Un país indecente

Publicado en Publicoscopia el 16 de diciembre de 2015

 

En el gran debate, Sánchez llamó indecente a Rajoy. Discretos comentaristas dicen que se pasó; que hay que respetar las formas, la buena educación. Lo que hay que respetar es la objetividad en los conceptos que la razón elabora y traduce en palabras  que salen preñadas de los significados que se quieren comunicar. El español cuenta con una institución que se encarga de fijar esos significados. Dice la Real que indecencia es un dicho o hecho vituperable o vergonzoso. Indecente no es un insulto. Es decir que una persona carece de honestidad, de justicia; es decir que no obra dignamente. Al llamar indecente a Mariano Rajoy, Sánchez le aplicó un calificativo que condensa el juicio moral sobre su forma de obrar como ministro, como jefe de la oposición y como presidente del gobierno; un juicio en el que coinciden unánimemente propios y extraños aunque los primeros encuentren excusas para justificar su conducta indigna.

Nadie puede negar que la trayectoria de Rajoy ha sido vituperable. Que se haya lucrado con los tejemanejes corruptos de su partido y de muchos de sus cargos, está por verse; de lo que no cabe duda es de que los consintió. Ese consentimiento basta para calificarle de deshonesto. Al utilizar el dinero de todos los españoles -cuya mayoría la constituyen pobres y medio pobres- y el poder que le han conferido sus diversos cargos, para beneficiar a personas afines -los más favorecidos por la fortuna-, Rajoy merece el calificativo de injusto. Deshonesto e indigno es  hacer de la mentira un uso habitual con la intención de engañar a los ciudadanos a los que se representa. Rajoy mintió como ministro para tapar errores del gobierno minimizando una catástrofe ambiental de proporciones colosales, y para evitar las consecuencias negativas que pudiera tener para su partido un acto terrorista que costó miles de vidas humanas contando los muertos, los heridos, los incapacitados, los familiares destrozados por el dolor a perpetuidad.  Rajoy utilizó la mentira en su oposición brutal contra el gobierno de Rodríguez Zapatero, anteponiendo sus ambiciones políticas a la solución de conflictos como el terrorismo etarra y de una crisis internacional que amenazaba con hundir al país. Sus críticas al anterior jefe de gobierno, dentro y fuera del Parlamento, incluían sin ningún escrúpulo la difamación y la calumnia. Rajoy mintió sin límite ni freno proponiendo a la ciudadanía un programa electoral falso para acceder a la presidencia, mientras estaba dispuesto a aplicar otro totalmente distinto que, por sus medidas antisociales, podía costarle perder las elecciones. Rajoy siguió mintiendo durante sus cuatro años al frente del país siempre que le convino, sin que le detuviera la vergüenza de ser desmentido por los hechos o de tener que desmentirse a sí mismo. Rajoy acabó por contar con la credulidad y la idiotez de la gente hasta tal punto, que dejó de cuidar la coherencia de su discurso y se puso a decir disparates que se han convertido en risas públicas, deshonrando la dignidad de su cargo. Cuando en el debate Pedro Sánchez llama indecente a Mariano Rajoy, nadie puede acusarle de falta de objetividad.

Mariano Rajoy se presenta a las elecciones de 2011 con un abultado historial de conducta indecente. La crisis internacional golpeó a España con más brutalidad que a otros países porque los millones de  empleos que proporcionaba la construcción se convirtieron en millones de desempleados cuando la construcción se vino abajo. El fenómeno de la construcción desenfrenada lo había propiciado la ley del suelo bajo el gobierno de Aznar, gobierno en el que Rajoy era ministro. Entre los despropósitos que ya eran del dominio público, Rajoy contaba además con sus mentiras sobre el Prestige y los atentados del 11M. Sus calumnias contra Rodríguez Zapatero y su negativa a colaborar con el gobierno en un asunto tan grave como el terrorismo etarra y en un momento de emergencia nacional causada por la crisis, ya habían revelado su falta de responsabilidad como jefe de la oposición y su determinación de colocar sus ambiciones  políticas por encima de los intereses del país. Ese historial no se ocultaba en mentideros; era del dominio público. Y sin embargo, el 20 de noviembre de 2011, una gran mayoría de españoles otorgó a Mariano Rajoy el poder absoluto para que pudiera transformar el país a su antojo. Que los ciudadanos depositaran su confianza en un individuo con tales antecedentes, podría calificarse de ingenuidad o de estupidez. Es la explicación más sencilla y menos vergonzosa. Pero existe otra posibilidad mucho peor. Existe la posibilidad de que le votaran por ignorancia, por cobardía, por egoísmo y falta de solidaridad o hasta por compartir su indecencia.

Durante su primera legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero redondeó el estado de bienestar y  justicia social que había empezado a instaurarse en España desde 1982 con el primer gobierno del PSOE. Los españoles pudieron disfrutar de un respeto a sus libertades y de un reconocimiento de sus derechos que se consideraron modélicos en Europa y América. En su primera medida de gobierno, Rodríguez Zapatero cumplió una promesa electoral retirando las tropas de Irak, donde las había enviado Aznar en contra de la voluntad de la mayoría de los españoles. Con visión de hombre de estado, Rodríguez Zapatero  propuso la Alianza de Civilizaciones buscando un diálogo para acabar con el terrorismo sin guerras con la participación de los países islámicos.

Mariano Rajoy y su partido ejercen una oposición feroz a todas las medidas del gobierno. Recurren ante el Tribunal Constitucional varias leyes, entre ellas las del matrimonio homosexual. Rodríguez Zapatero consigue pactar con Artur Mas el Estatut de Cataluña. Mariano Rajoy y su partido recogen firmas en toda España contra el Estatut y también lo recurren. La sentencia de este tribunal desprestigiado por su politización, causa un rechazo en Cataluña que años después se materializa en un independentismo radical, casi mayoritario.

Cuando estalla la crisis internacional causada por la bancarrota de Lehman Brothers, todos los medios de comunicación del país, mayoritariamente en manos de la derecha, empiezan a decir y a repetir que estamos en crisis. Rodríguez Zapatero se niega a aceptar el término en público. Oposición y periodistas se le echan encima como si el hecho de que el presidente aceptara públicamente que estábamos en crisis, pudiera hacer que el monstruo desapareciese por arte de magia. Un día el presidente se atreve a decir que se vislumbran brotes verdes, y prensa y oposición ponen el grito en los infiernos como si pidieran perdón a Satanás por albergar esperanzas. La esperanza es algo que la oposición quería erradicar de España para que los españoles, desesperados, se echaran en sus brazos. Y se echaron y votaron mayoritariamente al Partido Popular de Mariano Rajoy.

Hoy todas las encuestas dicen que el Partido Popular volverá a ganar las elecciones. Esas encuestas nos hablan de una mayoría que se resigna a la corrupción, que calla ante la indecencia que se revela en sus gobernantes; una mayoría que, con su silencio, se hace cómplice. Esas encuestas nos dicen que la mayoría de este país está acobardada, paralizada por el miedo a perder lo que tiene; una mayoría que por ese miedo renuncia a su principios, a sus valores morales. Esas encuestas nos dicen que la mayoría se ha encerrado en las valvas de su egoísmo, ignorando a los millones de compatriotas que las medidas de Mariano Rajoy y su partido empujaron a las cunetas donde ya nadie les mira para no verlos. Repugna, repugna profundamente imaginar a esa mayoría votando para dar otra vez el poder a un hombre y a un partido que exhiben sin ningún recato su indecencia. Repugna y horroriza pensar que vivimos en un país indecente.

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4 comentarios sobre “Un país indecente

  1. Todo. Absolutamente todo. Desde la E con que empiezas este resumen de la verdadera historia de España, hasta la otra E, con que lo concluyes, es, sin fallar una coma, la verdadera historia política de los últimos años.
    Por eso estoy de acuerdo contigo, como no se puede estar más. Y me repugna sobremanera, vivir en un país de indecentes, gobernado por un presidente indecente, del partido más indecente de la historia.

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  2. El oportunista es ese tipo que merodea a su víctima y espera el momento para caerle y sacar el mejor de los réditos. Esto en política es el caramelito de miel que le chorreaba a Rajoy por esa barba tupida y que le sirvió para hacerse de un gobierno que no imaginábamos, ni en tiernas pesadillas, tan ruin. Sumado a un 15M que le terminó de redondear su salto perfecto. Saltó abrigado, cayó libre y sin golpe alguno. Lo peor vendría después. Sus cuatro años de siniestra apatía al pueblo y sus eternas reuniones de amigos del poder confabulando. Qué inocente España, qué inocentes los españoles, que la inocencia no se convierta en ignorancia y por ende, en indecencia.

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  3. Pues sí María, ese es el adjetivo adecuado que califica a un partido y a un país. Los mayores porque la memoria les hace agua y los jóvenes porque no la tienen, la casa, mejor dicho el país sin barrer. El Rajoy de la actualidad es el mismo que dirigía al PP gallego, Secretario General, en los años en que el partido se financió de manera ilegal, costando más del doble de lo que permitía la Ley para la campaña donde Fraga ganó la presidencia de la Xunta. Las donaciones estaban ligadas al contrabando, costumbre que parece siguieron sus sucesores, recordemos las compañías de Feijóo. ¿Cómo pretenden que censure la actuación de Rita, de Bárcenas y compañía? Se estaría culpando a él mismo, puede que no tardando mucho haya un debacle porque las lenguas de sus adheridos compinches las van a sacar a pasear. Indigno, sí, porque ha traspasado todas las líneas de la decencia, de la libertad, de los derechos de los ciudadanos. Han comprado de una manera u otra al poder judicial, al periodístico; han robado a la sanidad, educación, chantajean, juegan con lo más doloroso como ha sido el terrorismo de ETA. Sí Rajoy y sus compinches son indignos también lo es este país porque ellos son el reflejo de un pueblo acomodado, adoctrinado, aborregado, servil, sin un ápice de justicia, solidaridad, en una palabra, dignidad, como tú tan bien lo has definido.

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