Amenazados de muerte

España agoniza. Cataluña está en coma.

Con nueva bandera, constitución, congreso, nació una nueva España hace cuarenta años. Los pesimistas le auguraron vida corta; los realistas suspendieron el juicio. Hoy, cuarenta años después, la España que entonces era nueva agoniza con los días contados, y en el diagnóstico coinciden pesimistas y realistas. Al día de hoy, parece que no tiene salvación.

Con la liga de los partidos políticos que empezó hace cuarenta años, empezaron las trampas. Las elecciones se ganan con propaganda, y los aspectos más espectaculares de la propaganda cuestan mucho dinero. Los partidos políticos se dieron cuenta enseguida de que ese dinero no se podía recaudar por medios legales. Los dos partidos con mayores posibilidades de acceder al poder se lanzaron a por dinero zambulléndose en las cloacas donde bullen las transacciones oscuras. Puesto que el campeonato de la liga iba a ganarlo quien más dinero pudiese obtener, por los medios que fueran, para pagar la propaganda más eficaz que consiguiese convencer al mayor número de votantes, la ética se desterró de la política y los escrúpulos se convirtieron en freno de ingenuos. Fue así como la España nueva se vio atacada desde su nacimiento por bacterias patógenas que le negaron un desarrollo saludable.

Hace relativamente poco, la corrupción empezó a desbordar las cloacas. Todos sospechaban desde siempre financiamiento delictivo en los partidos. Todos sospechaban desde siempre que algunos políticos se llenaban sus cuentas bancarias con dinero público. Pero ninguno de los que tenía información comprobable se atrevía a soltarla poniendo su propio presente y futuro en peligro.  Hablaban los que habían oído algo por aquí y por allá, pero en plan cotilleo de bar. Un día la podredumbre ya no pudo ocultarse por más tiempo; puede que a alguien no le interesara que se siguiera ocultando. ¿A quién? A saber Dios, pero no parece un disparate suponer que fueron los mismos corruptos los que decidieron airearla. ¿Por qué? Porque en vez de ahuyentar el voto de la mayoría, podía tener un efecto contrario cuya causa no es tan difícil sospechar.

Un día subieron las tarifas de teléfono y las de la luz, por ejemplo.  Y Aznar y Felipe fueron a parar a los consejos de administración de empresas que los mismos habían ayudado en sus gobiernos. Mientras los ciudadanos se empobrecían a millones, los susodichos cobraban sueldos que para los pobres serían de infarto. Fue así como el español dejó de creer en los políticos y en la política misma. Fue así como el ciudadano se dio cuenta de que era solo  un trabajador al servicio de los políticos a quienes debía mantener con su trabajo. Si en los dos siglos anteriores la lucha del trabajador se dirigía contra el patrón de la fábrica que amasaba su fortuna a base de explotarles, este siglo le reveló que quienes le explotaban eran el poder financiero y los políticos.

Pero luchar contra los políticos, sin hacer distingos, no es lo mismo que enfrentarse a los explotadores de una fábrica. Luchar contra los políticos sin hacer distingos es luchar contra la política, y luchar contra la política es luchar contra la democracia. La alternativa a la política democrática es o la dictadura, la tiranía del más fuerte, o la anarquía, la tiranía del desorden, el caos total.  Quedan pocos que recuerden el caos de la guerra y sus horribles consecuencias, pero aún quedan muchos que oyeron de sus padres el relato de una infancia, adolescencia y juventud destrozadas por la muerte, el hambre y la dictadura. Nadie quiere anarquía y nadie quiere perder la democracia que tenemos; una democracia de mínimos, pero que al menos nos permite quejarnos sin miedo a la cárcel, a la tortura o al paredón. Los políticos que hoy se llevan los votos, corruptos o no, son los que prometen ley, orden, estabilidad, paz para que cada cual pueda ganarse la supervivencia como pueda. ¿No era eso lo que nos prometía Franco? Pues sí. O sea, que lo que nos ofrecen es ir minando poco a poco la democracia que tenemos, a cambio de paz y estabilidad, para que acabemos aceptando una dictadura encubierta, legitimada por los votos de los que tienen miedo a perder hasta el derecho a la supervivencia.

España agoniza de miedo y resignación.

Y Cataluña está en coma. Como una erupción volcánica, una lava corrosiva descendió desde las cumbres del poder hasta arrasar a toda la sociedad. Todos sabemos de dónde salió, pero nadie pensó que de aquella estrategia partidista sin escrúpulos y sin visos de responsabilidad, pudieran desatarse las fuerzas que han traído a Cataluña la desgracia y que amenazan convertir a la nación en zona de desastre.

La Generalitat y el partido de Artur Mas vieron en la agitación del sentimiento independentista de los catalanes una panacea que curara a su gobierno y a su partido de todos sus males; recortes y corrupción. Para que la agitación fuera efectiva, decidieron subvencionar generosamente a dos organizaciones dispuestas a entregarse al diseño y ejecución de una propaganda destinada a convencer a todos los catalanes de que todo catalán auténtico debía desear la independencia y de que lograr la independencia debía ser una aspiración que eclipsara a cualquier otro asuntom por importante que pudiera parecer,  porque la independencia iba a solucionar todos los problemas de todos los habitantes del país.

La Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural se entregaron a la labor sin descanso y sin escrúpulos. Pueblo por pueblo, colegio por colegio, las dos organizaciones se dedicaron durante cinco años a adoctrinar a abuelos, padres e hijos; un adoctrinamiento pertinaz, repetitivo, psicológicamente tan agresivo como el lavado de cerebro. Para lograr el fin, no se puso a los medios ningún límite moral. Falsearon la historia y se utilizaron todas las mentiras que hicieran falta para dar apariencia de validez a sus argumentos.  Tantas fueron y a tanta gente convencieron, que en Cataluña se empezó a vivir y se sigue viviendo en un mundo paralelo al resto del mundo; un mundo incoherente donde las emociones  han suplantado a la razón y el cúmulo de premisas falsas grabadas en el cerebro por el adoctrinamiento conduce indefectiblemente a conclusiones erróneas.

La conclusión más grave a tanto argumento falso fue declarar legítimo y legal un referéndum, se hiciera como se hiciera, y declarar que el resultado, se obtuviera como se obtuviera, imponía un mandato de todo el pueblo catalán a sus políticos para que proclamaran la República de Cataluña. Dijo el govern que en la votación había participado el 43% de los catalanes llamados a votar. Dice la aritmética que el 43% no llega a la mitad de un todo. Dice el govern que todo el pueblo de Cataluña exige la independencia y que la aritmética no tiene nada que decir.

¿A quién llama el govern  “pueblo de Cataluña”? ¿Quiénes forman ese 43%? Hace años que la ANC va pueblo por pueblo, ciudad por ciudad,  barrio por barrio reclutando gente para llenar los autobuses que habrán de conducirla cada 11 de septiembre a la gran manifestación de la Diada, e instando a todo catalán auténtico a que asista aunque vaya en su propio vehículo. La respuesta ciudadana ha sido multitudinaria todos los años. ¿Quién se atreve en un pueblo, en una ciudad pequeña, en un barrio a hacer que sus vecinos y parientes duden de su auténtica catalanidad? La ANC y Omnium Cultural han conseguido movilizar unos dos millones de personas al año, más o menos, esparciendo por el mundo la imagen de un pueblo pacífico que llena las calles cantando “independencia” para ablandar a un gobierno opresor y recabar la ayuda de todos los países democráticos para lograr la libertad. Pues bien, de ese 43% que según el govern fue a votar resistiendo heroicamente los ataques salvajes de la policía del estado opresor; de ese 43% de catalanes auténticos y heroicos, depende la  independencia, el nacimiento de la República de Cataluña. Cuando alguien ajeno al delirio multitudinario intenta demostrar a un independentista que la independencia es imposible, el debate acaba siempre con un rotundo argumento final: saldrá a manifestarse tanta gente que nos tendrán que dar la independencia sí o sí.

La independencia de Cataluña, su presente y su futuro, dependen, pues,  de las multitudes dispuestas a defender en la calle cualquier decisión del govern, sea legal o no, sea o no antidemocrática; multitudes émulas de Gandhi que fuercen al gobierno español y a la comunidad internacional a reconocer la independencia de Cataluña, aunque sea por lástima de tanto pacífico suplicante. Los ciudadanos que se disuelven en esas multitudes movidos por la emoción no se plantean que su govern, dispuesto a ignorar las leyes y las normas que estructuran a la democracia, tanto las de España como las propias,  no les garantiza que la nueva república se base en leyes y normas democráticas que su govern se sienta obligado a cumplir. A esos ciudadanos no les importa que el capital huya del caos provocado por la constante agitación en las calles. No les importa que cientos de miles de compatriotas malvivan acosados por el desempleo y la pobreza. No les importa que un Parlament situado al margen de la democracia y de la ley se haya paralizado durante años sin ocuparse de los problemas cotidianos que exigen legislación. El lavado de cerebro produce en esos ciudadanos una respuesta condicionada. Si algo o alguien quiere impedir la independencia, hay que echarse a la calle porque a millones de manifestantes en la calle no puede vencerles ni un ejército. ¿Quién se va a atrever a disparar contra unos ciudadanos indefensos? Esos ciudadanos no se dan cuenta de que su govern les está utilizando como escudos humanos.

Cataluña está en coma. El govern y el  Parlament han asestado a la democracia un golpe mortal de necesidad. Como esos ilusos que se niegan a tratarse un cáncer con los medios que les ofrece la ciencia y confían su vida a un curandero, un 43% de los catalanes, en cifras del govern, ha confiado  todos los males de la Cataluña enferma al milagro de una independencia que ni existe ni existirá.

Tal vez, cuando las leyes del estado obliguen a todos a curarse el delirio mediante su facultad racional, comprendan que la soñada independencia no valía ninguno de sus esfuerzos. ¿Cataluña independiente para qué? ¿Para sufrir en solitario la misma corrupción, la misma democracia agonizante que afecta a toda España? ¿Para seguir confiando mayoritariamente  el gobierno de sus vidas a partidos de derechas para quienes el bienestar de los ciudadanos cuenta en último lugar, como el resto de los españoles? ¿Para acabar dándose cuenta de que los catalanes, después de más de 500 años de convivencia con las otras etnias de España, son, al fin y al cabo, tan idiosincráticamente españoles como el español que más? Para  volver a casa no hacía falta tanto ruido, tanta destrucción.

 

 

 

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7 comentarios sobre “Amenazados de muerte

  1. Decía benedetti “Un pesimista es solo un optimista bien informado”. Tu artículo Maria, me da la impresión que está lleno de pesimismo y concluyo que puede deberse a que dispone de una información que a otros nos falta, que es la vida diaria en Cataluña. Por lo que espero que pronto tu “pesimismo” torne en optimismo y que ello sea debido al cambio en la convivencia social catalana.

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  2. Grande, María Mir-Rocafort. Un artículo lleno de verdades incontestables.
    Los catalanes que lo lean y no padezcan el síndrome del perro de Paulov, es decir, el reflejo condicional, estoy seguro que se sienten plenamente identificados con tu argumentario.
    Esos más de dos millones que dice el govern piden la independencia como si se tratase del horizonte más importante de sus vidas, esos te llamarán españolista, fascista y lindezas similares, babearán al oír el sonido del metrónomo o ante la presencia de sus líderes, recibirán su ración de patriotismo y esperarán a oír nuevamente el metrónomo para volver a activarse.
    Los que lo vemos desde la distancia, es mi caso, no el tuyo que lo sufres in situ, pensamos que hay unos políticos raquíticos y glotones que solamente saben vivir de ese estatus que les proporciona un poder que consideran legitimado por un referéndum absurdo,chusco e ilegal, referéndum que ningún país de la UE ni del resto del mundo ha reconocido, al igual que no reconocerán nunca los efectos del mismo.
    Vivir en la utopía es fantástico ¿quién no lo ha hecho de joven? Pero la utopía se desvanece como la niebla de la mañana en cuanto sale el sol de la realidad, el que pone colores y formas reales a lo que nos parecía otra cosa.
    Cataluña se está desangrando y no acepta una transfusión de realidad que la vuelva a llevar donde siempre ha estado, a la vanguardia de la innovación, del esfuerzo empresarial, del trabajo ejemplar, del “seni”, de ser la ciudad más cosmopolita de España, de ser un ejemplo de esfuerzo y trabajo para el resto de las autonomías…Parece que hace un siglo de esto. Desde la distancia que comentaba no supimos verlo venir, los políticos del estado, o no quisieron verlo o no lo vieron en verdad, cualquiera de los dos supuestos los descalifica.
    Yo soy gallego, en mi tierra cuando pides un vino en la barra de un bar, dices: Ponme un vino del país.- y todos sabemos a lo que nos referimos, a un vino de la tierra, de Galicia, y le llamamos así, país, pero por mucho que querramos y añoremos nuestra tierra, “morriña” y “saudade” le llamamos, pues a pesar de eso nunca olvidamos que somos gallegos y españoles, o españoles y gallegos, que el orden no altera los sentimientos,
    Tengo amigos catalanes, entre los que te cuento, muchos fuera de Cataluña, están aterrorizados con lo que están viendo, sufren al ver como crece la catalanofobia, al oír comentarios despectivos y cómo piden que los tanques se desplacen ya a esa tierra e impongan la razón de la fuerza. Darse una vueltecita por twitter te deja boquiabierto ante la cantidad ingente de sandeces y barbaridades que escriben unos y otros.
    Tienes razón, María, España agoniza y Cataluña está en coma.
    Pero no todo está perdido, desde la palabra, la pedagogía, la reflexión y la tolerancia quizás logremos que ese coma inducido revierta la situación y poco a poco el sentido menos común, haga el resto. Con eso me quedo.

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  3. Magnífico artículo y grande tú, María.

    Espero que disculpes el no haber comentado tú artículo. En realidad lo hice; fue un día en el que no sé que me pasó que cada comentario que escribí, se me fue a paseo. Esto de escribir con el ratón en una mano, una lupa en la otra y en pantalla la lupa y el teclado de Windows, te desconcentra y llega un momento en el que no sabes dónde pones el puntero del mousse.

    No tengo mucho más que añadir tu artículo y al comentario de David.

    Ayer a un comentario mío en tu perfil, un independentista, me soltó lo que sería un sermón desde un púlpito en mi infancia y adolescencia y ahora es un mantra que, repetido mil veces, llega a convencer a los incautos, y es que, como dice David, ¿quién no ha creído en la utopía?, ¿quién no ha tenido o tiene sueños? Tanto las utopías como los sueños están muy bien, siempre que cuan abramos los ojos o despertemos, sepamos ver las realidades.

    Primero comenzaron a falsear la Historia. Cuando les muestras que lo que dicen es falso, la Historia no les importa -estoy segura que no tienen idea de quiénes fueron los Ilergetes-. La Historia falsa y menos la verdadera, carece de importancia. Ahora prima que no quieren pertenecer a un país corrupto. Quieren ser un país libre de corrupción fuera de una España corrupta. Se les olvida que la corrupción comenzó con el 3% de Pujol.

    Yo esto lo veo como una comunidad de vecinos, en la que un tercio decide adueñarse de todo el edificio; presentan unas escrituras falsas, intentando engañar al a los dueños legales de cada piso y cuando estos presentan las escrituras legítima, los falsarios dicen que no importa que ellos son mayoría; descubierta también esta farsa, te dicen que no importa “nosotros queremos ser libres y que este edificio sea nuestro y libre”.

    “Yo quiero”, “nosotros queremos”, sin importar que lo que quieren es ilegal e indivisible. Es “yoísmo” egoísta y falsario, solo busca la satisfacción de quienes han claudicado ante el mantra o sermón independenta

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  4. Corrección: ” independentista”

    Siento no acabar el comentario, pero me ha vuelto ha pasar, no sé a que le di y el comentario se me fue a paseo. Menos mal que le di a compartir en Face y me reapareció.

    Lamento todo este rollo en unos momentos dolorosos y tristes para ti, especialmente, y para todos. Un abrazo desde Galicia.

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  5. Tienes toda la razón. Sobre el problema con la lupa, puedes conectar tu ordenador a la pantalla del televisor. Se hace con un cable que es barato. Mi hijo me lopuso y veo las letras en pantalla gigante. Mañana me voy a llevar tu comentario q mi muro. Estoy reventada

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