De los conspiradores chapuceros

El Dinero paga y paga bien a quien bien le sirve.  En virtud del mismo poder,  el Dinero destruye y no para hasta destruir a quien se atreve a desafiarle. El poderoso caballero de otrora hace tiempo que se quitó la máscara de caballero y va por el mundo exhibiendo su cara monstruosa para que, a quien se atreva a mirarla no le quepa la menor duda de su poder omnímodo y de su naturaleza asesina. Es una cara colosal en la que se revuelven sin parar cientos de caras retorciéndose en muecas horrendas : la cara del infeliz que por unas monedas vendería a sus padres, a sus hijos, a toda su parentela; la del obispo en representación de todos los que se proclaman representantes de Dios; la del tendero, la del empresario, la del financiero; la del político corrupto y la del político que, sin corromperse, otorga al Dinero los servicios mínimos exigidos para que le permitan acceder a un cargo y conservarlo. El Dinero, ese ser en el que bulle la gusanera que mueve al mundo, no es un dios porque no crea nada, pero manda en todo lo creado con potestad sobre la vida y la muerte de todos los seres de la tierra.

El miércoles, la situación de urgencia informativa exigió a los comentaristas más minutos y más páginas que de costumbre para explicar lo que estaba pasando en el PSOE. Ninguno de ellos  hizo esfuerzo alguno, ni de intelecto ni de valor, por ofrecer a oyentes y lectores razones y conclusiones que les permitieran entender mejor la situación. Nadie se atrevió a decir que los diecisiete conspiradores que antes de ayer se jugaron el todo por el todo para hacerse con el PSOE, estaban mandados, en primera instancia, por el Dinero. No quiero creer que no lo saben porque entonces resultaría que son más ineptos de lo que parecen. Sus balbuceos, sus paseos en la noria, sus bucles repitiendo lo que tienen grabado en sus cerebros desde años ha, no obedece a desconocimiento, creo. ¿Y entonces a qué? Al pánico a caer en desgracia ante el Dinero si por un instante se les escapa la verdad.

Pocos quieren señalarse como buscadores de  la verdad. La mayoría, por pereza; los medios, porque su función es entretener, y las audiencias no quieren tostones, quieren glándulas agitadas, subidones de adrealina, materia que pinte sus vidas grises con los colores brillantes de un show americano.

El diario El País, por ejemplo supremo,  nos viene ofreciendo en sus editoriales de estos días un tutorial sobre cómo entender los nuevos tiempos y transitar por ellos  con esperanzas de éxito. Se acabaron la ética, los escrúpulos, la dignidad. Estamos en la era del triunfo del Dinero y, si el Dinero lo manda, un diario de referencia intelectual y ética, se convierte sin ningún reparo en papel para envolver el bocadillo del pobre; que no tiene el pobre derecho a manías higiénicas ni de ninguna otra índole. Se acabaron las dudas, los reparos. Si hay que mentir, se miente sin complejos, como se dice ahora. El problema de la mentira, como el de cualquier otro asunto, hoy no tiene nada que ver con la moral; tiene que ver con que el mentiroso consiga que su público se trague la trola aún a sabiendas de que se la están colando. ¿Cómo, si no, se explican los ocho millones de votantes del PP? Vale, saquemos del paquete a los corrompedores y  los que tienen esperanzas de corromper y a los corruptos y a los que tienen la esperanza de corromperse; saquemos al pobre atormentado, cuya desesperación le hace concebir esperanzas locas si vota a la derecha; saquemos a los que se quedaron en el semi analfabetismo y a los que aún se creen deudores de agradecimiento eterno al Caudillo; además de todos esos, están los que prefieren que les mientan a que les hundan en la depresión obligándoles a enfrentarse a la verdad.

Los votantes del PSOE también pueden dividirse en paquetes varios. En uno de ellos están los que se niegan a adaptarse a los nuevos tiempos y desafían a los dictadores de tendencias proclamando valores, criterio moral, racionalidad, respeto a la verdad y compromiso de pasarse la vida buscándola. A estos militantes y votantes del PSOE, el miércoles y sucesivos  no hubo ni ha habido presentador ni entrevistador ni analista ni comentarista que les haga  tragar mentiras ni sofismas ni falacias.

Rebobinemos. El miércoles dimiten diecisiete miembros de la Comisión Ejecutiva. Suponen que la renuncia de  la mitad más uno de los miembros de la Comisión hará que ésta se disuelva y dejará el partido en manos de una gestora. ¿Qué les hace suponer tal cosa? La prisa desesperada por obligar a Sánchez a marcharse a su casa. ¿Pero no se miraron los estatutos del partido? Por lo visto, no, o si los miraron o conocían, el ansia de acabar con Sánchez le pudo a cualquier razón. Calcularon que ningún mortal puede soportar las presiones a las que habían sometido a Sánchez durante más de dos años; que ya estaba el hombre tan amansado a palos que  hasta agradecería las dimisiones que le abrían la puerta de salida; que las firmas entrando y Sánchez saliendo y muerto el perro, se acabó la rabia, y ahora a poner a Susana Díaz ante cámaras y alcachofas a largar un discurso bonito que convenciera a los militantes de que el mesías 2.0 se había encarnado en una mujer que sacrificaba a sus hijos andaluces para salvar a los socialistas de toda España. Pero calcularon mal.

Sánchez y su equipo reaccionaron ante la hecatombe con la frialdad y la firmeza de líderes solventes ante una catástrofe nacional: echaron mano de los estatutos, demostraron la legitimidad de Sánchez como Secretario General hasta el Congreso y se pusieron a trabajar para limpiar el estropicio causado por la estampida de los diecisiete elefantes.

¿Y ahora qué? se preguntaron los conspiradores chapuceros. Y en ese momento no se les ocurrió otra cosa que mandar a una desconocida antes las cámaras y alcachofas que hacían guardia en Ferraz para que se proclamara primera y única autoridad del partido. A más de un espectador le volvió a la memoria la pregunta inolvidablemente original de Chiquito de la Calzada.

A la primera y  única autoridad  del PSOE de los conspiradores no le quedó otro remedio que volver a los brazos de su mentora. ¿Y ahora qué? La mentora los tranquilizó a todos. Esto lo arreglo yo mañana. Y mañana se fue ante cámaras y alcachofas a soltar uno de esos emotivos discursos que tan bien y fácilmente le salen, adornado éste con una metáfora exquisitamente femenina.  Se ofrece Susana Díaz a postergar todas las viriles responsabilidades que la abruman para ponerse a coser los girones que han dejado al PSOE hecho unos zorros. No tardó todo socialista pensante en replicarle mentalmente que había sido ella misma, a la cabeza de los otros, quien había estado destrozando al PSOE desde el aciago día en que la militancia había impuesto a Sánchez como Secretario General, hasta el último bombardeo contra Ferraz perpetrado el miércoles. Pues por eso, responde la inmutable, ahora lo coso yo y no se hable más.

Mañana seguirán hablando en el Comité Federal y en los medios, mientras los conspiradores seguirán exigiendo a sus inteligencias más de lo que les pueden dar para que les digan cómo salir de la cacharrería sin cargar con la culpa de los destrozos. Quien de ellos tenga visión de futuro y pueda, por un  instante, imaginar lo que dirá la historia del partido de los diecisiete elefantes, puede que se plantee pasar los próximos años de su vida tras la puerta de su casa.

Esto ha sido así de simple y quien no tenga ganas de dejarse engañar con adornos y sandeces disfrazados de profundas reflexiones, no añadirá nada más. Porque si nos zambullimos hasta el fondo en la cuestión, la razón de todo esto aparece reluciente como una moneda recién acuñada.

Lo que movió al aparato del partido contra Rubalcaba y dio luego la Secretaria General a quien parecía un dócil doncel, y lanzó contra Sánchez todo el ejército cuando se vio que era un socialista de verdad que de verdad creía poderse dar el lujo de devolver el partido al socialismo, fue el Dinero.

Es el Dinero el que ya desespera por ver a Rajoy y su partido otra vez en el poder. Es el Dinero el que dijo muy claro a los diecisiete conspiradores que sin el dinero de Rajoy, ni sus autonomías ni sus cargos podrían sobrevivir. Fue el terror a caerle en desgracia al Dinero lo que provocó la estampida de los elefantes que el miércoles se lanzaron a la desesperada para librarse del socialista que se niega a arrodillarse ante el Dinero, que se niega a entregar al Dinero su partido y su país.

Es lo que hay y lo demás son cuentos para salvar los rostros diamantinos de diecisiete conspiradores chapuceros.

 

 

 

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9 comentarios sobre “De los conspiradores chapuceros

  1. Excelente artículo María, felicitaciones. Un análisis quirúrgico y racional de toda esta chapuza en la que nos han metido unos ambiciosos estómagos desagradecidos.

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  2. Últimamente la mayoría de la prensa dicen lo k los mandan y eso no es información es desinformación gracias a otros medios k hoy es una minoría dicen la noticia como es y a Pedro le digo k animo k luche por los k le necesitamos k ha demostrado k no se vende x nada animo Pedro tienes mucha gente k te apoya

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  3. Liderar la transformación social a traves de Instituciones justas y cambiar las relaciones de poder para empoderar a los más desfavorecidos el Dinero no lo tolera. Pedro
    Reo eres de muerte. Gracias M.Rocafort por hablar desde la honestidad, llamando a la dignidad humana

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  4. El dinero no tolera que sean las bases quienes ponen a sus representantes, necesitan personas a la medida de los poderosos. Para esos menesteres tienen a Felipe y a Susana, dos gregarios al servicio del poder.

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  5. Estoy a punto de ejercer de avestruz, y esconder la cabeza para los que me saben socialista no me confundan con un golpista traidor y adorador del dinero. Nadie sabe como me duele tener que decir que uno faros socialista me producenrepugnanci

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