La olla podrida

Allá por la Edad Media, pobres y ricos ponían al fuego una olla y le  echaban todo lo habido. En la de los pobres había muy poco, casi todo vegetal, y casi todo lo vegetal, hierbas del campo. En la de los ricos hervían toda clase de carnes. Dicen los etimólogos que el calificativo proviene de poderida porque era la olla de los poderosos, de los que podían llenarla de chicha. Venga el nombre de donde venga y por delicioso que sea el plato castellano, podrida la llamó el vulgo y podrida la llamo aquí ignorando el maquillaje de la etimología para servirme de la metáfora.

El mundo desarrollado y el no desarrollado, pero con mucho dinero,  es, hoy por hoy, una olla en la que hierven degenerados, corruptos, psicópatas, toda una serie de entes que niegan, con su conducta, los valores humanos, por lo que la contradicción entre su conciencia y su apariencia les convierte en monstruos. Podría decirse que en cualquier parte de este mundo siempre han convivido monstruos así con seres humanos evolucionados. Lo grave en estos momentos es que en esa olla, poderida según  la etimología, hierven los poderosos que gobiernan la tierra; que en esa olla, que con el vulgo llamamos podrida,  hierven los degenerados morales que pueden intoxicar a millones de millones enfermando a sociedades enteras. La bacteria que hoy amenaza con intoxicarnos a todos es el neoliberalismo.

Dicen los neoliberales de hace décadas y los neoliberalizados de circunstancias que denostar a la ideología neoliberal es una gran injusticia. El neoliberalismo propugna que el Estado deje hacer al sector privado sin inmiscuirse con regulaciones y controles; propugna que el gasto público se reduzca; propugna  que el bien común se sustituya por el individualismo y la competitividad, es decir, por el sálvese quien pueda.  Y dicen los susodichos que esas medidas favorecen a toda la comunidad porque crean riqueza y empleo. Y es verdad.

Desde el triunfo del neoliberalismo, que ha ido ganando batallas con los tanques de la crisis, la riqueza de los ricos ha  aumentado considerablemente; al mismo ritmo que aumentaba la pobreza de los pobres.  Y también es verdad que se está creando empleo con gran profusión. Mediante reformas laborales que dan vía libre a los empresarios y eliminan el poder de los sindicatos, los gobiernos neoliberales  compiten por atraer a las grandes empresas a sus países reduciendo impuestos, ofreciendo leyes que permiten los salarios más exiguos y las peores condiciones de trabajo. Vengan a España, señores, que aquí van a ganar tanto dinero como en Bangladesh, pero con mejor clima y más comodidades. Ofrezcan los sueldos que quieran, que van a tener una cola de dos manzanas para quitarles el empleo de las manos.  Porque como dijo nuestro ministro de economía, más vale ganar 500€ mensuales que no ganar nada, y eso lo entienden todos los españoles porque saben que el que no quiera trabajar por 500 se joroba  porque detrás viene otro dispuesto a trabajar por 450. ¿Que cómo es posible que los españoles hayan aceptado sin chistar la vuelta a las condiciones de trabajo y a la fractura social del siglo XIX? Efectos de la intoxicación. La bacteria afecta a las estructuras cerebrales convenciendo a la mayoría de que es justo y necesario que se acepten las leyes darwinianas y todos compitan con todos por la supervivencia y sobreviva el más fuerte que, en el caso de los trabajadores, será el dispuesto a hacer los mayores esfuerzos por el peor de los sueldos. ¿Y en el caso de los poderosos? El que medre, explote, estafe, defraude y robe más y mejor.

En el 2008, aprovechando la ola de pánico que se extendió por el mundo, el neoliberalismo decidió lanzarse a una guerra económica y política total para globalizar su imperio. Siguiendo las directrices de la insuperable propaganda de Goebbles y la estrategia de Adolf Hitler, se dedicó,  en todos los países de Europa y en los Estados Unidos, a apoyar a los políticos afines con todos los medios a su alcance y a destruir a su enemigo; la socialdemocracia.  Su medio más eficaz fue, por supuesto, la propaganda a través de los medios de comunicación. Los medios de extrema derecha y conservadores siguieron con su tónica afín a los postulados neoliberales, naturalmente. Lo antinatural fue que los medios supuestamente afines a la izquierda, hicieron lo mismo, aireando lo que al neoliberalismo le interesaba airear y silenciando lo que podría perjudicarle. ¿Por qué esa anuencia con una ideología aparentemente contraria?  La respuesta salta con un simple vistazo a los nombres de los accionistas dueños de los medios: multinacionales, inversores internacionales, bancos. En cuanto a los periodistas, humanos son y, como cualquier animal, necesitan techo y comida;  los más privilegiados necesitan, además, que no decaiga su notoriedad. Uno de los efectos más serios de la bacteria es que los intoxicados, convencidos de que enemistarse con los de la olla podrida equivale a una sentencia de muerte laboral y social, caen presas del pánico. Por pánico a la muerte social hay en España autores, actores, actrices que trabajan sin cobrar para que su nombre no se olvide si alguna vez termina la pesadilla que quiere condenarles al anonimato o, peor aún, a la invisibilidad de los pobres. ¿Cómo no va a haber periodistas que se autocensuren?

El resultado de la estrategia fue espectacular. Dos ejemplos para economizar espacio. España exhibe un presidente que no se corta a la hora de recortar y privatizar lo que haga falta para garantizar la libertad a enriquecerse de todo el que pueda, ahorrándole impuestos e invitándole al pastel del dinero público; un presidente cuyo partido consta como sospechoso de corrupción sistémica; un presidente que se permite mentir hasta en sede parlamentaria y soltar disparates cuando no se le ocurre nada lógico qué decir; un presidente que ante cualquier incidencia, leve, grave o gravísima, tiene como consigna el dolce far niente. La propaganda y otras circunstancias esperpénticamente rocambolescas consiguieron que tal hombre volviera a ganar las elecciones. Pero no duró mucho  su fama de bufón amoral. Donald Trump ha eclipsado la fama de todos los bufones inmorales que en el mundo han sido. Su triunfo en las elecciones de los Estados Unidos ha demostrado el poder de la  bacteria.

El neoliberalismo ha conseguido extenderse por el mundo entero revelándose mucho más peligroso y mortífero que la bacteria causante de la peste negra que eliminó a millones en el  siglo XIV.  Aquella bacteria mataba los cuerpos; el neoliberalismo se aloja en el alma humana y destruye los constituyentes de su humanidad. ¿Exagerado?

La conducta de los poderosos y los valores que divulgan sirven de ejemplo a los individuos intelectualmente más vulnerables y ese ejemplo se va extendiendo por toda la sociedad como una epidemia. Por ese mecanismo, los que dictan la moda consiguen que hombres y mujeres se compren ropa nueva cada año en los colores que, quienes dictan, dicen que se van a llevar. Por ese mecanismo, se instilan en las mentes acríticas creencias como que una raza es inferior a otra; una religión es maléfica; los homosexuales son degenerados; las mujeres son inferiores; los refugiados y los inmigrantes vienen a quitar empleos, servicios y ayudas a los nacionales; los que no encuentran trabajo es porque no quieren y los que cobran subsidio de desempleo son defraudadores que no quieren trabajar o que trabajan en negro y cobran del estado robando sus impuestos a todos los españoles; no se puede ayudar a los refugiados que se están muriendo de hambre y de frío porque en España hay muchos pobres;  no se puede ayudar a los pobres porque si han fracasado en la vida, por su culpa será.

Y es así como una sociedad entera acaba presentando todos los síntomas de la bacteria, con sus individuos convertidos en seres egoístas, psicópatas por su falta de empatía; individuos que se corrompen sin escrúpulo alguno y que si no se corrompen, es porque no pueden; individuos degenerados por conceptos perversos que pervierten el lenguaje. Es así como acaban hirviendo en la olla podrida todos los que no quieren quedarse a la intemperie. Es así como la bacteria del neoliberalismo va haciendo del mundo un lugar inhabitable donde los valores humanos sean cosa de la Historia y aquí solo queden monstruos; humanos en apariencia, en conciencia no muy distintos de cualquier depredador.

Y a todo esto, ¿qué hay de la socialdemocracia? Ahogada en todas partes por la ultraderecha, por la derecha extrema, por socialistas  intoxicados que se lanzan y lanzan a sus partidos en la olla podrida, parece condenada a la extinción. Esos socialistas intoxicados han conseguido en todas partes que los votantes les nieguen el voto dejándoles en minoría. Sobreviven llamándose socialistas y pactando con las derechas, que les permiten llamarse como quieran porque ayudan a hacer más simpáticos y tragables los gobiernos neoliberales. Por miedo a extinguirse, se han convertido en comodines para que la derecha pueda gobernar.

¿Y qué pasa con los líderes socialistas que se niegan a pactar, que se empeñan en defender los valores socialdemócratas, que se presentan a las elecciones empecinados en proponer programas de izquierdas?  Se les condena a la intemperie en compañía de todos los seres humanos que no se han dejado intoxicar.

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4 comentarios sobre “La olla podrida

  1. Mientras leía tu artículo María, inevitablemente pensé en Umberto Eco hablando de la Era Posmoderna, nuestra era, nuestro tiempo. Mira, si haces un repaso a las noticias de la tele, no hay momento más sublimemente pornográfico que este, un pastiche de declaraciones obscenas que te resuenan y pegan en el hígado como las imágenes de un Bárcenas diciendo lo que le da la gana; a Cospedal en acto de constricción, mujeres asesinadas por violencia de género, el frío que se traga a refugiados y mil cosas más. Todas dedicadas a nosotros, el vulgo, la gente común, los que cada día tenemos que sacar nuestro héroe interior y salir a hacer patria, o sea, trabajar como condenados. Y sí, esa clase rica, esa clase alta que se enriquece cada vez más amparada por las leyes de nuestros gobiernos, nos tienen a látigo limpio. Ya no es cuestión de cantarle las cuarenta a nadie porque estás despedido. Al mejor estilo Trump, se viene esa exaltación por agradecer tener un jefe que aunque te pise la cabeza día tras día le debes reverencia porque te da trabajo y te deja trabajar aunque ganes una miseria. El neoliberalismo y sus tentáculos…
    Y me pregunto hasta cuándo dejaremos crecer el monstruo…
    Sociedad maniatada.

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  2. El neoliberalismo, nos devuelve la diferencia que teníamos con los animales no racionales, cuando su doctrina es el sálvese quien pueda. Lo cual nos quita la racionalidad, que en teoría nos metería en la misma categoría de los animales. Pero no. No porque tenemos un montón de diferencias negativas, que no tienen los otros animales.
    Solo es una forma de engañarnos y tratar de convencernos de que para que esto funcione, hay que dejarles ganar a ellos, para que después repartan sus migajas con los de abajo.
    No podemos seguir permitiendo este sistema, tenemos que luchar contra ese neoliberalismo, que es contrario a la racionalidad que nos dice que tenemos que ser solidarios.
    Ellos, los de arriba, no darán voluntariamente lo que creen suyo. Solo nos queda una solución.
    De nosotros depende.

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