El miedo nunca falla

Mañana, domingo 26 de marzo de 2017, tendrá lugar la solemne presentación de la candidatura de Susana Díaz Pacheco a la Secretaría General del Partido Socialista Obrero Español. Conferirá solemnidad al evento la asistencia de personajes históricos del partido, históricos por haber ganado elecciones; lo que a algunos llevó a ostentar el máximo poder político del país y a otros, el máximo de sus comunidades autónomas. La asistencia de estas personalidades comunica con claridad e indudable eficacia que se trata de una candidatura ganadora, a la vez que cuela la noción de que cualquier otra candidatura que se presente está abocada al fracaso. Mañana se escenificará, ante la militancia del partido y la opinión pública, lo que ha de ser la idea fuerza de la campaña de Susana Díaz: los militantes tienen dos únicas opciones; votar por una ganadora arropada por ganadores ilustres o votar por un perdedor.

Sabido es que la potencia dramática de una escena absorbe toda la atención del público relegando a la irrelevancia cuanto queda fuera del foco. Mañana, todos los medios destacarán la presencia en el acto de Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero y de un buen puñado de presidentes autonómicos, alcaldes y altos cargos electos. Las cámaras enfocarán las caras de los próceres; esas caras saldrán en todos los medios de comunicación; el mensaje que comunicarán esas caras se repetirá ad nauseam hasta el día de las primarias: Susana, ganadora; Sánchez, perdedor. Y si el recurso funciona como ha funcionado desde tiempos bíblicos, la mayoría concentrará su atención en esas caras y aceptará el mensaje con docilidad hipnótica sin reparar en nada más.

¿Puede una falacia, instrumentada con los más modernos recursos audiovisuales, producir un efecto hipnótico tal que anule por completo la memoria y la capacidad crítica de las personas? Puede, y a conseguir que pueda se dedicarán la candidata, todo el equipo de su campaña y todos los que, por diversos motivos, la siguen. Pero es erróneo decirlo en futuro. Para comprobarlo no hará falta esperar al lunes.  La estrategia empezó a utilizarse en cuanto el nombre de Pedro Sánchez apareció en las redes sociales como fantasma vengador. ¿Vengador de qué? De un pasado que hay que borrar de la memoria de los militantes para que un mal recuerdo no condicione su voto. Lo que determina la introducción en los discursos de la candidata de otra idea fuerza: hay que olvidar el pasado para construir el PSOE del futuro. Ambas ideas encajan a la perfección. El PSOE del pasado perdió; el del futuro va a ganar.

Que el pasado al que se refieren sea el de antes de ayer no tiene importancia si la idea cuenta con la probadísima efectividad de la repetición y la habilidad histriónica de la oradora. El tono persuasivo, emotivo, dramático de la voz, y la intensidad de los gestos de cara y manos causan un impacto que se graba en la memoria desplazando toda reflexión crítica. Y de Susana Díaz se puede discutir racionalmente cuanto se quiera, pero nadie puede negar la eficacia de su voz y sus gestos para sugestionar al personal. Eso lo saben sus promotores y es por eso que la prefieren a Patxi López; más racional, tal vez, pero emocionalmente inerte. Quienes hicieron todo lo posible por hundir el partido desde la campaña de diciembre de 2015 hasta el 1 de octubre de 2016, saben muy bien que el recuerdo del daño causado sólo puede borrarlo un choque emocional que evite que los militantes recuerden.

Que evite que recuerden que Felipe González perdió las elecciones tras permitir que el partido cayera en la corrupción para financiarse y que los encargados de acabar con el terrorismo recurrieran a la guerra sucia y que el poder financiero consiguiera obligarle a unas reformas que fueron el principio del fin del estado de bienestar y de la justicia social que él mismo y sus gobiernos habían traído a España. Que evite que recuerden que el giro copernicano que dio su política ocasionó el desencanto de gran número de votantes y nos sometió a ocho años de gobierno de Aznar.

Que evite que recuerden que Alfonso Guerra tuvo que dimitir como vicepresidente del gobierno, pero siguió teniendo una influencia capital en el partido, manifiesta en el llamado sector guerrista. Que evite que recuerden que su talante poco democrático quedó muy bien reflejado en la célebre frase con la que advirtió a sus compañeros que quien se moviera, no saldría en la foto.

Que evite que recuerden que Rodríguez Zapatero, después de una legislatura modélica por su fidelidad a los valores socialistas, reaccionó a la crisis recortando gastos sociales e introduciendo en la Constitución, con el apoyo del PP, un artículo que anteponía el control del déficit al bienestar de los ciudadanos.

Que evite que recuerden que, castigado por los votantes desencantados con la política neoliberal de la segunda legislatura de Zapatero, Pérez Rubalcaba obtuvo, en las elecciones de 2011, los peores resultados que había tenido el PSOE en unas elecciones generales.

Que evite que recuerden que Felipe González, Rodríguez Zapatero, Pérez Rubalcaba, Susana Díaz, Fernández Vara y otros barones autonómicos airearon públicamente desacuerdos con Pedro Sánchez, llamadas de atención y consejos que eran comentados por todos los medios como indicadores de conflictos internos en el partido. Que evite que recuerden que, en las dos campañas electorales, los comentarios constantes sobre los conflictos internos del PSOE causaron al partido una mayor pérdida de votos. Que evite que recuerden el cinismo con que todos ellos no han dejado de culpar a Pedro Sánchez por haber obtenido los peores resultados electorales de todos los tiempos.

Que evite que recuerden las maniobras para deshacerse del Secretario General elegido por la militancia y el sonoro escándalo que produjeron en todo el país.

Que evite que recuerden que, libres ya de Pedro Sánchez, la Gestora obligó a los diputados del PSOE a abstenerse para permitir el gobierno de Mariano Rajoy faltando a la palabra dada por Sánchez a los votantes en todas las campañas electorales.

En estos días, está en plena promoción un libro que elogia el olvido y analiza las desventajas de la memoria histórica. Dice el autor que el daño que se ha hecho pertenece al pasado y que lo sano es mirar al futuro, concluyendo que la necesidad de paz lo justifica todo. Es el argumento que Susana Díaz, sus promotores y seguidores utilizarán mañana y repetirán en los días por venir. El objetivo es que ese argumento, insertado en un discurso emotivo que llame a los militantes a trabajar por la unión del partido, poniendo al partido por encima de cualquier otra consideración, se incrustre con tal firmeza en las mentes de los militantes que nadie pueda contradecirlo sin sentirse culpable.

¿Y la justicia? ¿Y los valores? ¿Y la moral? ¿Es posible que se diga sin empacho que un partido político, cualquier partido político, debe estar por encima de toda ética, de toda consideración surgida de una conciencia humana? Es posible, y se dice y se hace. Tenemos un ejemplo en la firme cohesión interna del PP y en la adhesión de sus cargos y militantes a su líder. Y es ese el ejemplo que anhelan Susana Díaz y sus promotores por lo que, a partir de mañana, todos repetirán a una los sencillos argumentos con que Mariano Rajoy despacha sin inmutarse todos los asuntos que ensucian moralmente a su partido. Cualquier fallo, por grave que fuere, pertenece al pasado, y lo sensato, lo maduro, lo correcto es olvidar.

¿Qué podría pasar si los militantes se niegan a olvidar y eligen al candidato que cumplió con su promesa electoral aún a costa de su carrera política? También escucharemos a partir de mañana el cataclismo que tal suceso produciría; la división definitiva del PSOE. Porque, por si no fuera suficiente con poner a Pedro Sánchez la etiqueta de perdedor y por si no se consiguiera que los militantes olviden quién dividió el partido, conviene que Susana Díaz y los suyos procuren también infundir pavor a los militantes indecisos. El miedo nunca falla.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios sobre “El miedo nunca falla

  1. Esta vez puede que el recurso del miedo, les falle. Cierto es que casi siempre funciona, pero ahora las condiciones, tienen sus peculiaridades especiales, aunque también las clásicas.

    Como ya comentas en tu artículo, el partido no corre el peligro de romperse, (tu dices definitivamente), sino que ya se rompió aquel día 1 de octubre.

    En aquel día, se creo un partido dentro de otro. Un seudo-Psoe, dentro del Psoe legítimo, ya que estaba legitimado por el voto de la mayoría de sus militantes-simpatizantes. Y de ese nuevo seudo-Psoe, se creen los dueños, como buenos dictadores.

    Por eso se comprende que desde entonces, hacen lo que quieren. Quisieron permitir un gobierno del PP y lo permitieron. Quisieron echar al legítimo Secretario General…y lo echaron. Ahora quieren poner a la cabeza de su partido-dictadura a Susana Díaz y nada les va a detener. Para ellos, no existe la ética, la ideología… ni tan siquiera la legalidad.

    Lógicamente, ahora intentan poner toda la carne en el asador de su seudo-Psoe, para ello, usarán de todos sus armas de destrucción masiva, como González, Zapatero, Rubalcaba y toda la maquinaria del partido que usurparon, incluyendo a los barones; verdaderos culpables, si hay que echar la culpa a alguien, de la situación del Psoe.

    Mi miedo no es el que quieren utilizar. El mío es el del pueblo oprimido. Personalmente, nada de lo que haga su seudo-partido, me va a dar miedo. Si se consuma el rompimiento, puede ocurrir que se forme un nuevo partido con los que fuimos desposeídos, con lo cual, iré con ellos o que se salgan con la suya y ganen todas las batallas. En ese segundo caso, tampoco temeré nada, puesto que ya no será mi partido y lo que le pase, me importará una higa.
    Solo el pueblo, los necesitados, los que llaman de abajo, serán mi preocupación. Pero eso que se podría seguir llamando Psoe, pero que no lo será, que le den todas en el mismo sitio.

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