Suicidarse y vivir para contarlo

Los puentes llaman a la pereza. La palabra evoca agua que se desliza plácidamente o corre alborotada; alguien que tiene tiempo para contemplarla apoyado en la baranda de un puente -si es el puente de mi pueblo, contemplando cómo saltan las truchas. Esto tan poético, para decir que en los puentes por días festivos casi nadie tiene ganas de pensar en política, ni los políticos.

He dicho casi. Dicen, no sé si está confirmado, que Susana Díaz anunciará su candidatura a la Secretaría General el 16/12. Seguro que no se va a conceder vacaciones.

Dice Juan José Millás que quien piense que Susana Díaz puede dirigir el PSOE, puede ser candidata a dirigir el país, puede dirigir el país, no está en sus cabales.(Uno se pregunta si estaban en sus cabales los 8 millones que votaron por Rajoy, y le da la calambrina).

Dice Millás que Susana Díaz es la encarnación del populismo. Y Trump y Pablo Iglesias y tanto otros aquí y allá y a diestra y siniestra que ya se está diciendo que a todo se le llama populismo sin saber lo que es. Si por populismo se entiende la estrategia para encandilar a la clases populares con discursos en los que se apela más a las emociones que a la razón, tiene razón Millás. Susana Díaz lo encarna.

Susana se mete en el corazón de los de abajo y muy abajo con lo del padre fontanero y el marido tieso. Cuenta las necesidades de los del medio, intermedio y sótano donde viven los pobres de solemnidad, como si los aludidos no lo supieran, para decirles que ella también lo sabe porque es una de ellos. Y entonces dice que como ella lo sabe, porque también lo ha sufrido y lo sigue sufriendo, lo va a solucionar. Después de haber agitado las glándulas del personal, incluyendo las lacrimales, ya no le queda tiempo para decir cómo va a solucionar tanto problema, tanta miseria. Ni falta que hace. La idea fuerza que ha inyectado en todos los cerebros es que ella va  a solucionarlo porque le va la vida en ello, porque viene de abajo y nadie como ella comprende a los de abajo.

Uno se imagina a Susana Díaz preguntando a los de su comparsa: ¿Cómo me ha salido? Y a los de su comparsa contestándole con sonrisa arrobada: Brillante. Y uno se la imagina en su cama, también con sonrisa de arrobamiento, imaginándose, en la oscuridad del techo, investida de todos los cargos, dueña y señora de todo el poder. No le queda duda; en el mitin de esa noche se ha metido a todos los votantes en el bolsillo.

¿Tan claro lo tiene en estos momentos? Dicen las encuestas que no. En este puente, es probable que a Susana, el miedo le esté nublando la sonrisa. ¿Qué ha pasado? Pasó que, fiel admiradora de Felipe González, quiso imitar el valor, casi temerario, que al joven socialista le permitió luchar contra los dueños de vientos y mareas para reformar la casa; epopeya que con el tiempo le permitió actuar según los dictados de su voluntad.

Susana, encomendándose a su santo, se pintó la cara del alma de guerrera invencible, y en un domingo aciago se cargó al Secretario General del PSOE con todo su equipo. Por un instante, gozó de la satisfacción de contemplar  el campo de batalla cubierto con los cadáveres de sus enemigos. Pero no estaban muertos. Miles de compañeros acudieron a retirarles, heridos, a la retaguardia, donde miles y millones les empezaron a curar. Ay, madre, que vuelven, se dice amedrentada. ¿Y si vuelven,  qué hacemos?

Se lo pregunta al hombre que ella y los suyos pusieron al mando del PSOE descabezado, porque ese seguro que no querría mandar. ¿Qué hacemos? Javier Fernández le responde, con su sonrisa de buena persona,  algo así como que a él no le dijeron que, además de seducir a  cuantos seguidores de los vencidos pudiese seducir, y de  imponer  la disciplina a los díscolos, y de sacarse de encima a los que no quisieran cambiarse la camiseta, tendría, encima, que decidir la estrategia que permitiera a Susana acceder al trono.

Susana se debate en un torbellino de dudas. Tenía que haberse dado cuenta, se dice, de que estos no son los tiempos de Felipe; que estos tiempos no están para heroicidades; que son los tiempos de Rajoy y los suyos, del dolce far niente esperando, lejos de todos los  campos de batalla, que los enemigos se maten entre ellos dejando expedito el camino  por el  que el vencedor podrá acceder al salón del trono sin un arañazo.

Susana se mira en el espejo de la opinión pública de todo el público ajeno a su círculo y se ve cubierta de arañazos, heridas y escupitajos. Es la destructora, dicen, y se ríen de su metáfora de la costurera. Parece que nadie hubiera comprendido que ella era la única salvación del partido que un iluminado quería devolver a sus esencias socialistas de más de cien años atrás. No entienden, los ignorantes, que estos son los tiempos del mercado que exigen todo el pragmatismo del mundo. Parece que ya no respetaran a Felipe. Parece que de pronto solo existiera para todos el viejo que, allá por el diecinueve, arengaba a los trabajadores para que defendieran sus derechos. Parece que no se enteran de que lo que ahora se lleva en todas partes es la reforma laboral. ¡Qué antiguos se han vuelto todos, por Dios!

Sola con sus miedos y sus cavilaciones,   es probable que la pobre Susana no pueda disfrutar de un puente vacacional. Tal vez querrá asomarse al Guadalquivir desde algún puente para sosegar su espíritu. O tal vez no, temiendo que puente y aguas le recuerden el día en que creyó triunfar sobre vivos y muertos sin darse cuenta de que estaba asistiendo a su propio suicidio.
No hay castigo peor para el suicida que sobrevivir y arrastrar por el resto de sus días la culpa de  haber despreciado la vida que tenía.

Anuncios

4 comentarios sobre “Suicidarse y vivir para contarlo

  1. A veces pienso que el tiempo va a ir frenando el movimiento en favor de Pedro Sánchez, pero por otra parte, me da la impresión que Gusana Díaz, está muriendo poco a poco. Puede que Sánchez vaya perdiendo adeptos, pero la impresión es que lo único que podría hacer Secretaria General del Psoe a Díaz, es que no tenga contrincante.
    La veo tan débil que hay varios que le podrían ganar las primarias, no solo Pedro.

    Le gusta a 1 persona

  2. Siempre pensé que estar preparados, estudiar hasta reventar y viajar conociendo otras culturas e idiomas era la gloria. Ahora viendo una foto de Susana Diaz, me siento idiota. Seguramente si tuviera una charla con ella, comprobaría muy rápidamente su nivel de preparación, podría comprobar si estudió hasta reventar y saber si llegó a esa gloria con sabor a seguridad inamovible que te da el conocimiento. Porque hasta ahora esta mujer no me ha demostrado nada. Accedió a lugares de poder metida por esos grandes empujones de los poderosos, que vaya a saber porqué la impulsan de este modo; será por manipulable? Será porque es encantadora? Será porque les satisface? Y me vuelvo a preguntar, cuál es su nivel de preparación para aspirar a manejar nuestros destinos?

    Le gusta a 2 personas

  3. Y no olvidemos que no ha ganado nunca ningún puesto. Se hizo presidenta heredando el cargo de Griñán y ahora gobierna con los votos de Ciudadanos.
    Además, no nos engañemos, a pesar de ser de socialista como yo (esto es dudoso), su gestión deja mucho que desear.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s