Pedro Sánchez vs Donald Trump

El título es provocador, sin duda. Ya estoy viendo en Twitter y Facebook los jajás de las ínclitas inteligencias de quienes carecen de argumentos y hasta de argumentario. ¿Cómo comparar a un pobre candidato español con el hoy presidente de los gloriosos Estados Unidos de América, y nada menos que para enfrentarlos? Chirriará la comparación a la particular especie de catetos que considera todo lo americano superior a lo español. Suena más serio Trump que Sánchez, como suena mejor coach que asesor o entrenador; tan mejor (yerro voluntario, por si acaso), que hasta la Real Academia de la Lengua admite coach por imperativo del uso. ¡A cuántos no dominadores del idioma anglosajón se les ha caído el alma a los pies al leer en castellano la letra de una canción que les emocionaba haciéndoles imaginar los significados más profundos!  “Cuando la noche ha venido y la tierra está oscura y la luna será lo único que veamos” ¿Será lo único que veamos cuándo? No importa, en inglés suena de fábula.

Pero hay otros a quienes el título les chirriará todavía más por una razón más profunda. ¿Cómo se puede comparar a un pobre perdedor con quien ha ganado, entre otras cosas,  las elecciones a presidente de los Estados Unidos? Es que en voto popular, es decir, democrático, Trump perdió, y si hoy la mayoría de los americanos asisten con miedo y vergüenza a su toma de posesión, es porque a la Casa Blanca le llevó una ley electoral de hace más de doscientos años que ignora a la mayoría y pone la elección de un candidato en manos del voto representativo. Es igual, Trump ganó como sea, y Sánchez perdió, lo cual le convierte en perdedor; lo cual justifica que un partido con 137 años de historia y una historia reciente de gloriosos triunfos, se haya ido al garete por hacerle dimitir. En la encarnizada lucha por eliminar a Pedro Sánchez del panorama político nacional, los compañeros de partido que le pusieron la zancadilla para que se fuera de bruces, justifican su gesto acusándole de lo peor que se puede acusar a un ser humano en estos tiempos: Sánchez era un perdedor, y un partido serio no puede ir por el mundo liderado por un perdedor.

Trump perdió por más de tres millones de votos populares. La mayoría no le quería como presidente. Hoy los Estados Unidos asisten a su toma de posesión insólitamente divididos. La mayoría se resiste a que un personaje que repugna física, intelectual, política y moralmente a la mayoría del mundo entero, represente, en el mundo entero, al país que la mayoría considera una gran nación, la más grande de las grandes naciones del mundo.

Sánchez no perdió más votos en las elecciones generales de diciembre y junio porque Dios no quiso. Todos los españoles fueron testigos de un fenómeno inaudito. Mientras todos los militantes y simpatizantes de los otros partidos hacían piña para ensalzar a su candidato, los personajes más relevantes del Partido Socialista Obrero Español hacían todo lo posible por cuestionar al suyo en público intentando, con sus dudas más o menos manifiestas,  convencer al personal de que no le votaran. Que más de cinco millones de votantes no les hicieran caso o bien fue un milagro divino, o un casi milagroso acceso de lucidez discriminatoria. Sánchez perdió las elecciones, no más faltaría, pero esos más de cinco millones de votos hacen que uno se pregunte cuántos votos habría ganado  sin la interferencia de quienes intentaron a toda costa hacerle perder.

Hubo un instante de luminosa esperanza; el momento en que Sánchez, con todo en contra, tuvo el valor de asumir la responsabilidad que el ganador había rechazado e intentó recabar los apoyos necesarios para llevar a su partido al gobierno. No hace falta decir que ese momento exigía el apoyo incondicional de todos los suyos. Pero, ¡cáspita! ¡zambomba! ¡cojones!, resulta que los personajes más relevantes de su partido no quieren que gobierne y le ponen unas condiciones imposibles para conseguir los votos que su investidura necesita en el Congreso y, por si no las cumple, se abren en canal ante los medios de comunicación diciendo que un perdedor que solo tiene cinco millones de votos no puede gobernar. ¿Dónde, demonios, se había visto, en toda la Historia Universal, que en un país democrático, la élite de un partido se dejara la piel para no  llegar al gobierno? En la historia de España, desde luego, no se había visto jamás. ¿Para qué existe un partido si no es para llevar a su candidato al poder con el fin de aplicar su programa? La razón de la existencia de un partido se explica en primero de Ciencias Políticas por si a algún alumno no se lo ha revelado el sentido común. Entonces, ¿es que la élite del PSOE, de política no tiene ni idea y de sentido común tampoco? Dice el sentido común que eso no puede ser.

El programa con el que Sánchez se presentó a las elecciones era, a las claras, socialdemócrata, y había sido aprobado por los órganos competentes del partido. Pues entonces, otra vez, ¿por qué no quiso la élite ayudar a Sánchez para que pudiera aplicarse ese programa? ¿Por qué le exigió a Sánchez que, en vez de intentar conseguir los pactos necesarios para formar gobierno con el fin de aplicar un programa socialista, permitiera el gobierno del PP para que pudiera aplicar su política neoliberal? ¿Porque Rajoy había obtenido más votos? Pues otra vez entonces, ¿por qué no ayudaron a Sánchez para que obtuviera más votos que Rajoy? ¿Por qué hicieron todo lo contrario? Solo hay dos respuestas posibles. Una, porque Rajoy consiguió, por medios misteriosos, hipnotizarlos a todos; otra, porque alguien convenció a esa élite de que al margen de la derecha, el mundo no tiene salvación. ¿Por qué, entonces, no abandonaron el Partido Socialista? Esta tiene una respuesta fácil. Porque en un partido nuevo no conseguirían los privilegios conquistados en el suyo. Pactar con la derecha les permitía convertirse en líderes de la oposición conservando rangos y sueldos; conservando el poder de otorgar rangos y sueldos a sus fieles para garantizarse su lealtad.

Hoy el mundo se debate en un negro estanque de dudas. Estanque, porque la sociedad europea, como la americana, parece haberse estancado, renunciando a la esperanza de seguir fluyendo en la corriente de la evolución intelectual y moral. Negro, porque en su fondo se deposita lo más negro, lo peor de la condición humana. Fue lo peor de sí mismos lo que llevó a los blancos pobres a votar por Donald Trump porque les prometió librarles de la competencia de los emigrantes. Fue lo peor lo que llevó a blancos racistas a votar por un hombre que reivindicó el racismo quitándole a la palabra lo que tenía de inconfesable. Ser racista puede ahora ser un orgullo para cualquier americano puesto que su presidente lo es y con orgullo lo proclama. Hoy, las alimañas que se revuelven en el estanque están contentas porque, con todos podridos, nadie va a notar lo podridas que están.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con Sánchez y qué justifica que se le enfrente a Trump?

Trump se yergue hoy ante el mundo como defensor  de lo más bajo que pueden inspirar los instintos. En España, que es lo que nos importa, Sánchez se ha erigido en defensor de los valores que distinguen al ser humano de las bestias; valores que inspiraron la fundación de partidos que anteponían el bienestar social al bienestar individual de los privilegiados; los valores que inspiraron la fundación del Partido Socialista Obrero Español.

Trump asume la presidencia de su país detestado por la mayoría de la población, causando una división interna como no se había visto desde la Guerra Civil. En España, que es lo que nos importa, Pedro Sánchez fue defenestrado contra la mayoría de los militantes que le habían votado para que fuera su Secretario General, causando una división interna que ha lanzado al partido en caída libre hacia su destrucción. Quien lo niegue, o miente, o es que ha perdido el sentido de la realidad.

Todos los medios de comunicación del país hoy tienen la toma de posesión de Trump como noticia principal. Todos los comentaristas tendrán algo que decir y enfatizarán, sobre todo, la incertidumbre que a todos hace contener la respiración en espera de lo que hará esa especie de monstruo. En España, un Mariano Rajoy que parece bendecido por los dioses de la buena suerte, no precisamente buenos, escucha satisfecho cómo se suavizan las críticas que suscitaba su política inhumana. Comparado con Trump, el de España resulta canonizable. Antes, la mayoría del país, el mayoritario por ciento que no le votó, veían a su gobierno como una plaga, una especie de castigo divino que amenazaba con ahogarnos a todos. Ahora, con la ayuda de un PSOE al que, para tenerlo dócil y contento, solo hay que permitir que se jacte en los medios de ostentar un cierto poder, Mariano Rajoy se enfrenta a un futuro plácido que puede ser larguísimo, tan largo como los años que dure el gobierno de Donald Trump y todos los gobiernos de derecha extrema que vayan apareciendo en el mundo.

Hoy solo hay dos grupos capaces de concebir optimismo y esperanza.  Son las mayorías. La mayoría que en Estados Unidos rechaza hasta la sombra de Donald Trump y está dispuesta a luchar lo que haga falta  para controlarle y echarle si se resiste a cualquier tipo de control. En España, la mayoría de izquierdas que no está dispuesta a permitir que el único partido socialdemócrata del país se entregue a la derecha.

Pedro Sánchez, lo que Pedro Sánchez significa, se enfrenta en nuestro país a todo lo que significa Donald Trump en el mundo. Así que al final resulta que el título de este artículo no es tan disparatado como a algunos les pueda parecer.

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2 comentarios sobre “Pedro Sánchez vs Donald Trump

  1. El mayor sentimiento que me aflora, es sin la menor duda en de rendirme. Aquello de “que paren el mundo que yo me bajo” , tiene más sentido que nunca.
    Porque nunca ha estado el mundo peor en sus expectativas. Nunca como ahora, hemos estado tan cerca del abismo de cargarnos el planeta, y tenemos más gente que nunca empujando a favor de que ocurra.

    ¿Que está pasando? ¿Será una nueva enfermedad que aún no hemos descubierto? Ya se que parece (porque lo será) una tontería, ¿pero hay otra explicación más racional?

    En el país más poderoso del mundo, parece que se ha elegido como presidente al menos indicado y, siendo un país democrático, a quien nadie parece querer. Tengo que repetirme a mi mismo montones de veces, que algo falla en mi propio argumento, para no pensar que se ha elegido al mayor gilipollas de América (para mí américa es todo el continente), para presidir los Estados Unidos, que es casi tanto como decir el planeta entero.

    Aquí, elegimos a un presidente que da serias muestras, por momentos, de tener algún tipo de minusvalía intelectual, (recordemos algunas de sus frases célebres), al que acompañan otros cercanos a él, con los mismos síntomas. Cospedal con el despido en diferido, etc. Se podría escribir un libro con el montón de comentarios que les hemos oído y con sus contradicciones.

    Bueno, pues su principal partido en la oposición, después de haber reconocido que ha sido el de Rajoy, el peor gobierno con diferencia de la democracia, (ahí están los datos de los que hablamos todos los días en todos los medios y formatos posibles), contraviniendo lo dispuesto por la militancia y simpatizantes del partido, apoya que nos siga machacando otros cuatro años, que bien podrían ser 8 o 12, vete a saber.

    Porque en lugar de lo que sería normal, (en un mundo normal, claro), de impedir a toda costa, que nos vuelva a gobernar, quien nos ha metido y promete seguir sumiéndonos en la miseria, emplea todos sus esfuerzos en echar, con un golpe de mano, y posterior dictadura, a quienes hemos elegido para representarnos.

    Como decíamos de chavales, vamos cuesta abajo y sin frenos. Creo que es muy difícil hacer peor las cosas. Y esto, nos puede llevar a la salvación. Llevamos el timón tan torcido, que navegamos trazando una ruta circular que alguna vez, tendremos que pasar por la dirección correcta. Como los relojes que al estar parados, en dos instantes del día, marca perfectamente la hora.

    En lo absurdo de las situaciones, es perfectamente comparable lo de Sánchez con Trump, Tramp o Tromp, que pronuncian los que, principalmente, le van a tener que aguantar durante 4 años.

    Por decir algo positivo, si el artículo fuese: Rajoy&Trump, creo que me quedaría con Rajoy. Es posible que yo tampoco esté muy centrado intelectualmente.

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