Otro manifiesto contra otro manifiesto o a punto de apagar y vamonós

 

Acaba de salir otro manifiesto.

El otro día eran estrellas socialistas de la época del cine en blanco y negro junto a colegas de la derecha, unidos todos por una profunda responsabilidad de estado, para recordarle a Pedro Sánchez y al PSOE rojo de hoy  que hay que hacer posible la gobernabilidad de España sea como sea, aunque sea pringándose de mierda indeleble, porque ir a terceras elecciones y dejar que los ciudadanos decidan cómo se sale del atolladero, es un absurdo.

El manifiesto de hoy está suscrito por 450 estrellas comunistas, también antañonas; actores revelación de mareas, compromisos, verdes, activistas; sindicalistas, economistas alternativos; escritores, humoristas, pintores. La cosa, por lo menos, pinta más divertida.

Como en el anterior manifiesto de autoridades, éste persigue recordar a los líderes que hay otra opción de gobierno que evita tener que embarrarse con el PP. Sus firmantes, tal vez con más alto nivel de intelectualidad y justicia que los otros, no intentan, subrepticiamente,  que el personal se quede con la idea de que han tenido que salir a la palestra porque al pobre Sánchez no se le ocurre nada. Estos, por lo menos, reparten sus consejos no solicitados alícuotamente entre todos los líderes, por si a todos falta la creatividad que los firmantes se suponen con su invento.

El invento consiste en recordar a todos que el PP no tiene mayoría absoluta y que la suma de todos los demás partidos sí tiene. Razón por la cual, sumando los votos de los demás partidos, se puede conseguir un gobierno alternativo al PP; un gobierno formado por PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos ¿Pero no es eso lo que intentó Pedro Sánchez en marzo? Bueno, sí, pero como nadie le hizo caso, los 450 firmantes del manifiesto de hoy lo presentan como una idea nueva y rompedora a ver si, gracias a su patrocinio, esta vez engancha y cuela.

Y otra vez en nombre del ciudadano anónimo, la que aquí suscribe se pone a contestar a tan ilustres manifestantes en este contra manifiesto firmado por mí y por los millones de ciudadanos que piensan como yo, pero a los que solo se les escucha en sus casas y en sus bares.

Vamos a ver. En este día del Señor, la situación es la siguiente. El rey llama a Rajoy. Puede pasar que Rajoy sufra un ataque de responsabilidad y valentía y acepte soltar su discurso de investidura sabiendo que le van a derrotar. Harto improbable. El sentido de responsabilidad y la valentía no son virtudes que puedan adquirirse en un instante. Lo más razonable es suponer que Rajoy le dirá al rey que con sus 137 diputados no va a ninguna parte; que los otros son muy malos y han dicho que le votarán que no y que, por lo tanto, lo más serio es no aceptar la propuesta de su majestad de formar gobierno, aunque se agradece.

Rajoy comunica su negativa a la prensa. (Dentro música de suspense). ¿Y ahora qué? Ahora, o se desemperra Sánchez y dice que no es sí porque no queda otro remedio, o  nuevas elecciones porque si no, el caos, dice Rajoy.

Supongamos que Pedro Sánchez decide hacer caso a los ex ministros de su partido y se presenta ante la prensa para anunciar que el PSOE se abstiene, por sentido de la responsabilidad, para que gobierne la lista más votada, el Partido Popular. (Dentro algo así como la Fanfarria para el hombre común  de  Aaron Copland). Los medios interpretan el anuncio como la despedida de Pedro Sánchez de la vida política y el principio de la agonía terminal del PSOE. Mientras Sánchez, ya casi descuartizado, se retira a la inopia a contar los días que le quedan de vida, los líderes a quienes tocará reanimar al partido se lanzan frenéticos a recabar apoyos para  el próximo congreso que habrá de devolver el partido al aparato, porque se acabó el experimento de dejar las decisiones serias en manos de los militantes, que después mira lo que pasa. (Dentro El vuelo del moscardón de Rimsky-Korsakov).

Pocos minutos después aparece ante la prensa Pablo Iglesias, triunfante, resplandeciente. Dentro (Also sprach Zaratustra de Richard Strauss). Tras unos segundos de silencio para intensificar la expectación, Pablo Iglesias se proclama único líder de la oposición al Partido Popular.

España se divide en dos bandos; es decir, vuelve a ser lo que era. Por un lado, el gobierno serio del PP empieza a navegar plácidamente, sin sacudidas. Siguen saliendo asuntos de corrupción con redadas policiales, imputaciones, juicios. Pero ni Rajoy ni su partido se inmutan. La gente ya se ha acostumbrado a dejar a los políticos robar en paz. Los de la parte más delgada de la cuerda paran en la cárcel un tiempito para que no quepa duda de que la justicia funciona. Cuando el asunto pierde novedad, se les deja salir con una fianza que no tienen problema en pagar, y a vivir tranquilamente porque con tan poco juez y tan escasos medios, antes les llegará la muerte que el juicio.

Por el otro lado, Unidos Podemos y sus satélites y confluencias toman las calles con Iglesias, de Jack Sparrow, a la cabeza. Mientras Errejón protesta contra los recortes en el Parlamento y Rajoy los firma repantigado en su butaca, Iglesias organiza asambleas, manifestaciones, mareas que llenan de sonido y color las calles de nuestras ciudades; y happenings con tetas y culos al aire que divierten al personal. No hay día ni prime time en que no aparezca en todas las televisiones algún acontecimiento espectacular liderado por la electrizante figura de Pablo Iglesias. Mientras tanto, los asesores de Unidos Podemos preparan una moción de censura para cuando llegue el momento oportuno; el momento glorioso en que Pablo Iglesias arrebate el poder a Mariano Rajoy y  logre la investidura como presidente del gobierno.

¿Y si Sánchez no se abstiene? ¿Si resulta que el No no era sí, sino que era No? Aquí es donde entra lo del Manifiesto de los 450. Supongamos que Iglesias les hace caso y se traga el sapo gordo de Albert Rivera para conseguir un pacto. ¿Pero tragará Albert Rivera al líder revolucionario y a ratos soberanista? Sin duda. Rivera nació bifronte, como Jano, y como a Jano le da igual que la fortuna llegue por la izquierda que por la derecha. Bifronte, como Jano, se pondrá en el centro entre Iglesias y Sánchez, con los cuatro ojos de su doble cara fijos en los dos, para correr a los brazos del uno o del otro cuando quede claro  cuál de los dos se queda con el pastel. Supongamos que Sánchez traga saliva amarga y por el bien de España se aviene a pactar con Ciudadanos y Unidos Podemos. ¿Qué le pasará a nuestro país?

Por más que puedan escandalizar su nueva estética y sus nuevas formas, los líderes de Unidos Podemos son de lo más ranciamente español que se pueda desear. Pablo Iglesias no tiene empacho en confesar su clasismo en una entrevista televisada. Para él, la sociedad se divide en gentuza y élite culta. Por otra parte, tampoco oculta su machismo; un machismo de broma y, por lo tanto, inofensivo que no tiene otra intención que la de divertir a  los que padecen de exceso de testosterona. Célebres eran en la universidad los zascas sarcásticos que soltaba a sus alumnas femeninas excitando la hilaridad de los varones. Célebres sus interrupciones a periodistas femeninas mencionando su atuendo para restar seriedad a sus preguntas. Muy célebre ha sido  su broma en condicional a una inefable presentadora de televisión diciendo que la azotaría hasta sacarle sangre. Esa violencia contenida entre dientes apretados, como protagonista de westerns antiguos, conecta divinamente con la mayoría de los machos de este país y les hace soñar con una sociedad más libre cuando Iglesias proclama, en su programa de televisión, que el derecho a portar armas es de lo más democrático.  Por otra parte, Echenique demuestra un profundo conocimiento de la idiosincrasia y proceder de los españoles y una muy empática comprensión de sus costumbres que le lleva a pagar muy poco a un asistente y a no pagarle seguridad social, que es lo que hacen millones de españoles que no pueden pagar tantos impuestos. Si encima resulta que Echenique tiene un sueldo muy superior al de la mayoría, más que mejor. Como muchos empresarios españoles, se ahorra lo que puede en sueldos e impuestos demostrando su plena integración. O sea, que de los líderes de Unidos Podemos no hay que temer ninguna renovación ni regeneración que nos vaya a poner todo patas arriba. Su presencia en un gobierno garantiza más lo mismo de lo mismo, o sea, estabilidad, respeto al statu quo  para que nadie se agobie.

Lo que conduce a pensar que tal vez los 450 firmantes no vayan tan desencaminados. La presencia estéticamente y oratoriamente revolucionaria de Iglesias y los suyos puede ser un potente tratamiento contra la depresión que nos amenaza, mientras que su razonable plegamiento a  tradiciones y costumbres nos garantiza tranquilidad.  Albert Rivera es el chico bueno que no le causa problemas a nadie. Entonces, ¿por qué manifestarnos en contra de tan sensato manifiesto?

Manía que tienen algunos de confundir la política con la ética. Manía de no resignarse a tanta mentira, tanta falsedad.  Manía de creer que un político debe ser un trabajador que asume la responsabilidad de hacer su trabajo lo mejor posible, siendo su trabajo velar por el bien de los ciudadanos que le han elegido y que le pagan el sueldo con su trabajo. Manía de creer que con todas sus imperfecciones, el mejor régimen posible es la democracia y manía de creer que la democracia no es efectiva sino busca la justicia social. Manía de creer que una situación como la que vivimos solo pueden arreglarla con honestidad nuevas elecciones. Que si quieren los financieros, los empresarios, los taurinos, los ancianos con pocas luces que vuelva a ganar el PP y esta vez por mayoría absoluta, sea; apaga y vámonos, y cada cual a su casa para arreglar su mundo como pueda  porque el mundo exterior seguirá siendo un asco.

Los que padecemos de esas manías decimos a los 450 señores firmantes que preferimos seguir luchando hasta el último momento con Sánchez y el PSOE rojo para poder vivir en una España decente y responsable, aunque eso suponga hacer el ímprobo esfuerzo de acercarnos al colegio electoral y, al borde del agotamiento, levantar el brazo para meter nuestro voto en una urna, y regresar a casa maltrechos, pero con la profunda satisfacción de no haber permitido que líder ni manifiesto alguno quebraran nuestro espíritu. Amén

Anuncios

6 comentarios sobre “Otro manifiesto contra otro manifiesto o a punto de apagar y vamonós

  1. Pues nada. Si es inevitable otro gobierno de derechas gracias a los ancianos, fachas, taurinos… Una vez que tengamos la conciencia llena de integridad, acortaremos espacios de actuación, haciendo lo posible por llevar una vida digna y tener las necesidades cubiertas , echando una mano al que podamos y nos necesite. Habremos perdido otra guerra, nada más. Que como solía decir un buen amigo: ” Tan acostumbrado estoy a perder, que ganar me molesta”

    Le gusta a 1 persona

  2. Supongo que debía estar pensando en los comentaristas del programa taurino de la madrugada del domingo al lunes en la SER. El 27 de junio se jactaban de haber contribuido a que Rajoy volviera a ganar las elecciones. Según ellos mismos dijeron, el PP podía contar siempre con sus votos porque los otros partidos son antitaurinos. La verdad, yo ni había pensado en eso hasta que les escuché

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s