Sobre la importancia

 

Estoy viviendo y convaleciendo en mi pueblo gracias a mi hijo y a  unos amigos. El estado en que me encuentro no me permitía volver a  mi casita de la montaña. La casa tenía que estar limpia de anuncio y caldeada para que no sufriera una recaída. Pues allá fue mi hijo ayer para encender el fuego y las estufas y dejar todo limpísimo para que pueda irme a vivir allí solita.

Mientras tanto, para que pudiera estar en Sort, una amiga ha tenido la generosidad de acogerme en su piso del pueblo.

Mientras tanto, dos amigas cargadas de trabajo y obligaciones están dedicando parte de su tiempo a solucionarme asuntos de papeles, ayudas y cosas de esas de las que nunca me había ocupado, para que pueda vivir en mi casa en las mejores condiciones posibles.

Mientras tanto, vuelvo a Facebook, a Twitter y a mi email y me encuentro mensajes de mis amigos de redes que me dicen lo importante que es mi trabajo, y que me echan de menos, y que lo que escribo les ayuda. El valor que esto tiene para la autoestima no se puede describir sin rebuscar el diccionario para adornar el asunto de adjetivos bonitos.

Todos sabemos la influencia que tiene la mente sobre el cuerpo. Sentirse importante y necesario para los demás justifica la vida y mueve a luchar por ella. He tenido que escuchar muchas veces que escribo muy bien y que vale que estoy llegando a miles de personas y tal, pero que de qué me sirve eso si no cobro.

Hoy, una valoración tan miserable no puede sorprender a nadie. Es el criterio que lleva a alguien a  votar por Mariano Rajoy, por Donald Trump. Es el criterio que lleva a valorar el dinero por encima de los seres  y de las obras humanas. Es el criterio que permite a unos líderes políticos renegar de los valores de la socialdemocracia y pregonar que la responsabilidad política consiste en  abjurar de la ética y entregarse al pragmatismo con el propósito único de favorecer al capital por encima de todo.  Es el criterio que con sus valores y sus actos nos está revelando, día tras día y escándalo tras escándalo, que la sociedad vive un proceso constante de degeneración moral  por la degeneración moral de los individuos que la componen.

Pues bien, todo el valor de personas que brillan con las luces de los miles de millones que tienen en su haber, y de los  sirvientes que brillan con la luz de los multimillonarios a quienes sirven, es un valor que no es suyo, y lo saben. ¿Quién sería Trump para los demás si de pronto sus ingresos se vieran reducidos al salario mínimo? ¿Qué sería Rajoy sin el poder de los empresarios y financieros que le sostienen? Trump sería el bruto salvaje que es y Rajoy el estúpido corto de luces que se limita a repetir lo que le mandan los poderes fácticos.

Trump, Rajoy y todos los clasificados con la etiqueta de  Very Important People viven cubiertos con el oropel del dinero y no les importa que ese brillo artificial no les pueda adornar el ataúd. Para ellos solo hay una vida, y vivir solo vale la pena si uno puede pagarse los privilegios que corresponden a los VIP. Sabiendo que para los demás no valen nada, que lo que vale es su dinero, es de pura lógica que los ricos riquísimos dediquen su vida  a cuidar del único valor que les da importancia; el dinero, por supuesto.

¿Y los pobres infelices que no tienen más valor que el de contemplar a los VIP de lejos, con miradas de admiración idiota, como si solo el hecho de admirarles concediera algún valor?  Pues eso, idiotas a quienes no importa pregonar su idiotez en selfies para sentirse importantes sonriendo junto a individuos que tampoco importan nada porque lo que importa es su dinero o su poder. Idiotas sin importancia, pero capaces de entregar un país o el mundo entero a políticos inhumanos para que lo destrocen. No tienen valor alguno, ni siquiera vicario, pero por ser mayoría, se pueden cargar los valores de toda una sociedad. Aquí reside su importancia; en su número, el número de bárbaros que ayer arrasando a sangre y fuego, y hoy votando, pueden destruir una civilización.

¿Tendrá remedio tanto desastre? ¿Habrá modo de detener esa deriva aparentemente global e  imparable hacia un mundo deshumanizado? Leo en Fb, en Twitter la opinión de alguien que se cree capaz de regenerar el mundo, de devolver valores como la solidaridad y la justicia para que las personas sigan evolucionando; la opinión de una persona que se cree importante por el hecho de ser y actuar como un ser humano.  Leo los comentarios de los que dan a la opinión de esa persona una  importancia que sólo tiene que ver con el contenido de sus opiniones, no con su fama ni con el medio que la publica. Y pienso que sí, que el desastre tiene, tendrá  remedio mientras haya individuos que entiendan que lo que verdaderamente importa en un ser humano,  es el grado de humanidad que tengan sus pensamientos y sus actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios sobre “Sobre la importancia

  1. Lo primero es que estés bien, por supuesto. Lo siguiente es que lo importante para determinadas personas como es mi caso es que los aconteceres de la vida todos son importantes, porque la vida como tal lo es, pero creo, y lo digo muchas veces, todo es importante, pero hay prioridades.
    Prioridad es lo que ha hecho tu hijo, aunque es evidente que desemboca en algo importante, muy importante.
    Me permito poner hoy algo que he escrito (ya sabes que suelo ser escueto en mis pensamientos) para que veas lo contento que me sentía en los que refiero en mi blog.
    Si, es cierto escribes muy bien y es un placer seguirte. Gracias.
    https://javiermarcosangulo.blogspot.com.es/2016/11/hoy.html

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  2. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Aunque mirando casi de reojo el viraje rotundo de la política mundial, queda poco o mucho que decir…La deshumanización robótica controlada y aceptada automáticamente en las sociedades del primer mundo, despunta lanzada como fuegos artificiales del que todos se sientan a contemplar. Contemplamos cosas horribles y parece que ya es algo aceptado y hasta predestinado.
    Así es María, cómo tu sabiduría te duele más que nunca, porque tu mirar profundo y más allá de lo convencional, te clava realidades. Detesto muchas cosas de nuestro presente, el racismo, los prejuicios, las apariencias, la avaricia, sobre todo la avaricia de los políticos, esa avaricia dorada inyectada en sangre que los hace pactar con el Dios y con el diablo. Pero tú lo has dicho bien María, mientras quede gente que sepa cómo son las cosas, que distinga la realidad del engaño, este mundo merece ser vivido y luchar por ello.

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