Ayer, hoy, ¿y mañana?

Hoy, domingo, rodeada de ramas desnudas  que han crecido pariendo ramas nuevas cargadas de yemas acabadas de nacer,  el resto del mundo parece tan lejano como el país que uno sabe que nunca volverá a pisar. Desde mi ventana veo, arriba, cumbres de montañas perfilando un cielo gris tornasolado, y abajo, los edificios de un pueblo tan lejano  y extraño como ese país de mis recuerdos. Ni una brisa. Lo único que se mueve es el  pájaro grande que cada día a estas horas viene y  va recogiendo los trozos de pan que le pongo en mi ventana.  Tiene este paisaje algo de irreal, o yo lo percibo así por la sensación de irrealidad con que me he despertado una hora antes o una hora después que de costumbre -asunto que interesa a  quienes gobiernan nuestros horarios, pero a mí no porque no me importa en absoluto.  Hoy me siento como si ayer el mundo se hubiera detenido  y  yo me hubiera bajado, incapaz de soportar la peste de sus vagones.

Ayer empezó mi actividad contemplando el rostro intensamente sombrío de un trágico que pronunciaba, en lo alto de una tribuna, un discurso de un hondo patetismo. Faltaban algunos de sus amigos, de sus compañeros de ideales, de lucha por la libertad. En su lugar, sus sillones vacíos clamaban contra la ignominia del tirano que había provocado su ausencia, sustituyendo los cuerpos amados por grandes  lazos amarillos.

Amarillo, símbolo de riqueza y poder por lo del oro y de amargura por el limón y de otras cosas feas que llevaron a los pintores medievales a vestir con túnica amarilla al Judas de la traición. Nunca me gustó mucho el amarillo, tal vez por la anécdota de la muerte de Molière que afectaba a mi supersticiosa madre impidiéndole salir a un escenario vestida de ese color. Pero ahora, cuando más de cinco mil lazos amarillos bombardean mis ojos desde todas las barandas públicas de mi pueblo y desde las ramas de algunos árboles, ahora, no solo no me gusta nada, es que lo detesto y me repugna por hacerme evocar palabras tan feas como bilis, ictericia, traición.

Ayer, grandes lazos amarillos adornaban algunos sillones del hemiciclo de lo que hasta hace relativamente poco era el Parlament de Catalunya, el lugar donde los representantes de todos los ciudadanos de Cataluña se sentaban a parlamentar. Ayer, los lazos amarillos proclamaban que el hemiciclo ya solo pertenece a quienes defienden la mentira, la deslealtad y la traición a los valores  que hasta hace relativamente poco eran considerados, por propios y extraños, como connaturales al carácter catalán.

El discurso del orador elegido para ser president de ese Parlament que ya no existe, brotó a juego con los lazos, de principio a final. Amarillo, amarillista por fundarse en la mentira y aliñarse con el sensacionalismo que pincha las glándulas para que sus secreciones inunden la razón y no permitan que argumento alguno detenga el baile desquiciado de las emociones. Ese orador era el presidente independentista de un parlamento independentista y su discurso independentista estaba dirigido exclusivamente a los catalanes independentistas. Pero por si no fuera agravio suficiente ignorar a los millones de catalanes que no aceptamos el independentismo fanático de los que exigen la República de Cataluña ya y como sea, ese orador decía hablar en nombre de todo el pueblo de Cataluña usurpando las conciencias de todos los catalanes que no quieren esa independencia.

Me niego rotundamente a que unos tales Torrent, Sabrià, Riera o la mare del Tano me incluyan como ciudadana de su poble que comparte la indignación y el dolor de su poble por la represión del estado contra su poble, manifiesta en el encarcelamiento de los políticos de su poble que su poble considera presos políticos. Yo no soy su poble. Soy simple y puramente catalana.  Soy una catalana que siente una profunda indignación y un profundo dolor porque una banda que incluye fanáticos y espabilados ha conseguido destruir en cinco años la fama, el prestigio de la nación catalana reduciendo la nación catalana, ante españoles y extranjeros, a una banda de espabilados y fanáticos. Soy una catalana que ha tenido que soportar que el que quiere seguir llamándose President de Cataluña por mandato de su propias narices se paseara por Europa riéndose del estado y de la justicia de España con la socarronería de un Mr. Bean. Ni yo ni ninguno de mis antepasados somos del poble de ese señor.

Ayer unos  tales Torrent y Sabrià y Riera ponían a todos los catalanes en ridículo y nos hacían a todos cómplices de sus mentiras diciendo, en el nombre de todos,  que en España no hay democracia, que el estado español nos oprime encarcelando a los disidentes por sus ideas. ¿Quieren explicarme, a mí y a todos los españoles y a todos los extranjeros de los mundos mundiales cómo, carajo, se compadecen sus acusaciones y sus lamentos con el hecho de que,  después de soltar toda su retahíla de injurias contra el estado español, pudieran irse a comer tranquilamente a sus casas sin ser detenidos y encarcelados por las fuerzas de seguridad de ese  dictatorial estado opresor? ¿Saben esos intensos lo que es una dictadura? La gran duda en estos momentos es si hace cinco años que estamos bajo el govern de unos desvergonzados comprometidos con defender la impunidad de unos políticos que estuvieron robando el dinero de los catalanes durante décadas o  si hemos estado bajo el govern de auténticos enfermos mentales. ¿Quieren decirme esos señores que se proclaman víctimas de la justicia española si sueltan esas mentiras como parte de la propaganda del procés o si están tan sonados que de verdad se creen sus propias flagrantes mentiras y contradicciones?

Ya sabemos todos que Puigdemont, con toda su astucia misterbinesca, ha caído en manos de la justicia alemana. Me gustaría poder decir, que se jorobe, y ponerme a pensar en otra cosa, pero no puedo.

Soy catalana, por mis venas corre la sangre de una familia pallaresa con más de quinientos años de antigüedad, digo por ponerme intensa como los intensos que ayer y hoy quieren hacer llorar al mundo entero con sus cuitas de víctimas oprimidas. Y porque soy catalana, mi sangre bulle de indignación viendo a esos tales del parlamento independentista cobrar pingües sueldos de todos los catalanes por no hacer otra cosa que montar el espectáculo de su República de Cataluña; por no hacer otra cosa que conspirar contra el estado español en interminables reuniones rellenando hojas y hojas de hojas de ruta, diseñando un procés y otro procés de procés, y planes y planes que van de la A a la Zeta porque, ya que no se puede conseguir la república, al menos se puede ir demostrando de día en día, de mes en mes, de año en año, que los picaros catalanes son más listos que los picaros españoles.

Soy catalana y no soy pícara, y porque no soy pícara he luchado, como millones de catalanes, por sacar adelante a mi familia con mi trabajo, como millones de trabajadores del resto de España. Soy catalana y porque soy catalana puedo ponerme en la piel de mis paisanos catalanes que no tienen tiempo para montar hojas de ruta ni procesos ni para posar ante las cámaras. Durante muchísimos años, mi primera prioridad fue que nunca faltara comida en la mesa de mi casa. Y porque entiendo esa imperiosa necesidad  que mueve a todos los españoles que no contamos con rentas altas ni con pensiones de cientos de miles al año, puedo ponerme en la piel de todos mis paisanos españoles.

Soy catalana, con casi 70 años a mis espaldas y una pensión de pena.  Cada mes, cuando voy a la farmacia, pienso en los catalanes y en el resto de los españoles que no pueden pagarse medicamentos ni tratamientos caros. Fui profesora durante muchos años, y porque voy por mi pueblo reconociendo a mis ex alumnos y sintiéndome todavía un poco madre de todos ellos, pienso en los barracones en los que tantos niños tienen que estudiar y recuerdo aquellos días angustiosos en que no sabía cómo iba a poder comprar los libros a mi hijo. Tengo un hijo emprendedor que lucha como miles de jóvenes por hacer realidad sus sueños tratando de superar todos los escollos que los  legisladores, insensibles, van poniendo en su camino  para que tropiece y no se vuelva a levantar.

Los trabajadores y sus hijos, los pensionistas, los enfermos, los dependientes, los jóvenes  mal empleados con sueldos de museria son el verdadero poble  de Cataluña; un poble de personas que no tienen tiempo de pasárselo bien con los colegas paseando las calles envueltos en esteladas; que no tienen dinero para ir a ver a un fugado a Bélgica, que no pueden pagar las cuotas de Omnium Cultural y de  la Asamblea Nacional de Cataluña ni asistir a las actividades sociales que esas asociaciones montan para recaudar fondos con que financiar sus actividades y las de los políticos independentistas. ¿Con qué derecho obligan, los políticos independentistas, a pagar sus sueldos a ese poble que no quiere la independencia? ¿Con que derecho insisten en hablar por nosotros? ¿Con qué derecho ponen en peligro la economía, el prestigio, la convivencia, el futuro de toda Cataluña?

¿Saben el futuro que nos espera? Que Ciudadanos consiga en Cataluña votos suficientes para gobernar gracias al miedo que provoca la locura independentista  y que Rajoy vuelva a ganar las elecciones en España por lo mismo. Esos serán los logros de los que muchos independentistas se alegrarán porque, al fin y al cabo, la mayoría procede de la derecha de Convergència, hoy rebautizada, pero no regenerada.

Ayer, asqueada hasta la médula, quería bajarme del mundo. Hoy sé que eso no es ni será posible mientras viva porque soy catalana.

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5 comentarios sobre “Ayer, hoy, ¿y mañana?

  1. Querida amiga, un artículo que me ha llegado; somos muchos millones los de gallegos, vascos, navarros, aragoneses, andaluces, castellanos, españoles en definitiva, que nos sentimos totalmente identificados con tus argumentos. Porque somos muchos millones los que, como tú, hemos trabajado honradamente durante muchos años para sacar adelante a nuestras familias, dejando en el rincón de la memoria ilusiones incumplidas, sueños rotos, iniciativas interrumpidas, porque lo primordial siempre ha sido el llenar la nevera y tener un plato de comida, pagar escuelas, universidades, para que nuestros hijos pudiesen enfrentarse a este mundo lleno de tiburones y hienas, con la mejor formación posible.
    Yo también vi la patética representación del señor Torrent, y te confieso que me irritó tanto como me suele irritar M. Rajoy cuando sale en plasma a decir naderías, lugares comunes o simplemente gilipolleces.
    Torrent no es el mesías que habla a un pueblo oprimido, Torrent es un fanático que cree que todos los que le escuchan están tan fanatizados como él, y no, señor Torrent, no comulgamos con ruedas de molino. Ustedes nos han puesto a todos los españoles en evidencia ante el mundo, han consentido algo que creíamos, ingenuos de nosotros, superado, la división entre amigos, familiares, compañeros, desvirtúan el significado de las palabras, mienten como bellacos y como tales les juzgará la historia.
    Pero vayamos al presente. El prófugo, que no exiliado Puigdemont ha sido detenido y puesto a disposición de los jueces alemanes, usted quiere investirlo como “Muy Honorable Presidente de la República Catalana”…¿…?
    A ver si se enteran todos ustedes, señores independentistas: Ni existe tal República Catalana, ni el señor Puigdemont es honorable, ni muy ni menos, es simplemente alguien que ha encontrado en lo que llaman Procés, un modo de vida, una causa que le mantiene en el candelero y le da una importancia de la que a todas luces carece.
    Ni son ustedes mayoría en Cataluña ni tienen el apoyo de la Comunidad Internacional.
    Dejen de jugar, porque sus juegos nos cuestan a todos mucho dinero, mucho desprestigio y mucha vergüenza ajena.
    Las leyes están hechas para ser cumplidas, nos gusten más o nos gusten menos, el camino para cambiarlas son las urnas y los votos, y ustedes no tienen más votos que los partidos constitucionalistas, aunque tengan más diputados.
    De continuar esta deriva terminarán haciendo que Ciudadanos gobierne en Cataluña y el corrupto Partido Popular lo siga haciendo en toda España, para mayor gloria de la derecha cleptómana y vil.
    Allá ustedes, pero María Mir-Rocafort, David Otero y millones más, no nos apearemos en marcha, seguiremos luchando para que la cordura al fin impere.

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  2. Como siempre, Excelente. Y, como siempre siento pena, angustia, por tener que estar de acuerdo contigo. Nada desearía más que estar viviendo un sueño y que el “seny” catalán sigue estando intacto.

    Que esa parte de catalanes que se manifiestan violentamente en la calle, un día sí y otro también, no lo hace reclamando sus derechos sociales, ni siquiera sus derechos políticos, porque estos últimos los tiene garantizados sino se saltan la ley. Se manifiestan para darle el derecho de tirano a un bufón que ha visto que viviendo del “procés” se puede dar la vida padre, sin dar palo al agua.

    Muchos catalanes deberían preguntarse de qué vive esa gente que se pasa todos los días y todo el día en la calle, de forma nada pacífica, como presume el independentismo.

    No es un sueño ni una alucinación, que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ha aceptado revisar si los derechos humanos del bufón Puchymole han sido conculcados. ¿Y los derechos de los más de cinco millones de catalanes no independentistas, qué? ¿Acaso no tienen derechos. Acaso no son humanos?
    Como te decía, excelentes y certeros el artículo y el vídeo. Y, excelente y certera la respuesta de David. No os doy la enhorabuena, porque parecería que me alegro de lo que está pasando en Cataluña y nada más lejos. Tiemblo con lo que pasa en Cataluña, por los catalanes y por ti, pero también por m´, por Galicia…, porque detrás, vamos todos. Un abrazo y, siento no comentar, per.o me siento agotada. Pero bueno, ya estoy en lista de espera para operarme del ojo izquierdo, luego le toca al derecho

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  3. Muchas gracias, David. Espero poder ver un poco mejor de lo que veo y poder abandonar esta lupa de Windows que ahora me ayuda, pero que para escribir es un incordio. Muchísimas gracias.Un abrazo.

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