¿Quienes son los que matan?

Seres anónimos que de pronto se bautizan en la prensa porque han disparado o lanzado una bomba. Su celebridad dura muy poco. ¿Alguien recuerda los nombres de quienes mataron en París, en Bélgica, en Turquía, en Irak, en Pakistán? No son personas, son robots programados por cerebros que permanecen en el anonimato. Son infelices que van a buscar alivio a su desesperación siguiendo a predicadores del fanatismo que les prometen el paraíso.

¿Son esos predicadores los que matan? ¿Son fanáticos religiosos que quieren imponer en el mundo las leyes de su dios? ¿Son individuos enloquecidos por el odio que se creen ejecutores de las órdenes de un dios que odia al mundo y a sus criaturas?

En los despachos del mundo entero se cierran contratos sobre venta de armas. Individuos trajeados firman sentencias de muerte de millones de seres humanos víctimas de guerras, de actos terroristas, de refugiados. Esos tienen nombre, se conocen entre ellos; salen en prensa cuando alguien filtra alguno de sus negocios, pero también su celebridad es fugaz; dura lo que tardan sus acólitos en obligar a la prensa a no repetir sus nombres. Estos son los asesinos, porque sin ellos no existirían los infelices que disparan o tiran bombas ni los fanáticos que los reclutan.

¿Por qué matan? Por dinero, por supuesto, pero no por el dinero que consiguen en los negocios de guerras y guerrillas. Las armas son solo instrumentos; la maquinaria de sus fábricas. El gran negocio que persiguen es el poder sobre todos los negocios; un poder permanente, perpetuo, que no dependa de ciclos ni temporadas ni accidentes de ningún tipo. Lo que buscan armando a quienes están dispuestos a matar cuerpos es que el terror mate las mentes de toda la humanidad convirtiendo a los ciudadanos del mundo entero en obreros sumisos que trabajen para los de su élite.

Mientras tanto, nos defendemos como podemos, pataleando como insectos hasta que la escoba nos atice el golpe mortal o el insecticida acabe de surtir efecto. Porque no se trata de matarnos a todos a ráfagas de ametralladora. Muertos del todo no les serviríamos para nada. Se trata de ir matando lentamente nuestra razón, nuestra voluntad para que con la muerte de nuestras facultades mentales, desaparezcan el concepto y el anhelo de libertad; el concepto y la defensa de la dignidad; el concepto de la igualdad y el imperativo de lograrla. Nos quieren vivos, cuerpos vivos capaces de trabajar como bestias que no preguntan, que no exigen, que no esperan otra cosa que vivir muriendo.

Nos quieren muertos, intelectual y moralmente muertos y por eso no solo pagan las armas que escampan el terror físico; pagan a periodistas, analistas, publicistas, creadores de arte, de artefactos, de diversos objetos de consumo,  para que instilen miedo en los cuerpos y las almas, un miedo mudo, sordo, que entra en la sangre sin que la víctima se de cuenta y que desde allí va minando su capacidad de reaccionar.

Es ese miedo lo que consigue que la mayoría renuncie a la libertad a cambio de seguridad; lo que hace que la mayoría vote al que más seguridad y estabilidad promete;  lo que hace que la mayoría otorgue el poder a quienes les quitarán derechos y libertades a cambio de garantizar su supervivencia.

Ante el terror, ante el miedo permanente, ¿tenemos salvación? Tendremos posibilidad de salvarnos mientras luchemos día a día, momento a momento por mantenernos en estado de alerta. Nuestras armas contra quienes quieren aniquilarnos como seres humanos son la razón y la voluntad. Nada pueden contra nuestras facultades mentales si las defendemos utilizándolas; si no renunciamos al derecho y a la responsabilidad de hacer todo lo posible por informarnos, reflexionar y compartir con los demás la información y nuestras reflexiones.

Sabemos quiénes nos matan y por qué nos matan. Tenemos la inteligencia para evitar que nos maten. Depende de nosotros que no nos dejemos matar.

 

 

 

 

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2 comentarios sobre “¿Quienes son los que matan?

  1. Es para mi de una gran dificultad, hacerme comprender. Para expresar lo que pienso, necesito a veces, caminar por una especie de cuerda floja. Me resulta difícil mantener un equilibrio para poder dar mi opinión evitando caer a un lado u otro de la cuerda. Pero al menos lo voy a intentar. No se si con mayor o menor fortuna.

    Como en cualquier situación de crisis, se necesita un buen diagnóstico. Y aquí es donde más se tambalea la cuerda.
    Que son asesinos descerebrados los que cometen semejantes actos, no existe la menor duda. Pero (y en estas cuestiones, los peros son arriesgados) Esa frase con la que comienzo el párrafo, con ser cierta, no encierra todos los datos.

    Para empezar, no solo tenemos el derecho y hasta la obligación de defendernos de esos asesinos robotizados, programados para matar sin razonamientos que los humanice. También, deberíamos buscar en el fondo de los problemas para ver si nuestras intervenciones pasadas o presentes, tienen que ser tenidas en cuenta a la hora de hacer el diagnóstico.

    Hagámonos una pregunta: ¿en algún momento hemos sembrado alguna semilla que pueda haber hecho crecer esa maleza?

    Por ejemplo: ¿admitimos que todas las vidas tienen el mismo valor, o pensamos que somos más valiosos porque tenemos una cultura que nos permite tener un criterio propio y no dejarnos embaucar con dogmas doctrinales? Si es así, y damos por sentado que tenemos razón, que hemos hecho para evitarlo?

    ¿Estamos seguros que aplicamos la justicia con esos otros pueblos que no piensan como nosotros?
    ¿Tratamos de atraerlos a la cultura occidental con otra cosa que no sean bombardeos masivos?
    ¿Les demostramos ser pueblos que operan con justicia, o permitimos que se les machaque, incluso con resoluciones contrarias de la ONU?
    ¿Les estamos dejando salidas que sean más atractivas que las de los que les han adoctrinado?
    ¿Son locos fanáticos todos o algunos están tan cansados de ser pisoteados que se nos han sublevado?
    ¿Que podemos esperar de un “descerebrado” al que se le ha robado su tierra, hundido su casa y asesinado a sus familiares?

    No voy a seguir más. Primero por no hacerme pesado y segundo por hacerlo con obviedades, que todos o casi todos, conocemos.

    Nos va a resultar muy difícil defendernos del terrorismo irracional, de personas que su doctrina les promete las mejores recompensas por matarnos. Porque incluso aunque toda la razón estuviese de nuestro lado, no hay enemigo pequeño.
    Podemos ir olvidándonos de que con portaaviones, aviones, tanques, misiles… vamos a evitar lo que se puede hacer con un simple camión.

    Voy a ir cortando, que mi incontinencia me hace parir estos ladrillos infumables. Pero no sin antes hacer un último comentario, que pretende ser una profecía que incluye un aviso:

    O hacemos de la justicia legal y social, una realidad patente, o corremos el doble riesgo de; además de no solucionar el problema del terrorismo, crear uno nuevo en nuestros propios pueblos.
    Si dejamos que la impunidad campe por sus fueros, con toda esta gente de nuestra culta sociedad, que nos está pisoteando con sus robos, corruptelas y diferencias sociales, hasta el límite de ahogarnos, es posible que alguno empiece a tener la tentación de tomarse la justicia por su mano.

    Cuando la justicia ampara a los que nos roban los ahorros de toda nuestra vida. Cuando se permite que unos cobren 18.000€ al mes a perpetuidad y “trabajar” para ganar/cobrar millones más en las empresas que antes han beneficiado con sus decisiones, y otros no tengan una migaja que llevarse a la boca o a la de sus hijos, Podemos estar sembrando, quizás sin ser conscientes de ello, otro nuevo y diferente terrorismo local.
    Esto es algo que de ningún modo deseo, pero si me gustaría que sirviese como aviso a navegantes.

    Perdón.

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