Oriol Junqueras. La historia interminable

Es difícil no sentir ternura y compasión por Oriol Junqueras. Independentista desde niño, con una fe y una lealtad tan fuertes como su fe religiosa, Junqueras no ha perdido nunca la intensidad con que un niño se aferra a sus creencias.

Oriol Junqueras es el Bastián Baltasar Bux de su propia Historia Interminable dedicado en cuerpo y alma a la salvación de su Fantasía, la República de Catalunya. Ni siquiera la prisión ha logrado conmover su fe. Convencido de que la República vivirá y sobrevivirá en la medida en que sea capaz de desearla, Junqueras sigue deseando para que la Nada de la realidad no acabe con su sueño. No existen para él los escollos que quieren barrarle el paso hacia la Emperatriz Infantil, Fantasía, su República. No puede comprender que más de la mitad de los catalanes no compartan su sueño. No puede comprender que la historia de ese sueño empezó a escribirse cuando un político astuto y cínico utilizó el viaje a Fantasía para engañar a quienes compartían el sueño de Junqueras. No puede comprender que ese viaje terminó en la Nada, una realidad que ningún amuleto puede modificar.

Todos los catalanes sabemos el daño que nos ha causado la aventura independentista. Durante cinco años se nos han recortado derechos y libertades con más ferocidad que la de las tijeras del gobierno español. Todo catalán que no ha emprendido el viaje por Fantasía siente miedo e indignación ante el empecinamiento con que los políticos que se llaman independentistas quieren obligarnos a continuar durante cuatro años más  la horrenda travesía, sabiendo que volverá a conducirnos a la Nada.

Pero es difícil no librar a Junqueras de un juicio severo. Porque es, o al menos parece, limpio, honesto, sincero. El día que vuelva a la docencia podrá seguir dando lo mejor de su pensamiento a sus alumnos con la misma intensidad con que se entregó a la política. Se convertirá entonces en Karl Konread Koreander, el librero que introduce a Bastian en Fantasía revelándole el valor y la necesidad de la imaginación. Junqueras no renunciará a su Fantasía, su Reoública, y seguramente enseñará a otros el camino; aunque tal vez la experiencia le lleve a enseñarles también lo que  Michael Ende resumió diciendo: “entre la realidad y lo fantástico existe un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde su contenido”.​

Tal vez Junqueras se estremezca cuando dentro de unos años recuerde lo cerca que sus deseos y sus fantasías estuvieron de tirar a Cataluña por un precipicio. Pero no creo que esa realidad, una vez aceptada, le haga renunciar a su fe, a sus sentimientos. Creo que con ellos se irá a donde quiera que vaya su alma con el amor, con las Aguas de la Vida, que según mi fe, podrá disfrutar toda la eternidad. Esa será su recompensa.

 

 

 

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Un comentario sobre “Oriol Junqueras. La historia interminable

  1. Yo pienso muchas veces que se han vuelto locos o alguna otra patología, virus, bacteria o abducción, les ha trastocado el raciocinio.
    Pero por otra parte, son muchos. Demasiados para pensar en una pandemia que afecte a casi una tercera parte de los catalanes. Y es muy difícil encontrar el verdadero motivo, sobre todo, cuando tengo que debatir conmigo mismo.

    No solo es un problema complicado, también es difícil saber cómo se va a poder solucionar esto.

    Cuando les oigo o leo, me parecen descerebrados. Quieren una cosa que,-como dije a un amigo-vecino independentista-, no es un derecho, sino un deseo. Además, un deseo muy poco épico, ya que demuestra, a mi entender, un deseo muy poco solidario. Para mi que soy de izquierdas, el egoísmo es de derechas.

    A pesar de todo, he de confesar que Oriol Junqueras, tiene una imagen y una forma de hablar, que, en cierto modo, enternece. Claro, que después de sus hechos, no se puede sentir ternura, aunque tampoco odio, por el perjuicio que está, junto a sus compañeros de aventura, a Catalunya y a España.

    Y es que podría comprender y quizás admirar, su “revolución”, si fuese con un fin loable. Pero odio las fronteras, con lo cual no puedo admirar a los que tratan de crearlas, odio la mentira y estos mienten más que hablan, demuestran muy poco respeto a la democracia, que son la Constitución y las leyes que nos hemos dado, -incluido las suyas propias-, a sus conciudadanos que no piensan como ellos y que son más que ellos, y odio todo lo que hacen. Agradezco mi poca capacidad de odiar, y que ello me permita no sentir odio hacia ellos.

    Siempre he querido a los catalanes, como al resto de las personas. A estos, incluso les he admirado, -aun les admiro-, si pienso en el resto que no son separatistas. Por ello; deseo fervientemente que despierten de este mal sueño, de esta pesadilla que tanto dolor está creando gratuitamente.

    No soy nacionalista español, (tampoco), pero creo que cualquier pueblo unido en el deseo de buscar el bien común, está destinado al éxito. Una España y mejor un continente unido en la búsqueda de la justicia social, es un gran regalo, no una utopía.

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