Los monstruos de las cloacas

He leído un artículo que ha reforzado ciertas conclusiones que he venido archivando en el magín desde hace un tiempo. Se trata de un artículo académicamente impecable, bien desarrollado, pero que no aporta nada. Artículos como este abundan como mosquitos en verano –perdón por el símil ripioso-, y como los mosquitos en verano hacen pensar que sobran.

Dice el autor  de éste al que me refiero, lo que cada hijo de vecino pensante sabe desde hace tiempo: que la oposición tiene que ser oposición o si no, no es oposición. Cita a dos economistas célebres para demostrarlo. Pues bueno, pero no hacía falta. Todos sabemos, más o menos, que si un partido está en todo de acuerdo con el partido de gobierno, no podrá realizar su labor de control y crítica por lo que su existencia como oposición es irrelevante e innecesaria.

Sigue a esta revelación, lo que todos sabemos sobre la situación del PSOE en estos momentos y sus alternativas.

A estas alturas, son muchos los que siguen empeñados en repetir al personal que la alternativa más responsable consiste en que el PSOE se abstenga para permitir el gobierno del PP, y se retire a hacer una oposición responsable. Nadie menciona que permitir gobernar a un partido corrupto con unos líderes que utilizan la mentira en sus discursos como si se tratara de una figura retórica de obligada utilización, supone convertirse en cómplice de la corrupción y la mentira del gobierno. Es decir, la oposición responsable en este caso consistiría en permitir que en este país siga rampando impunemente la degeneración moral, constituyéndose en oposición responsable para  desde allí trinar contra la degeneración y ofrecer a la ciudadanía que vote a la oposición en las próximas elecciones para que pueda empezar la regeneración moral del país. Todo muy indecente, vamos, como está mandado, porque lo demás es buenismo y el buenismo no casa con la política porque acabas como Zapatero.

La abundancia de información al alcance de todos ha permitido que los legos descubriéramos con este siglo que el cinismo forma parte inseparable de la política. De la indignación inicial que nos produjo tal revelación, pasamos a la aceptación resignada, porque las cosas son como son y no las vamos a poder cambiar. Es decir, nos volvimos algo cínicos. Pero la inmundicia de una corrupción sistémica y la voluntad de los comentaristas de tratarla como si fuera asunto de sucesos que mueven las glándulas solo mientras se describen los hechos, sin mencionar jamás cómo ese estado séptico afecta a las personas y a todo el tejido social de un país, ha llegado a un punto en que cualquier ciudadano con un mínimo de principios éticos se horroriza. No todos los ciudadanos hemos tenido que aceptar y adaptarnos al cinismo que tiene que aceptar y al que tiene que adaptarse alguien que quiere dedicarse a la política, como se adapta un torero a trabajar con un traje incomodísimo, pongamos por ejemplo.  Casi todos nos resistimos a aceptar que hemos traído a nuestros hijos a un mundo irremediablemente podrido en el que solo sobrevive bien el que hace la vista gorda a la podredumbre del vecino mientras se esfuerza por aprender las formas de pudrirse. A casi todos nos emocionan y nos convencen los políticos que nos prometen regeneración; la posibilidad de vivir en un país limpio y bueno donde la dignidad no sea una figura literaria.

Pues bien, artículos como el que hoy comento nos dicen, en el fondo, que la dignidad es cosa de novelas del dieciocho. Que el PSOE sancione la inmundicia del gobierno del Partido Popular permitiéndole que siga gobernando; enviando a los ciudadanos el mensaje de que se puede ser inmundo y vivir en la inmundicia relativamente bien; que critique desde sus escaños todo lo criticable y espere a ver si, en las próximas elecciones, los ciudadanos le compran la promesa de regenerar el país o si resulta que los ciudadanos ya están tan acostumbrados a la inmundicia que vuelven a votar a los inmundos porque, total, tan malos no pueden ser cuando el primer partido de la oposición les permitió gobernar.

Sobran artículos y tertulias en los que se vende ese mensaje putrefacto disimulado en la tripa de discursos bien articulados para hacer que los ciudadanos se los traguen como si fueran salchichas. El PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, ha dicho que no va a permitir con sus votos que siga gobernando el Partido Popular; que no hay motivo alguno por el que se le deba conceder al Partido Popular el derecho a seguir empobreciendo el país económica y moralmente.

A todos esos que esgrimen la democracia, el número de votos obtenidos, como único valor absoluto e indiscutible para justificar cuatro años más de inmundicia y de políticas inhumanas, el PSOE les está diciendo y seguirá diciendo que se equivocan. Primero y principal, marear a los electores con una propaganda diseñada para aupar a un partido y hundir a otro utilizando estratagemas inmundas, no produce un resultado democrático. Lo que ocurrió el 26J no fue la manifestación libre de las ideas políticas de un electorado consciente; fue la expresión de millones de ciudadanos que sucumbieron al miedo instilado por el partido del gobierno y el empeño de los medios en presentar como única alternativa a la tropa impresentable de Podemos con su espectáculo de abrazos, besos, lágrimas, sonrisas y corazones.

La única alternativa fiable y responsable; la única referencia socialdemócrata de este país es el PSOE, y a quien se le ocurra que este PSOE se dejará contaminar y pudrir durante cuatro años más en una oposición cómplice, deliran. Y quien crea que a este PSOE no le quedará otra que tragar porque es un partido dividido, con un líder débil encadenado por ambiciosos de su propio partido, también deliran.  Como deliran también los ambiciosos del mismo partido que creen tener al líder encadenado.

Pedro Sánchez cuenta con la mayoría de militantes, simpatizantes y votantes del PSOE; ciudadanos dignos que prefieren mil veces volver a votar antes que arrodillarse ante los monstruos de las cloacas.

Así que todos esos académicos eruditos que anteponen lo que dijo fulano y lo que dijo zutano a lo que dice, con toda sencillez, la ética, que se vayan enterando de que este país no se ha entregado todavía a la antimoralidad. La dignidad, el orgullo de ser personas todavía vive sobre los escombros de todo lo que una economía y política infrahumanas han destruido. Si hay que ir a votar, se irá sin aspavientos. A ver si a los medios les entra un ataque de decencia y no hacen su campaña electoral para volver a engañar a los ciudadanos más intelectualmente vulnerables.

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4 comentarios sobre “Los monstruos de las cloacas

  1. Un reflejo total de nuestra sociedad, con la decadencia partidista bien evidente, en el muro de la izquierda se han abierto boquetes, en el muro de la derecha de momento está aguantando, son momentos de observar bien en la retaguardia después del intento de asaltar los muros.

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  2. El problema no radica ni en la inteligencia, ni en la poca cultura de los ciudadanos votantes.
    Radica en la honradez de esos votantes porque en la de los medios no tiene solución. Tienen que pagar favores al poder, o son el propio poder. Los barones, dirigentes que intentan someter y porque no decirlo, acabar con Pedro se lo deberían pensar un poquito, porque su actuación puede llegar a que el partido se de el gran varapalo. Los votantes de la derecha, hasta ahora no castigan o lo hacen muy poquito, la corrupción de su partido pero los votantes de izquierda, los del Partido Socialista no somos tan irresponsables, no somos peones de un tablero, somos entes con pensamiento propio, esperanzados con el proyecto que nos han contado y votado por lo que la decepción si nos mienten se trasladará a las urnas. La decisión de Pedro es compartida por los militantes porque nunca debemos aceptar ni conformarnos en apoyar aunque sea por omisión a un partido como el PP, esto sí que debería dar miedo.

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