Salvar al PP

Publicado en El Socialista Digital el 10 de septiembre de  2016

Si hubiera escrito este artículo hoy, lo hubiera hecho con menos corrección, si ninguna prudencia. Lo que digo aquí se ha demostrado cierto, pero nunca pensé que los conspiradores, que hoy han intentado destruir a su propio partido, se atrevieran a tanto.

Salvar al PP

El título parece una provocación para atraer lectores, y lo es, pero es también una sinopsis que en tres palabras da cuenta y razón de lo que está pasando en España.

En la esfera superior donde conviven los poderes que rigen la vida de los españoles -el económico, el religioso y el político- se decidió hace muchos años combatir sin tregua a todo, a todos cuantos pretendieran disputar a la derecha el gobierno del país. La victoria pareció haberse alcanzado con el triunfo apoteósico del Partido Popular en 2011, pero para evitarse otro susto como el del 2004, se empezó a planear otra guerra desde el mismo día en que Rajoy obtuvo la victoria; guerra que tenía como fin derrotar definitivamente a quien podía alterar una vez más el destino político y espiritual de España. Ese quién, el enemigo a derrotar, era, es la socialdemocracia representada por el Partido Socialista Obrero Español.

La guerra empezó soterrada; de guerrillas. Al principio, la estrategia se apoyaba en dos tácticas; la financiación de grupos que podían ayudar, de un modo y su contrario, a que se perpetuara el gobierno de la derecha, y una propaganda científicamente diseñada para infundir en la masa de votantes la aceptación de las medidas del gobierno y el terror al cambio.

Inesperadamente, el 20D la mayoría de los votantes resistió el lavado cerebral y dejó al PP en tal precariedad, que Rajoy prefirió nuevas elecciones antes que sufrir la derrota pública de su investidura. Arreciaron las batallas de los poderes fácticos contra el enemigo de la derecha. Sobre Pedro Sánchez y su PSOE llovieron proyectiles ligeros y pesados sin mesura ni tregua. Y otra vez sorprendió al mundo la resistencia de la mayoría de los votantes a dejarse embaucar.

Hoy, el miedo a una derrota definitiva ha sacado la guerra a la superficiecon batallas cotidianas que se libran casi a pecho descubierto. Hoy, las armas que se utilizan no atacan a los cuerpos; apuntan a las facultades mentales con el fin de alterar la razón y la voluntad de los votantes. En este enésimo conflicto entre hermanos de la historia de España no habrá que contar muertos, por fin, pero las víctimas que pueden ver mermada para siempre la calidad de sus vidas, podrían contarse por millones.

Digamos, para simplificar sin más preámbulos, que las batallas se están librando en dos frentes: uno en el campo de los partidos nuevos y el otro en el mismísimo seno del PSOE. Siendo este último el que más peligro entraña para la socialdemocracia, dejemos que el primero siga siendo escenario de espectáculos más o menos inocuos y analicemos la batalla que a todos nos puede costar el modo de vida que elegimos con la transición; el modo de vida al que nos hemos acostumbrado hasta el punto de creer, ingenuamente, que nada ni nadie nos lo puede modificar.

Vamos al grano. Ayer, Felipe González, desde una emisora chilena, instaba a todos los cabezas de lista de las elecciones anteriores a no volverse a presentar si nos llevan a terceras elecciones. En Román paladino, dimitan todos y ese todos incluye, por supuesto, a Pedro Sánchez. No se quedó ahí. “Si una fuerza política no tiene la posibilidad de formar gobierno, tampoco debe impedir que se forme”, agregó. “El camino de la abstención es lo razonable”. Lo que en claro significa, absténgase el PSOE para que pueda gobernar el PP. Esto, a su vez, quiere decir, faciliten el gobierno a la derecha, ignorando la corrupción que afecta su médula y se ha cargado el prestigio de las instituciones de este país; ignorando las medidas antisociales que afectaron a casi todos los españoles durante sus cuatro años de gobierno, algunas de las cuales, como negar la financiación de medicamentos vitales, por ejemplo, hicieron suponer a muchos que nos estaban gobernando auténticos psicópatas.

¿Cómo es posible, entonces, se preguntan hoy millones, que el socialista más notorio de España pueda instar a los suyos a hacer algo así? La primera respuesta que salta es que ese señor conserva el carnet del PSOE, pero que por el giro que han dado sus principios, es evidente que ha dejado de ser socialista. Que tiene derecho a decir lo que piensa es indiscutible. Que su conciencia habrá elaborado sólidas excusas para pensar como piensa y actuar como actúa es de toda probabilidad. ¿Qué excusas pueden ser? Por ejemplo, no alejar a España de las tendencias germánicas que mandan en la Unión Europea; no espantar a las empresas de las que depende el crecimiento económico; otras razones varias de altísimo estado que impiden a los políticos de máximo nivel descender a la realidad cotidiana de los ciudadanos. Estas excusas pueden tener indudable solidez, pero en ningún caso justifican que un político se siga llamando socialista. Lo que apunta a otra deducción a partir de las recomendaciones de González.

La inmensa mayoría de los militantes y votantes socialistas, convencidos de los principios y los valores de la socialdemocracia -estos sí-, se opone frontalmente a que el partido que les prometió y les sigue prometiendo una regeneración a fondo de las instituciones del país, empezando por el gobierno, facilite del modo que sea una nueva legislatura del PP. Otra vez en román paladino: que si el PSOE se abstiene, abjuran del PSOE y no le vuelven a votar. Eso puede arreglarse con pedagogía, dirán los políticos de máximo nivel que por su aislamiento en las alturas piensan que la ciudadanía aún sigue repitiendo el primero de primaria como en tiempos de Franco. El Partido Popular ganó su mayoría absoluta mintiendo cínicamente con su falso programa electoral. Quienes pretenden que el PSOE se abstenga, están instando a Pedro Sánchez a que falte a sus promesas electorales y post electorales apuntándose a la cínica mentira que el PP ha instituido como recurso habitual de los políticos para engañar a los ciudadanos. Pero resulta que, como han demostrados las últimas dos elecciones, la mayoría ya no se compone de simples fáciles de adoctrinar. O dicho en castizo, la mayoría ya no traga. Si el PSOE se abstuviera, lo que en ningún caso va a suceder mientras lo lidere Pedro Sánchez, millones de militantes y votantes sucumbirían por hartazgo al desencanto y el PSOE, o lo que es lo mismo, la socialdemocracia, seguiría el camino de algunos partidos europeos de la misma ideología hacia la caja de los juguetes rotos. Eso lo saben hasta los simples. ¿Cómo no lo van a saber los prohombres a quienes se les supone la más preclara y sagaz inteligencia? Y si lo saben, ¿qué es lo que pretenden? Por respeto al entendimiento de quien se haga esa pregunta, la respuesta sobra.

Pues bien, como todos sabemos, Felipe González no es el único que desde las filas del PSOE intenta salvar al PP. Los salvadores, una media docena, se han prodigado tanto ante los medios escritos y audiovisuales que ya todos les conocen por su nombre y su intención. Se les puede aplicar lo mismo que se deduce de la postura pública de González aunque sus excusas, ventiladas también públicamente, cuentan con otro matiz. Se trata de presidentes de comunidades autónomas que instan a Pedro Sánchez a facilitar la investidura de Rajoy con el pretexto de que sin gobierno central, no tienen dinero para llevar a cabo las medidas políticas que requiere su ciudadanía.

Tiro de gracia al corazón de la ética. Desaparezca del panorama nacional todo viso de escrúpulo. Perded toda esperanza quienes entráis en la gusanera que está devorando principios, valores, todo cuanto pueda oponerse a la multiplicación desaforada del dinero. El PP, la derecha, es la guardiana del nuevo orden contante y sonante y Mariano Rajoy es el padre que nos cuida a todos para que el dinero no nos falte; que a unos llegue en tanta abundancia como puedan procurarse sin que nadie perturbe sus intentos y que llegue a otros justito para que no intenten trepar adonde el destino no les ha destinado. Así que a respetarle el trono a Mariano Rajoy que es el que tiene el dinero en la mano y si le echamos nos quedamos sin. Más claro, agua embotellada.

En resumen, que la división interna del PSOE es la carta ganadora del PP. La guarda como oro en paño y la exhibe en la prensa afín extrayéndole beneficios como el dueño de la gallina de los huevos de oro a su gallina. De esto se da cuenta hasta el más corto de luces.

Puede que los barones de la discordia tengan razón y no haya salvación posible fuera del neoliberalismo. Pero si tan convencidos están, ¿por qué no dejan seguir sobreviviendo en paz a quienes aún creen en los principios que inspiraron la fundación del Partido Socialista, a quienes aún creen que es posible una sociedad limpia, abierta, justa, solidaria donde la mayoría de los ciudadanos no sean instrumentos para beneficiar a una minoría y a los políticos que les protegen?

Dicho lo cual, solo queda una última reflexión que ningún socialista puede saltarse. Dividir el partido entre buenos y malos socialistas es, evidentemente, otra forma de dividirlo. Faltar el respeto a presidentes de comunidades autónomas elegidos por sus ciudadanos hace tanto daño al partido como todas las armas que se están utilizando en su contra. Sepa el socialista convencido que cada vez que utiliza las redes sociales para arremeter contra políticos del partido a quienes, por más que se equivoquen, no se les puede negar la presunción de querer lo mejor para sus ciudadanos, se están sumando a las fuerza que luchan para salvar al PP.

La división se combate haciendo todo lo humanamente posible por convencer de que la salvación y la victoria del PSOE sólo se puede conseguir mediante la unión de todos los socialistas. Esa unión de militantes y votantes tras Pedro Sánchez y su equipo es lo que aún permite a los socialistas concebir esperanzas. La unión de Pedro Sánchez, todo los líderes del partido sin exclusión, y sus militantes, simpatizantes y votantes es lo único que ahora puede hacer que el PP ya no cuente con mayoría que le salve.

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2 comentarios sobre “Salvar al PP

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