Políticamente inmorales

Ayer salía Pedro Sánchez de Ferraz dando el último ejemplo de político firme en la defensa de sus principios, de sus valores y del bien común. No utilizó un discurso lacrimógeno para convencer a los oyentes de que tenía razón. Habló de unir y se puso a la disposición de la gestora que iba a sustituirle para seguir trabajando por el partido como un militante más.

¿Qué tiene esto de particular? Que estamos en España, un país indecente donde los votantes premian la corrupción, la política inhumana que recorta derechos y libertades, el populismo  y el triunfo de estrategias torticeras para conseguir y conservar el poder.

Como es habitual, algunos medios de comunicación anunciaron los acontecimientos ocurridos desde el miércoles en la sede del PSOE cuidando de transmitir lo que se llama equidistancia en el análisis del comportamiento de los bandos que durante unos días mantuvieron al PSOE dividido. Puede aducirse que lo exige la información que debe ser, en cualquier caso, imparcial.  No lo fue la que comunicaron los medios comprometidos con el capital, pero esos, por evidentes, no suponen ningún peligro. El peligro auténtico para la salud moral de este país es la exigencia de un lenguaje políticamente correcto que encubra la mentira; la exigencia a los ciudadanos de que suspendan el juicio y acepten que no hay ni bueno ni malo ni blanco ni negro, que todo ciudadano de bien debe dejarse engullir por las arenas movedizas del relativismo moral. Lo que nos faltaba para permitir que la indecencia se perpetúe en el poder y contamine todo el tejido social y cada una de sus células.

¿Es lo mismo ganar unas elecciones a secretario general de un partido y unas primarias a candidato, que enfrascarse en derribar al electo en cuanto el electo demuestra que su compromiso y su lealtad están con los votantes y no con los políticos profesionales acostumbrados a controlar el aparato del partido?

¿Es lo mismo luchar por llevar el programa del partido a militantes y posibles votantes con la esperanza de ganar la elecciones para transformar una sociedad depauperada, desmoralizada, en una sociedad progresista y solidaria; es lo mismo eso que hacer lo posible por convencer a los votantes de que no voten al propio partido poniendo en evidencia ante los medios de comunicación una división interna que transmita el concepto de inestabilidad?

¿Es lo mismo luchar por poner en pie un partido hundido en varias elecciones, que repetir como en un disco los resultados pésimos obtenido por el candidato para que no intente, ni por asomo, presentarse como alternativa de gobierno?

¿Es lo mismo cuestionar todos los días la firme determinación del secretario general de ser fiel a su promesa y no abstenerse para permitir que vuelva a gobernar el país un partido corrupto que, para conseguir sus fines, causó el empobrecimiento y el sufrimiento de millones de  compatriotas; es eso lo mismo que cumplir hasta el final la promesa de no contribuir en modo alguno a que ese partido indecente vuelva a conseguir el poder?

¿Es lo mismo agotar hasta el último esfuerzo todas las posibilidades de evitar a los ciudadanos otra legislatura bajo el partido corrupto e inhumano, que dirigir todos los esfuerzos a eliminar al secretario general que tan tenazmente se opone a abrir la puerta a una abstención que permita gobernar a ese partido?

¿Es lo mismo pedir un Congreso extraordinario para que los militantes decidan el rumbo del partido, que presentarse en la sede pasando a través de multitud de periodistas para expulsar al secretario general mediante estratagemas no contempladas en los estatutos; exigiendo mecanismos que los estatutos no contemplan; pasando por encima de normas y de plazos; adueñándose del Comité Federal del partido hasta no conseguir los fines de los sublevados?

¿Es lo mismo dejar la decisión final en manos de la militancia y pedir a todos que se unan para cumplir con esa decisión, que estar dispuesto a acabar con el prestigio del partido y con toda posibilidad de rehacerlo?

A todas luces, no es lo mismo.

Honra a Pedro Sánchez y a su ejecutiva el temple, la lealtad con que entregaron sus cargos procurando salvar la unidad del partido cuando ya no se podía salvar otra cosa. Pero los militantes, simpatizantes y votantes del PSOE no están obligados a suspender el juicio como si fueran personas amorales incapaces de distinguir el bien del mal.

Quienes durante dos años no han tenido reparo en debilitar a su propio partido cuestionando públicamente la persona y las decisiones de su secretario general; quienes el miércoles presentaron diecisiete dimisiones a la desesperada incluyendo, sin escrúpulos, en sus cuentas, las vacantes existentes en su Comisión, entre ellas la de Pedro Zerolo, hasta que alguien les apercibió de la enormidad de  su cinismo; quienes se negaron a cumplir con el orden del día de su Comité Federal hasta conseguir que se echara a Pedro Sánchez, esos no son ni pueden ser considerados miembros leales del PSOE por más que los líderes responsables pidan que se les acepte para cerrar la división. Para esos, ni el partido ni sus militantes ni sus votantes merecen respeto. Para esos, lo que importa es permitir que vuelva a gobernar el PP aunque suponga quedarse arrinconados mientras van pegando los trozos de la vajilla que su propia ambición rompió.

Los líderes responsables del partido tienen la obligación de no ahondar en la herida que ha partido al PSOE de arriba abajo, por supuesto. Pero los militantes y simpatizantes, los que han seguido al PSOE por convicción socialdemócrata tienen la obligación de no dejarse engañar y no tener miedo a llamar a las cosas por su nombre. Quienes no han tenido reparo en hundir al partido ante la opinión pública son conspiradores, sublevados que entre el miércoles y ayer por la noche, perpetraron un golpe contra su propia directiva ignorando los estatutos hasta que consiguieron sus fines. En el momento en que los órganos del partido dirigidos por los golpistas dirijan a sus diputados para que permitan el gobierno del PP, su PSOE, el PSOE salido de sus estratagemas, dejará de ser el partido socialista que agrupaba a los socialdemócratas de este país.

¿Qué quedará entonces? Un partido dividido, maltrecho, que habrá perdido su prestigio y pasará a engrosar la lista de partidos socialdemócratas europeos arrinconados en la ignominia por la marea neoliberal. En estos momentos no está claro que algo pueda evitarlo. Los sublevados se han cuidado bien de que este estropicio sea irreversible durante mucho tiempo. .

Lo que debe quedar muy claro hoy y en muchos años por venir, es que el PSOE que dio a España líderes políticos de valor indiscutible que procuraron el progreso de la sociedad de este país, no es el mismo que el PSOE que hoy está en manos de personas que entienden la política como su profesión y que tienen como máxima prioridad su propio beneficio personal.

Nos esperan muchos discursos en que los dueños de este PSOE harán todo lo posible por colarnos las bondades de la abstención. Maquillarán a sus mentiras de responsabilidad, de altas miras para permitir la gobernabilidad de España. A esa voluntad de engañarnos la llamarán pedagogía tratándonos como a parvulitos incapaces de distinguir el bien del mal.

Contra la intoxicación que nos espera por parte de los sublevados y de los medios afines a la derecha, los socialdemócratas convencidos debemos enfrentarnos como adultos y esperar el momento de echar a los conspiradores, no con sus estratagemas inmorales, sino  con la fuerza de la razón y con nuestros votos.

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11 comentarios sobre “Políticamente inmorales

  1. Así quedamos, así quedé, con el pecho partido y abierto. Con las vísceras al viento. Estos representantes del mal, del mal quehacer, del mal sentir, del mal pensar, ensuciaron lo que había comenzado a restaurarse y aún viendo que en la destrucción todo se hacía pedazos, no contentos y satisfechos, terminaron pisoteando con sus propios pies, machacando sin parar el honor de tantos años de trabajo y constancia. Tengo una gran herida, de la que me quedará una gran cicatriz…

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  2. Precisamente ayer mi esposa, con cabreo, me dijo que estaba harta de la política y de los políticos porque siempre hacen las cosas al revés de como ella las piensa.

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  3. Precisamente ayer mi esposa, con cabreo, me dijo que estaba harta de la política y de los políticos porque siempre hacen las cosas al revés de como ella las piensa.

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  4. Al final creo que se impondrá la militancia
    Hecharemos a los amotinados “Por llamarlos con suavidad”
    Y debemos enterrarlos bien profundo.
    Y Pedro triunfará, por su moral, carisma y hombre de palabra

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