Con Castro o sin Castro, un mundo inhabitable

Sabe mal tener que repetir lo que a estas horas sabe todo el mundo, pero en este caso no queda más remedio. Fidel Castro ha muerto. Cuba recibe la muerte en silencio en espera de lo que manden los que mandan. ¿Hay que manifestar públicamente el dolor? ¿Dónde? ¿A qué hora?

Fidel Castro, al mando de su tropa de guerrilleros derrocó el régimen brutal de Fulgencio Batista. Fidel Castro y su tropa fueron, en aquellos momentos, una promesa de libertad que el pueblo de Cuba recibió con intensa alegría.

Simplificando, Fidel Castro monta un gobierno comunista. Los ejes de su política son sanidad y educación públicas universales, igualdad y solidaridad. La igualdad se establece según el modelo comunista: todos los ciudadanos igualmente pobres, pero con sus necesidades cubiertas; ciertos privilegios reservados a los cargos del partido comunista; privilegios sin control a los líderes más importantes del partido.

También copiando al gobierno comunista de la Unión Soviética y de sus países satélites, el gobierno cubano elimina totalmente la libertad. Al principio del régimen se instituye el miedo mediante fusilamientos de contrarios tras juicios sumarísimos sin ninguna garantía para los acusados. En toda América se habla del paredón cubano como símbolo de la mordaza definitiva a cualquier disensión. Con los años, la frecuencia de los fusilamientos disminuye sustituyéndola por el método menos bárbaro del encarcelamiento. La prisión como castigo contra los disidentes sigue siendo la norma hasta el día de hoy. El gobierno se asegura el control absoluto de los ciudadanos mediante el adoctrinamiento sistemático de los niños en los colegios y de los adultos en la propaganda de todos los medios de comunicación. Además, se establecen comités de barrio y se premia la delación de los vecinos desafectos.

A pesar de la falta de libertad, de tratarse indiscutiblemente de un régimen totalitario, el gobierno de Fidel Casto se convierte en un símbolo que en los años 60 y 70 inspira las guerrillas contra regímenes dictatoriales y democráticos por igual en toda América del Sur. Hasta hoy, los partidos comunistas y los populistas de izquierdas de todo el mundo tienen al régimen cubano como modelo y evitan cualquier crítica. Criticar cualquier aspecto del gobierno cubano es, para estos fanáticos, señal de ser de derechas y, en países como España, señal de ser fascista.

Y bien, Fidel Castro ha muerto en su cama, como Franco. Y como a la muerte de Franco, hoy muchos analistas de diversa tendencia se preguntan qué pasará. Algunos dicen que no pasará nada porque Raúl Castro y el partido garantizan la continuidad del régimen. Los cambios se esperan del cambio de gobierno en los Estados Unidos. La bestia parda que accederá a la presidencia allí en enero puede alterar la situación de Cuba de diversas maneras. Una de ellas, la peor para los cubanos por supuesto, sería la asfixia del país mediante la reanudación del bloqueo económico.

Pero hay otro posible cambio que tendría repercusión mundial. Cabe la posibilidad de que el gobierno de Cuba decida ponerse al día y sintonizar con el resto de los países desarrollados, abrazando el liberalismo económico triunfante en todo el mundo “civilizado”, incluyendo a China.

Y bien, la socialdemocracia se muere. Los valores de justicia, igualdad y solidaridad en libertad se destierran de la política de todos los gobiernos. En España recibió un golpe mortal con la maniobra que el 1 de octubre expulsó del partido socialista a una ejecutiva elegida por lo militantes, para sustituirla por una gestora dispuesta a facilitar el gobierno de una derecha que en nuestro país acoge también a la ultraderecha.  La gestora que hoy dirige el PSOE sigue las órdenes de líderes que pretenden instaurar el liberalismo como ideología única y global.

Cuba acoge la muerte de Fidel Castro en silencio porque el ciudadano, que no conoce lo que es vivir sin cadenas, no puede reaccionar sin las previas órdenes del partido comunista. Miami acoge la muerte de Fidel Castro con una celebración obscena en la que están participando miles de exiliados cubanos con sus descendientes. Mientras tanto, Maduro y su gobierno supuestamente revolucionario, tiembla en Venezuela sabiendo que tiene los días contados.

La religión del Dinero triunfa en todo el mundo con mayor poder aún que el de la Iglesia en la Europa de la Edad Media. Quien no produzca y no tenga dinero no tiene nada que hacer en este mundo del siglo XXI, un mundo inhumano que durará hasta que la mayoría se dé cuenta de que el mundo en el que habita se ha vuelto insoportablemente inhabitable.

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