen. Viven tan agobiados por el esfuerzo de sobrevivir, que no están para asistir a manifestaciones, que ni siquiera están para votar, lo que les hace inexistentes para casi todos los políticos. Los del caladero de independentistas en Cataluña son los ricos y los medio pobres; los que tienen dinero suficiente para pagar las cuotas de Omnium Cultural y de la Asamblea Nacional, los que pueden darse el lujo de asistir a las romerías de los 11 de septiembre pasando un agradable día de picnic o restaurante con la familia, los que tras pagar sus facturas mensuales sin sofocos tienen tiempo y ganas de cortarse lacitos amarillos y ponérselos en las solapas. En España, son los ricos y los medio pobres los que tienen tiempo y ganas de colgar una bandera de España en sus balcones, de asistir a una manifestación para defender la unidad del país, a los que no les impide votar ni una fiebre. Entre los ricos y los medio pobres de un bando y otro, Artur Mas y Mariano Rajoy desataron y alimentaron una guerra que, entre otras cosas, ha lesionado gravemente la capacidad de razonar; es decir, ha deshumanizado a la mitad del país.

Hoy, por lo que parece un milagro, ya no están ni Mas ni Rajoy. A Rajoy le quitó el gobierno la mayoría de los representantes de los ciudadanos en el Congreso. España arranca otra vez. Pero los que sacaron a Mas del gobierno de Cataluña fueron un puñado de los más hiperventilados de los hiperventilados. Un partido con un número exiguo de diputados que representan a un número exiguo de catalanes decidió quién sería president de la Generalitat, hoy fugado, y es ese partido el que tiene en su manos el futuro de todos, independentistas y no independentistas. En la irreal democracia de Cataluña, ese partido exige, con el poder de sus exiguos votos, la desobediencia a las leyes, la república, el fin del sistema en el que hemos vivido hasta ahora y que ese partido aborrece.

Mas llevó a Cataluña al borde del precipicio y allí sigue tambaleándose a punto de dar un paso al frente. A la mayoría de los catalanes, le entró vértigo y pánico, naturalmente, y en las últimas elecciones votó por un partido, en todo semejante al de Rajoy, que de haber podido gobernar, habría desatado en Cataluña una guerra de tribus a porrazo limpio. ¿Es que no había otra opción distinta al fanatismo independentista y al fanatismo español?

 

Miquel Iceta Llorens estaba, está fuera del “todos”, donde estamos los millones que no existimos para el govern, el Parlament independentista y sus fieles. ¿Y cómo es que no consiguió la mayoría de los votos de los “infieles”? Elemental. Métase un ser humano a poner paz llamando al diálogo civilizado en medio de una pelotera tumultuaria, y lo más seguro es que no consiga otra cosa que palos. Iceta sube a la tribuna del Parlament, y en medio de los insultos y descalificaciones que se arrojan los diputados de los dos bandos, sus argumentos suenan a filosofía pura. Es tan hondo el pozo de ignorancia al que han descendido los cerebros empujados por el fanatismo y la mala educación que el lenguaje mesurado y la ironía elegante no se entienden. El lenguaje se ha pervertido, como se han pervertido los valores. Hoy la mentira se maquilla con el concepto de post verdad y la empatía, la sensatez, la llamada a la avenencia se menosprecian englobándolas en el apelativo de buenismo. La gran mayoría de los catalanes, independentistas y no independentistas, se ha instalado en una defensa bronca de sus convicciones dictada más por las glándulas que por la razón. Decía un periodista en un artículo que Iceta es afrancesado. Lo que significa que la mayoría de los catalanes se ha instalado en el patanismo y que todo lo que no sea patanismo suena forastero.

 

Ahora le toca a Meritxell Batet Lamaña iniciar, en nombre del gobierno, lo que se supone sea un diálogo con el President de la Generalitat La ministra socialista ha manifestado la misma voluntad de entendimiento que Miquel Iceta. ¿Es posible un diálogo entre personas que no se expresan con el mismo lenguaje? Para Torra, diálogo significa que el gobierno del estado ponga fecha a la independencia de Cataluña o a un referéndum legal de autodeterminación, lo que no puede hacer de ninguna manera un gobierno que acaba de prometer acatamiento a las leyes y a la Constitución. Lo más probable es que en este punto empiece y termine el llamado diálogo porque ninguno de los dos presidentes que hoy tiene Cataluña entienden otra cosa que el ordeno y mando.

Pase lo que pase, Batet e Iceta no pueden ignorar a esos millones que no formamos parte del “todos los catalanes” donde nos meten los políticos independentistas. Tienen que defender nuestro derecho a expresarnos y a que se gobierne teniéndonos en cuenta. Y sobre todo, no pueden olvidar a todos los catalanes que sufren pobreza, desempleo y graves problemas con la sanidad y la educación públicas porque el pataleo del govern independentista hace años que paralizó el recto gobierno de Cataluña.

 

En ese supuesto dialogo que pronto se va a iniciar, Batet, Iceta y Pedro Sánchez tienen que escuchar, desde el primer momento, a los millones de catalanes que estamos pidiendo socorro al gobierno de España y a los que, aunque no lo pidan, lo necesitan. Pedimos socorro porque no es que en Cataluña tengamos una democracia imperfecta; es que no tenemos democracia porque el govern y el Parlament nos quieren imponer a todos un régimen que sólo quieren los independentistas.

 

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5 comentarios sobre “Batet, Iceta, Sánchez, ¡socorro!

  1. Verdades incontestables, amiga mía.
    El panorama que se les presenta al nuevo gobierno es desolador, clamar en el desierto seguramente sea lo que vaya a ocurrir con esas conversaciones.
    Pero seamos optimistas, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. La labor ha de ser como recorrer un camino donde se dejan pequeñas señales para recordarnos por dónde hemos ido, una carrera de fondo en la que al final ganará la sensatez y la ley.
    Entiendo tu desaliento y tu llamada de auxilio, porque vivir siendo la excepción siempre ha sido difícil, aunque esa excepción la formen millones de personas.
    Creo haber comentado en alguna ocasión el proverbio chino que dice: Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan solo deseos.
    Y ahí estás tú, con tu voluntad inquebrantable, los “otros” con los deseos.
    Un fuerte abrazote, querida amiga.

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  2. Excelente artículo, María. Un artículo que, como el título es más una llamada de socorro, un grito desgarrado pidiendo auxilio que una llamada a la esperanza. Solo es posible entenderte -a ti y, a quienes como tú, estáis sufriendo este desgarro de quienes, en una comunidad, son invisibles, no existen, son nadie-, desde la empatía, desde saber ponerse en el lugar de quién lo está padeciendo.

    La empatía, un sentimiento al que hace muchas veces referencia Pedro, nuestro Presidente y el de todos. Estoy segura que él sí entenderá tu llamada y la de quienes, como tú, estáis sufriendo este ninguneo y, porque no decirlo, maltrato y desprecio de instituciones que debieran gobernar para todos. Desgarro y dolor que se hace más profundo, cuando es producido por amigos, vecinos o personas que formaron nuestro cículo de conocidos.

    Cuando las personas que cito en el párrafo anterior nos fallan y, creeme, sé de lo que hablo, lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva. Tú, afortunadamente, además de un hijo que te adora y te apoya, tienes además la capacidad de hacer amigos, además de los que sigues teniendo.

    En cuanto a las instituciones que os ignoran, Pedro intentará lo posible e imposible para que la situación se normalice. De lo, que estoy segura es de que no se dejará chantajear.

    Por mi parte, ya sabes que aquí me tienes. Un abrazo y ánimo.

    Haz caso al positivismo de David, que además de saber dar ánimos es un buen amigo.

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  3. Amigo Javier,para mim é um prazer obter-te comigo conservado!
    Em cada dia quero te rever,tu és um astro consafrado
    preciciso te dizer,meu amigo muito obrigado!
    Nem sei como te agradecer,por em tu blogs seder-me esse espaço
    estarei sempre com você,envio-te meu forte abraço!…

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  4. Amigo Javier,para mim é um prazer obter-te comigo conservado!
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