Pedro Sánchez no tiene salvación

Publicado en El Socialista Digital el 2 de septiembre de 2016

 

Pedro Sánchez no tiene salvación. Se lanzó a la campaña de diciembre y a la de junio prometiendo cambio, y unos ocho millones de españoles le dijeron quita, quita, estamos bien así. Pero Pedro no entendió, no ha podido entender aún que tanta gente quiera aferrarse a un destino infame; que tanta gente prefiera vivir en la atmósfera sórdida y maloliente de una cueva, a dar un paso adelante para salir a la luz y al aire fresco.

El 31 de agosto, fecha para la historia, vestido con oscura discreción, Pedro Sánchez subió al escenario del Congreso y con semblante circunspecto y voz comedida, empezó a enumerar las razones por las cuales su partido no estaba dispuesto a permitir, con sus votos o su abstención, que un partido corrupto de ideología inhumana volviera a gobernar el país.

Las razones caían a plomo sobre quienes le escuchaban en el hemiciclo. A excepción de las caras de dos o tres aduladores oficiales del partido de gobierno que sonreían con expresión de idiotas, el resto de los diputados mostraban un rostro a juego con la gravedad del momento. Los menos habituados a la simulación parecían estar musitándose: joder. Porque cada una de esas razones arrancaba a España jirones de pelo, de máscara, de ropas, hasta dejarla cual impúdica maja desnuda tumbada en su canapé, exhibiendo ante el mundo un cuerpo devastado por ochenta años de mal vivir. Por la cuenta que le tenía, Mariano Rajoy la había pintado el día anterior con el mimo del retratista de Dorian Gray. Pedro Sánchez destrozó el cuadro a puñaladas de realismo y ni la encendida paleta de adjetivos de Wilde alcanzaría a describir la repulsiva visión de la España real cuando Sánchez hubo hecho trizas la de mentira.

Pedro Sánchez no tiene salvación. Mariano Rajoy le escuchó, incapaz de contener las muecas que le provocaban el odio, la indignación y a veces parecía que hasta la vergüenza –aunque puede ser discutible la existencia de tal sentimiento en el personaje. Al llegar su turno de réplica, Rajoy se vengó, según su costumbre, echando mano del sarcasmo para ridiculizar la quijotada de Sánchez. Con la cara descompuesta por sonrisas forzadas, mientras emitía frases jocosas, sus ojos lanzaban una sentencia de muerte; “Pedro Sánchez, no tienes salvación. Nadie te va a perdonar que hayas restregado en la cara de todos la realidad del país, dejándoles a todos sin la excusa de la ignorancia para disculpar su complicidad”.

Cuando Sánchez terminó su intervención, periodistas, analistas y comentaristas se miraron un instante con estupor y de alguna garganta salió lo que pensaban. Sánchez ha quemado las naves. Sánchez ha roto los puentes. Ahora sí que parece que el “No” va a seguir siendo que “No”. Pero en ciertas profesiones como las susodichas, las exigencias de la realidad se imponen a toda reacción emocional. En pocos minutos, los diarios ya tenían sus titulares en los que no se hacía ni la más somera mención a las razones ventiladas por Sánchez. Los tertulianos empezaron de inmediato a comentar la finísima ironía de Rajoy, su cintura endurecida por décadas de política activa, sus dotes de brillante parlamentario. De Sánchez se mencionó su rotundidad, su dureza, su empecinamiento en no dejar ni una puerta abierta por donde atisbar una posible solución, pero nadie mencionó siquiera la minuciosa autopsia en la que Sánchez había expuesto todos los males de una sociedad dividida, empobrecida, encanallada.

Cuando apareció Iglesias en su popular papel de deus ex machina, desviando la atención de visiones y consideraciones demasiado serias y aburridas para cualquier audiencia, todos se olvidaron de Pedro Sánchez. De Iglesias siempre se espera espectáculo y nunca defrauda, pero ayer, tal vez para liberar la tensión que Sánchez le causara, Mariano Rajoy se prestó a darle la réplica y se la dio cual genial característico. Sus intercambios dialécticos rezumaban romanticismo hasta el punto de evocar una escena del sofá de Zorrilla versión bufa. Sus palabras, sus gestos, sus sonrisas, su sintonía suministraron ayer a todos los medios material suficiente y adecuado para librar del muermo a los programas de política, permitiéndoles seguir compitiendo con los del corazón en la caza de audiencias.

¿Qué dijo Rajoy? ¿Qué dijo Sánchez? ¿Qué dijo Iglesias? ¿Y a quién le importa? Lo que importa, dicen todos, es que hay que tener responsabilidad y visión de estado y patriotismo, etcétera, para dejar gobernar a Rajoy o sí o sí. Y que el único que no tiene nada de eso en este país es Pedro Sánchez porque parece ser el único que se ha tomado la molestia de analizar las cosas como son; el único que no entiende que los políticos no pueden hablar con la franqueza de los de a pie; el único que se atreve a decir que el gobierno del país no se le puede entregar al presidente de un partido procesado por corrupción; el único, en fin, que no tiene ni pajolera idea de lo que es la política en un país tan culto que no hay político que ignore los consejos de Maquiavelo encareciendo al príncipe a no permitir que la ética informe y controle sus actos.

De lo que dijo Pedro Sánchez lo único relevante es que dijo que no, lo que le hace más malo que malo; pésimo. Oiga usted, le gritan desde todas partes, que a Rajoy y a su partido les votó la mayoría de los españoles y estamos en una democracia. ¿El 33% es la mayoría de los españoles? Al PSOE solo le votó un 22%. Por eso insiste Sánchez en que el PSOE debe estar en la oposición. Pero es que si no deja gobernar a Rajoy, no habrá gobierno, y sin gobierno no puede haber oposición. ¡Toma falacia!

Ante el atascamiento de la situación y la temeridad de Pedro Sánchez, los nervios se desatan en los cuartos oscuros donde, en el guirigay del día y en el silencio de la noche, la ambición trabaja sin descanso. Visto lo visto y oído lo oído, a Sánchez solo le doblega el Comité Federal, dicen, y salen cuatro de su mismo partido a exigir que el comité se reúna cuanto antes a ver si desautorizan al niño nuevo que está poniendo la política española patas arriba. ¿Pero quién es el guapo que se atreve a desautorizar a los millones de militantes y votantes que apoyan la firmeza de Sánchez y le conminan a seguir diciendo que no? ¿Quién es el inconsciente que intente empujar al PSOE a la abstención para que la claudicación le cueste verse de vieja gloria en el grupo mixto?

Pedro Sánchez no tiene salvación a menos que el 25 de diciembre los cielos confundan la Navidad con Pentecostés y la mayoría de los españoles reciba ciencia y valentía infusas y en vez de culpar a Sánchez por el deplorable estado de España, reconozca a los verdaderos culpables y les mande a la vice oposición, por detrás de Unidos Podemos. Lo que supone esperar una intervención sobrenatural.

Lo cierto y natural es que muy pocos españoles saben lo que Pedro Sánchez hizo y dijo para demostrar que ningún político decente podía permitir otros cuatro años de desastre para el país. Casi nadie ha visto a España en cueros vivos tal como está. Lo natural y previsible es que o le desautorice el comité de su propio partido, o le desautorice la mayoría volviendo a votar por el PP porque no ha visto ni oído ni leído razón alguna que racionalmente le convenza de que debe cambiar su voto por el propio bien de cada uno de los españoles y por el decoro de esta pobre España nuestra.

Pedro Sánchez no tiene salvación a menos que los militantes y votantes del PSOE que le siguen se conviertan en Fuente Ovejuna y se hagan oír por todos los medios a su alcance, infundiendo más miedo que todos los comendadores juntos.

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3 comentarios sobre “Pedro Sánchez no tiene salvación

  1. No conseguirán dejarlo como vieja gloria en ningún grupo mixto, tiene seguidores incondicionales que le aplauden (aplaudimos) , suficiente juventud, destreza, agilidad mental y sobre todo ideas; en el peor de los casos, conseguirá crear un nuevo partido y llevarse un gran porcentaje de votos. El tiempo nos lo demostrará. Pedro: estamos contigo.

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  2. Enhorabuena María Mir. Mejor pintado no puede estar! La realidad cuando coincide con la verdad, sobrecoge y estremece. En este caso también refresca el aire enrarecido y nos permite respirar y creer en que el futuro de España de la mano de Pedro S. es posible. Pero, ¡ay!, no puedo olvidar a otro socialista, cuya memoria vindico, que teniendo en su mano una solución perfecta fue traicionado por los suyos, algunos, y denigrado por los sublevados golpistas de Franco, y murió en el exilio olvidado e inmerecidamente juzgado por la historia. Me refiero a Juan Negrín. Veo muchos paralelismos entre él y Pedro S. honradez, coherencia, lealtad, inteligencia, visión de Estado. Ojalá se quede ahí. Pedro Sánchez es de los seres humanos que entran pocos por siglo!.

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