Los nuevos zorros viejos

Artículo publicado en Publicoscopia el 8 de mayo de 2015 y en notas de Facebook el 17 de diciembre de 2015

Escribí este artículo el 8 de mayo, a poco de las elecciones municipales. Comentaba el resultado de las andaluzas y los pactos necesarios para gobernar esa comunidad. Los comentarios valen para las generales del domingo. Nada ha cambiado, solo se ha concentrado aumentando el peligro.
Los medios de comunicación están, casi todos, en manos de la derecha. Son empresas, y los empresarios no se van a disparar a los pies. Algunos periodistas comulgan en las misma iglesias que sus jefes; otros tienen familias que mantener y por lo tanto la obligación vital de defender sus puestos de trabajo. Este es el motivo por el que la campaña electoral, que empezó con las elecciones europeas y terminará mañana o el domingo, según se respeten o no las normas, ha sido, por parte de medios y periodistas, una campaña de auténtica y descarada manipulación.
La campaña estaba orientada hasta en su mínimos detalles a la destrucción del PSOE como alternativa de gobierno y hasta como principal partido de la oposición. En cuanto Pedro Sánchez fue elegido Secretario General, los periodistas se dedicaron a destacar los conflictos internos que la elección de Sánchez causaba en el partido. Durante meses se estuvo hablando de su colisión con Susana Díaz, conflicto que se destacó aún más cuando Pedro Sánchez fue elegido candidato a presidente de gobierno. Hoy mismo, una periodista le preguntaba a Sánchez en una cadena de radio, si volverían sus problemas con Susana Díaz en caso de que perdiera las elecciones. Poco sobre el candidato, prácticamente nada sobre su proyecto; de Pedro Sánchez solo se hablaba para destacar su debilidad o sus problemas en un partido abrumado por la conflictos y la división. Mensaje a la ciudadanía: si Pedro Sánchez es incapaz de gobernar su partido, ¿cómo va a gobernar a España?
Mientras tanto, los medios se esforzaban por fijar en todas las memorias la cara de dos hombres destinados a renovar la política, a regenerar las instituciones del país, a devolver a los ciudadanos el orgullo y la ilusión perdidos. Pablo Iglesias se presentó en las pantallas de televisión y en las portadas de los periódicos como el mesías de la izquierda que iba a reconstruir un país destrozado por el liberalismo salvaje y la corrupción. Albert Rivera se presentó como la alternativa para quienes no se atrevieran a un plato tan fuerte como el que ofrecía Podemos. Era el paladín del centro, de una derecha moderna, civilizada; era, como se ha dado en publicitar en los últimos días, el Adolfo Suárez redivivo que venía a regenerarlo todo sin rupturas traumáticas, sin innovaciones peligrosas. El último intento de la propaganda por controlar los votos que se le pudieran escapar al PP lo vimos el lunes. La Sexta los presentó ante su audiencia como las nuevas esperanzas ante las alternativas caducas que aparecían en otra televisión. Un contraste genial que dejaba a los españoles un mensaje clarísimo: PSOE y PP son los mismo, lo viejo, lo caduco. Podemos y Ciudadanos son un presente lleno de ilusión para lanzarnos hacia un futuro mejor.
Solo una minuciosa reflexión y un esfuerzo por informarse de la realidad de esos dos partidos y de sus dos líderes podía hacer que el ciudadano se sustrajera a esa propaganda hipnótica. El poder que había diseñado y forzado esa propaganda contaba con que la mayoría no tiene tiempo de reflexionar o de informarse. La propaganda no podía fallar. Hasta que su debate con Mariano Rajoy dió ocasión y tiempo a Pedro Sánchez de verse durante dos horas ante su contrincante, de mostrarse ante los españoles como alternativa de gobierno, de exponer sus propuestas -lo que hizo aunque algunos luego lo quisieran negar- de proponer a los votantes la rotunda disyuntiva: es ese señor indecente o yo.
Porque digan lo que digan las encuestas, también cocinadas por el poder, la posibilidad de formar gobierno la tendrán dos partidos: el PSOE o el PP. Lo que esos nuevos, que de nuevos no tienen otra cosa que su imagen, tienen en sus manos es decidir a cual de los dos dan sus votos para que pueda gobernar. Podemos ha aspirado desde el principio arrancar al PSOE todos los votos posibles para subir a su costa. Sabe que no puede ganar, así que lo que importa es sacar el mayor número posible de diputados para llenar las arcas del partido y poder seguir dando guerra, o mejor, dando espectáculo. Ciudadanos tiene un compromiso con la derecha que le creó el partido. Sabe que su obligación es dar sus votos al PP para que pueda retener el poder, como hizo en Madrid. Un partido que en Andalucía se proclamó el vengador contra la corrupción, no tuvo reparo de entregar sus votos al PP de la comunidad con más casos de corrupción de toda España. Pero en Andalucía se los dio al PSOE con lo que, dicen, demuestra ser de centro. Falso. Aunque hubiera dado sus votos al PP de Andalucía, la suma no alcanzaba para desbancar al PSOE. No quedaba otro remedio que apoyar al PSOE para evitar nuevas elecciones que sin duda pasarían factura a quienes no habían hecho posible la creación de gobierno.
De estos dos viejos nuevos va a depender el futuro de nuestro país.
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2 comentarios sobre “Los nuevos zorros viejos

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