¡Ladrones!

No era republicana ni nacional. Tenía once años. En un día como hoy de hace ochenta años le robaron la infancia, la juventud, la vida. Una mente privilegiada, una voluntad inquebrantable y un deseo de vivir a prueba de cualquier sufrimiento permitió a esa mujer hacer una fortuna. Se compró varias casas, pudo cambiar de coche cada dos años y todo eso en el país donde eligió vivir, lejos de una España que solo le había dado penas. Penas que se quedaron abiertas en su alma como llagas que nunca dejaron de  supurar. Esa mujer rica no se sentaba jamás a la mesa sin recordar el hambre de la posguerra. A esa mujer rica no dejaron de sorprenderle nunca las paredes de su casa; el techo elegido y mandado a construir. El de la casa de su infancia tenía un enorme agujero abierto por una bomba y por ese agujero se coló el frío de cinco inviernos porque quienes habían causado el desperfecto nunca pagaron a la familia para que lo pudieran reparar.

¡Ladrones! En el verano de 1936 cayó sobre España una horda de traidores, asesinos y ladrones capitaneados por un caudillo de zarzuela que para obtener un trono dejó que aviones extranjeros bombardearan nuestras ciudades matando españoles; que para que nadie le disputara el trono mató a todo el que se le oponía y a quien sospechaba que se le pudiera oponer; que para asegurarse de que nadie le llevara la contraria impuso un régimen de terror que robó a los españoles su dignidad.

¿Puede una sociedad de personas dignas elegir como presidente del gobierno a un hombre sospechoso de encubrir la corrupción de su partido y de haberse beneficiado personalmente de sus prácticas corruptas? No, no puede. A un hombre, a un gobierno como el que tuvimos durante los pasados cuatro años, solo pueden elegirlos una mayoría que ha renunciado a su dignidad por miedo. Los 137 escaños que consiguió el Partido Popular se explican por el horror que hoy conmemoramos todos, la mayoría en silencio porque cuarenta años no han sido suficientes para que el español haya podido superar  el hábito del miedo.

Hoy ha aparecido en Público una entrevista al historiador Paul Preston. A la pregunta de si tiene España un problema con la memoria histórica de la dictadura, Preston responde:

“…el régimen de Franco se basaba en el terror. Sus tácticas bélicas estaban calculadas para matar al mayor número posible de republicanos. Su control posterior de la educación, el púlpito y los medios fue total. De este modo, hubo un lavado de cerebro nacional, creándose lo que se ha llamado el franquismo sociológico”.

Ese franquismo sociológico votó a la derecha el 26 de junio porque la derecha, en el más puro estilo franquista, utilizó todos los medios a su alcance para divulgar una propaganda, en el más puro estilo nazi, que metió en los cuerpos de las mentes más vulnerables, terror a perder lo poco que tienen. No fue miedo a Podemos, al fin y al cabo un grupo de jóvenes infantiloides que pretendían ganar electores con demagogia y una campaña sensiblera. No podían ganar. Fue el miedo a una crisis magnificada por el gobierno, que el gobierno utilizó para robar a los españoles libertades, derechos y todo lo que pudo, dejando en las cunetas a millones  de nuevos pobres. Fue el miedo a perder la protección paternal que el caudillo ofreció a los españoles a cambio de la renuncia a su dignidad.

Hoy hace ochenta años que la pesadilla empezó y aun giramos todos en el mismo bucle. El Ministro del Interior conspira con uno encargado de perseguir la corrupción para montar causas falsas contra adversarios políticos. Nadie protesta. Esos adversarios son catalanes y el caudillo decía que los catalanes habían sido los causantes de la guerra. ¿Y el día que no sean catalanes las víctimas de las conspiraciones del ministerio siniestro? Nadie protestará. Antes de irse, Franco lo dejó todo atado y bien atado con el franquismo sociológico que convirtió a una gran parte de la sociedad  en un hato de cobardes egocéntricos e indignos.

Todos los años en esta fecha, me acuerdo de mi madre. ¿Qué le hubiera pasado a esa niña de once años si las hordas de traidores, asesinos y ladrones no le hubieran robado su infancia, su juventud? Nadie puede saberlo, pero sí se puede afirmar que no hubiera tenido que sufrir hasta su muerte las llagas que le causó la guerra, la destrucción de toda esperanza de vivir en un país noble, digno, decente.

Y todos los años en estas fechas en la memoria me caben todos los que vivieron con el dolor perpetuo  de haber perdido todo lo que perdió mi madre.

No todos estamos contaminados por el franquismo sociológico. No todos tenemos  el espinazo quebrado. No todos vivimos muriendo por haber cedido la esperanza a la resignación. Hoy somos muchos los que recordamos lo que nos contaron y los que seguimos luchando con todos los medios a nuestro alcance para salir del bucle, para sacarnos de encima a los que no quieren dejarnos despertar de la pesadilla.

Uno de esos medios es recordar tal día como hoy a nuestros muertos; a los mató físicamente el ansia asesina del franquismo y a los que el terror mató mentalmente destruyendo en sus almas toda posibilidad de ser felices.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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