Intento de asesinato

Vivimos en un país mezquino: falto de generosidad  y de nobleza de espíritu, según una de las acepciones del diccionario. ¿Cuál no lo es?, preguntará un cínico. Hablamos de España.

España se ha vuelto un país mezquino, miserable: según el diccionario, ruin, canalla, tacaño, pobre, insignificante, abatido, infeliz. ¿Visión exageradamente pesimista? Solo en un país así puede la mayoría votar a un partido deshonesto, infestado de dirigentes inmundos que se enriquecían mientras los ciudadanos soportaban el castigo de la crisis hundiéndose en la pobreza. Solo en un país así puede la mayoría elegir para presidente a un hombre que ha hecho de la indolencia su máxima virtud; que se luce diciendo idioteces para demostrar que sabe hacerse entender por idiotas. Solo en un país así puede la mayoría pedir que repita un gobierno que durante cuatro años faltó el respeto a los ciudadanos privándoles de derechos fundamentales; limitando sus libertades, su acceso a los medicamentos, a la educación superior, a la justicia; imponiendo el adoctrinamiento religioso y ceremonias grotescas como la condecoración de vírgenes. Solo en un país así puede una mayoría de ciudadanos proclamar públicamente que se ha perdido el respeto a sí misma.

España se ha vuelto un país mezquino, miserable, degenerado: según el diccionario, de condición mental y moral anormal o depravada. Solo en un país degenerado puede la mayor parte de los periodistas y analistas políticos presionar al primer partido de la oposición para que permita el gobierno de un partido  deshonesto, indolente, injurioso, inhumano.  Solo en un país degenerado pueden algunos políticos relevantes del primer partido de la oposición trabajar con periodistas y analistas para destruir a su propio partido presionando a su secretario general para que ignore el clamor de militantes, simpatizantes, votantes; es decir, para que ignore a los ciudadanos, como ha hecho el partido del gobierno, y permita que sigan gobernando el país políticos  dedicados a procurar el beneficio de los políticos, de un partido y de otro; políticos dispuestos a luchar sin tregua para que el gobierno siga reservado a una oligarquía entregada a defender los privilegios de la oligarquía.

Uno de los oligarcas se ha atrevido a decir que, considerando los votos y escaños del partido de gobierno, a ver quién es el guapo que dice; “ahora me pongo yo”.

¿Existe ese guapo? ¿Existe ese político fiel a una ideología que exige gobernar con los ciudadanos por el bienestar de los ciudadanos? ¿Existe ese político dispuesto a arriesgar su propia carrera y la de sus  colaboradores ofreciendo un programa y una concepción del gobierno que devuelva a España su nobleza, su generosidad, su honestidad, su dignidad, su respeto a sí misma? Existe, y se le vio y se le oyó en el discurso de investidura del 1 de marzo de este año explicando cómo se podía sacar a España de la cloaca y ponerla en pie y a caminar hacia la recuperación de todo lo perdido. ¿Pero se le escuchó? Para el presidente del gobierno en funciones,  Pedro Sánchez Pérez-Castejón hizo el ridículo; sus esfuerzos por explicar a los ciudadanos de este país cómo llevar a cabo un gobierno para los ciudadanos fueron, para el presidente indolente, un fraude. Fraude, fraude, fue denunciando en mítines y conferencias de prensa. Fraude, dice el diccionario, es un engaño económico con la intención de conseguir un beneficio, y con el cual alguien queda perjudicado. ¿A quién defraudó Pedro Sánchez con su discurso de investidura? Como no fuera a los financieros, empresarios y oligarcas que se sintieron amenazados por un programa diseñado para que los perjudicados no fueran los que en este país trabajan para mantener el país en marcha. Una propaganda bien orquestada, ventilada por periodistas y comentaristas y ayudada por la intervención puntual en los medios de los oligarcas del mismo partido de Sánchez, lograron transmitir a la opinión pública que Sánchez era un fracasado; que ya no le quedaba otra salida que marcharse a su casa antes de que le echaran los oligarcas que estaban haciendo cola para acceder a la secretaría general.

A ver quién es el guapo, dice el oligarca más engreído con su tono  chulesco de costumbre; a ver quién es el guapo que se planta ante los neoliberales que atacan por todas partes para borrar de la realidad política y hasta del recuerdo de los ciudadanos esa alternativa que se llama social y se llama demócrata queriendo decir que gobierna para el pueblo. Desde luego, entre los pragmáticos oligarcas que saben que contra los neoliberales no hay nada que hacer excepto beneficiarse de su doctrina, no hay ningún guapo.

A ver quién es el guapo, dice el perdonavidas envalentonado por los oligarcas matones como él; quién es el guapo que se niega a dar al partido ganador  la abstención que necesita para gobernar; abstención necesaria para que el PSOE socialdemócrata se suicide de una puñetera vez y Sánchez se vaya, dejando que el partido se modernice a la alemana. A Europa no le queda otra que americanizarse, lo que a los políticos, libres del control de ciudadanos ignorantes, no les va nada mal. Que Sánchez y los suyos se vayan a soñar a otra parte y dejen a los que saben, neoliberalizar el socialismo; ponerlo al día; enseñarle a la gente que tiene que aprender a salvarse como pueda porque no hay otra.

Por esta vez, los analistas no están engañando a nadie. El PSOE está obligado a abstenerse para facilitar el gobierno por sentido de la responsabilidad, dicen, para aceptar a renglón seguido que si el PSOE facilita el gobierno, se suicida. ¿Suicidio?

Jamás, en toda la historia de todos los países democráticos se había visto con tanta transparencia un plan para asesinar a un partido político.  Ya ni los medios ni los oligarcas ni los que mueven a medios y oligarcas como marionetas se preocupan por ocultar su participación en la planificación y ejecución del asesinato. ¿Para qué se van a preocupar? En un país mezquino, miserable, degenerado solo una minoría muy minoritaria se atreve a reaccionar. En España quedan muy pocos guapos y los pocos que quedan, como Pedro Sánchez y sus colaboradores,  están sentenciados a desaparecer.

Pero, un momento, ¿qué pasa si esos guapos se plantan con su no es no, y hay que volver a votar? Una broma, un disparate, clama el presidente indolente con los párpados tembluscos delatando miedo. No se atreverá, dicen los oligarcas para tranquilizarse. El presidente indolente sacaría mayoría absoluta, dicen los más cínicos. ¿Y qué dicen los militantes, simpatizantes y votantes del PSOE, hasta ahora dispuestos a impedir el asesinato de su partido? Hoy por hoy no se sabe, pero no cabe descartar, como diría un comentarista, que Pedro Sánchez se salte a los pragmáticos políticos de su partido y le pregunte a la gente: ¿Qué os parece? ¿Nos dejamos asesinar?

 

 

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2 comentarios sobre “Intento de asesinato

  1. ¡Ah los poderes fácticos de toda la vida!
    Cuando los políticos se hacen profesionales de la política ocurren estas cosas.
    Nadie quiere perder privilegios legales y mamandurrias totalmente ilegales. Cuando un político trabaja para los oligarcas se convierte en un mezquino ladronzuelo.
    Saquean el país con la misma facilidad que el inane suelta sus majaderías elevadas a categoría de pensamiento filosófico. Los medios, esos Marhuendas lamesuelas, son el eco que repite incansable las bondades del partido más corrupto de Europa.
    Hay una suerte de masoquismo o de síndrome de Estocolmo en nuestros conciudadanos que votan al PP, solo así se puede entender que tengan siete millones de votos, los diecisiete millones restantes están tan divididos que no sirven de casi nada.
    Hubo una gran oportunidad de cambiar el sino de España, pero quizás Pedro Sánchez equivocó la compañía que llevaba en su propuesta. Unirse a Ciudadanos es tanto como poner al lobo a cuidar las ovejas.
    La marca naranja del PP no sirve absolutamente de nada, son idénticos perros con distintos collares, unos azul, los otros naranja.
    El Psoe, mejor dicho, los barones y baronesas temieron perder su vida muelle, Pedro Sánchez les iba a dar una patada en el trasero a todos, se anticiparon los felones y le echaron en un ejercicio de cinismo y desvergüenza como pocas veces se ha visto.
    De aquellas lluvias estos lodos.
    Ahora vuelven a temerle, el poder de convocatoria de Pedro S. les está aflojando las rodillas, saben que la fiesta, si gana, se va a terminar, por eso hacen esfuerzos ímprobos para coartar la voluntad de los militantes con maniobras tan burdas como no pasar los recibos mensuales al cobro. Es condición sine qua non el estar al día en los pagos para poder ejercer el derecho al voto.
    Habrá que estar ojo avizor, el pucherazo es la última bala que les queda a los vendidos del Psoe al poder financiero.
    En respuesta a tú pregunta María: No, no nos dejaremos asesinar…espero.

    Le gusta a 1 persona

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