Al grano:que NO es NO

Al grano. Nos están conduciendo, como ovejas al matadero, a una realidad política y social dirigida por una ideología única.

 

Hay tertulianos y comentaristas que presumen de no caer en lo que hoy se llama conspiranoia. Su objetividad les exige limitarse a comentar los hechos que objetivamente pueden observar. Pero hoy y aquí, los hechos que nos dejan observar, las declaraciones que nos permiten oír forman el decorado y los diálogos de una obra de teatro concebida para distraernos mientras los poderes que rigen el país configuran el tipo de sociedad en el que nos tocará vivir; la clase de vida que nos tocará sobrellevar hasta que entreguemos el relevo a otra generación aun más atontada, aun más dócil que la nuestra. Por eso, quien se niegue a levantarse de su butaca de observador para colarse entre bambalinas, con espíritu de sabueso, a investigar qué es lo que está pasando, qué es lo que están tramando, será todo lo objetivo que quiera, pero es, además, o cómplice de los que mandan o un ingenuo del copón.

Al grano. En una situación insólita, hasta hoy desconocida en los regímenes democráticos, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, cargado con el Partido Socialista que le apoya, ha sido arrastrado hasta el centro del escenario nacional para someterle ante el público a una andanada de reconvenciones y exigencias para que abdique de sus principios socialdemócratas, de su programa electoral, de su compromiso con los millones que le votaron. El aluvión le cae de todas partes. Diríase que el clamor que le conmina a claudicar para dar vía libre a un gobierno corrupto dirigido por la más salvaje política neoliberal es el clamor unánime de todos los españoles. Pero eso es falso.

Todos los que acusan a Pedro Sánchez de antidemocrático por no entregar el poder al partido más votado; todos los que le acusan de inmovilista, de irresponsable y de cuanto se les pasa por el magín para sacudirle, tienen algo en común. Las voces salen de distintos partidos, incluyendo el PSOE, pero de gargantas empeñadas en decir cualquier cosa con tal de defender los privilegios de su clase; una clase política sometida al servicio de quienes garantizan la estabilidad del statu quo.

¿Y cuál es el statu quo? Partidos con organización a cargo de organizadores intocables que se aseguran su intocabilidad amenazando a los replicantes con lanzarlos a las tinieblas del anonimato y prometiendo a los aspirantes dóciles la inclusión en listas y cargos que hagan brillar sus nombres propios -donde dice cargos, léase sueldos-. Partidos cuya buena vida depende del Capital que les sostiene a cambio de que apliquen políticas favorables al Capital cuando lleguen al poder.

Ya pueden protestar de su honestidad, responsabilidad, visión de estado todos cuantos protestan de todo eso para justificar el ansia de que Rajoy vuelva a gobernar. Todas esas palabras nobles se revelan burdas mentiras cuando se utilizan para encubrir la voluntad de que nada cambie; de que zapateros a sus zapatos; es decir, empleados a sus trabajos para mantener a los que mandan como manda el dios de los que mandan; y los que mandan, a hacer lo posible para que a los empleados no les falte techo y comida para que puedan mantener a los que mandan sin problemas mayores. Zapateros a sus zapatos; que los españolitos vayan a lo suyo y dejen a los dirigentes dirigirlos en paz sin incordiar. ¿Pueden presumir de honestidad, responsabilidad y visión de estado los políticos y los opinantes empeñados en entregar el gobierno del país a un partido corrupto que se rige por la salvaje ideología neoliberal que ha partido en dos a la sociedad española, los que tienen y los que no tienen, creando una desigualdad de tiempos que creíamos antiguos y desaparecidos para nunca volver?

Harían bien en ahorrarse mentiras y eufemismos que no hacen ninguna falta porque ya todos nos sabemos la cartilla. Las cosas son como son y así las dejó Francisco Franco confiando en que la mayoría de los españoles haría lo que fuera para conservar la paz, aunque fuera la paz de los sepulcros; y garantizarse la supervivencia, aunque fuera la de una vida sin dignidad –la dignidad no se come-. Para no repetir la receta de la sopa de ajo, dejo aquí enlace para que los espíritus curiosos que no han tenido tiempo ni medios para dedicarse a la lectura por ser de los que trabajan para mantener a los solventes, se empapen bien de lo que es y significa el franquismo sociológico, la sociedad en la que viven o malviven la mayoría de los españoles. Quien se reconozca en el rebaño que Franco dejó bien domesticado podrá al menos optar por una de dos opciones: rebelarse y luchar por un auténtico cambio o asumir su cobardía y entregarse a la resignación para que le permita irse muriendo en paz.

Al grano. Pedro Sánchez Pérez-Castejón y sus asesores cometieron un error que no le quieren perdonar ni los bien colocados ni los colocados tan mal que viven temiendo que su colocación empeore.

El PSOE lanzó su campaña electoral previa a las elecciones del 20D prometiendo cambio. No repararon en que decir cambio es como mentarle la bicha a unos españoles domesticados, entrenados para desconfiar de cuanto les altere la rutina; a los que su rutina les resulta favorable porque ya les va bien, y a los que viven una rutina de pena porque les podría ir peor. Cierto que el PSOE de 1982 arrasó prometiendo cambio, pero eso ocurrió hace treinta y cuatro años y lo que se quería cambiar entonces era una situación inestable, de incertidumbre, de amenaza de sables y pistolas. Cierto que el PP de 2011 también ganó prometiendo cambio, pero lo que entonces se quería cambiar era una situación de crisis económica que había llevado a miles de empresas a la banca rota y a millones de personas al desempleo. En 2015, hablar de cambio era decir a los españoles que había que cambiar a un gobierno que había creado cientos de miles de puestos de trabajo y que tranquilizaba al personal, como un potente psicótropo, con cifras macroeconómicas que casi nadie entendía, pero que demostraban que España iba muy bien. Pero mire usted, que la inmensa mayoría de esos puestos de trabajo son por horas, por días, por un par de meses, sin derecho alguno a exigir condiciones dignas, con sueldos de miseria; que ofrecer un trabajo de esos es como darle al hambriento una piruleta porque usted va a trabajar toda su vida, pero se va a pasar toda su vida a verlas venir, aterrado por la incertidumbre sobre si encontrará trabajo cuando se le acabe el contrato que tiene, si es que tiene contrato; con la única certeza de que, con lo que gana, está usted metido en el círculo de la pobreza del que ya no va a salir en toda su miserable existencia. Puede que el vapuleado y resignado español dudara unos días mientras le llegaban de aquí y de allá las promesas electorales de costumbre. Pero en el último momento, un 28, 72% de los votantes, que resultó mayoritario, se acordó de la mal llamada y peor entendida, pero universalmente popular Ley de Murphy, y volvió a coger la papeleta del PP por si a las moscas. El número de los anticambio se incrementó el 26J hasta el 33%.

Al grano. Pedro Sánchez empezó por el intento de cambiar a un partido anquilosado para transformarlo en un organismo vivo y activo en el que las voces de militantes, simpatizantes y hasta votantes se atrevieran a hablar y se escucharan con el mismo volumen, más o menos, que las voces de los dirigentes. Con lo que se echó en contra a algunos dirigentes para siempre jamás.

Pedro Sánchez se atrevió a apelar al patriotismo y a la responsabilidad de todos los diputados presentando en el Congreso un programa socialdemócrata concebido para reconstruir la sociedad española sobre fundamentos de igualdad, justicia y solidaridad. Claro que sabía que los votos de los diputados no se consiguen apelando a sus valores morales o al interés general; se consiguen con pactos y los pactos, como hasta los comentaristas repiten y todos sabemos, suelen ser cambios de cromos dirigidos por los intereses y las ambiciones de los partidos pactantes. ¿Cómo pedirle a un líder que anteponga el interés general a su esperanza de sorpasar a todos los partidos, por ejemplo? En fin, que una muestra de valor y firmeza como pocas se habían visto en la política española, fue considerada y presentada ante la opinión pública como un fracaso. Pero el acto de valor de Pedro Sánchez puso en evidencia los actos de los demás.

Al grano. Pedro Sánchez se niega a permitir con la abstención del PSOE que el 33% de los votantes condene a todos los ciudadanos de este país a acatar con resignación cuatro años más de recortes de libertades y derechos. Pedro Sánchez se niega a ignorar el NO al Partido Popular del 67% de los votantes. Pedro Sánchez se mantiene firme insistiendo en que una minoría no puede vencer a la mayoría en una democracia. ¿Que solo queda pactar con los que representan a ese 67%? ¿Que si eso no puede ser por las razones que no pudo ser la investidura de Sánchez en marzo, habría que volver a votar, con el más gasto y el cansancio que se les causaría a los pobrecitos españolitos –término de Casado? Conmueve el súbito interés por el bienestar de los españolitos de quienes han hecho todo lo posible por jorobarles la vida y de quienes no han hecho nada para evitarlo. Hoy millones agradecen ese interés, pero dicen, no, gracias.

Al grano. Millones de militantes, simpatizantes y votantes del PSOE de Pedro Sánchez, sin miedo al cambio, sin miedo a votar, están gritando por todos los medios a su alcance que el NO a gobierno del Partido Popular siga siendo NO aunque haya que seguir votando hasta el día de juicio. Porque ya no hay falacia ni engañifa que les haga aceptar que hay que resignarse a vivir donde te haya hecho nacer el destino en una sociedad dividida entre los que mandan y los que trabajan para que esos puedan seguir mandando. Porque en una democracia manda la mayoría y la mayoría ya ha dicho dos veces que no a Rajoy, a su partido y a la política de otros tiempos. Millones de españoles con Pedro Sánchez a la cabeza siguen y seguirán contestando a los metemiedo y a los cobardes que NO es NO.

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5 comentarios sobre “Al grano:que NO es NO

  1. A muchos de nosotros nos extraña, nos cuesta comprender que una parte de la ciudadanía se deje embaucar por la propaganda, el mensaje que nos transmiten la mayoría de los medios de parte del PP, el mensaje de sus dirigentes, que día a día es el mismo. Bueno, buenísimo Rajoy, malo, malísimo Pedro. Da igual lo que les digas, el recuerdo de toda la corrupción en la que está metida el partido, da igual, enseguida se refieren “al tú más” o al patriotismo. La mejor definición es la que ha hecho María ” Franco dejó al rebaño bien domesticado” Tan domesticado que han adoctrinado a las siguientes generaciones. El PP no mintió cuando prometió en las elecciones del 2011 el cambio, aprovechó la crisis para imponer sus verdaderas políticas, la igualdad que íbamos consiguiendo la borró con leyes donde perdíamos la mayoría de los derechos. Al poder no le interesa que los hijos de los ciudadanos de segunda estén tan preparados académicamente como los suyos, no les interesa que tengan las herramientas necesarias para cuestionarles. Pedro Sánchez no interesa, les cuestiona, no se amolda a sus intereses, cumple lo que promete ¡Huy, qué miedo en un político! Da miedo a los de fuera y hasta a algunos de dentro. Desde el momento que fue Secretario General impuso transparencia, se puede verificar lo que cobran, sus posesiones, todo esta en la web; dedicación exclusiva a la política, a sus cargos. El enemigo de la España de Rajoy lo tiene muy difícil, se ha curtido en estos dos años, lo está demostrando con su templanza, su resistencia, su capacidad negociadora. Ha sido el líder que más trabas le han puesto, parece como si a algunos dirigentes no les interesada un líder fuerte, consolidado. Lo contrario que pasa con los militantes, nosotros sí le damos su lugar porque no se deja amedrantar por el acoso de nadie, por las falsas maniobras para que el Partido Socialista se abstenga. Su “No” es el nuestro; es la única respuesta a un partido corrupto y fascista, que no se le olvide a nadie.

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