La palabra maldita

Hoy, por fin, se reúne el Comité Federal del PSOE. Uno se pregunta para qué, porque resulta que los medios se han pasado desde el 27 de junio ventilando la opinión de los barones que buscaban micrófonos para ventilar, interrogando a los directivos de la directiva, interpretando las opiniones y las respuestas de los unos y de los otros; volviendo a ventilar, volviendo a preguntar lo mismo. La repetición y la reiteración han sido tales que opiniones, preguntas y respuestas se convirtieron en una letanía interminable con sus kyrieeleisons  que los españoles repiten, unos consciente, otros inconscientemente, como suspiros que salen del alma: Señor, ten piedad de nosotros.

Desde el 27 de junio, en vivo, en indirecto, en redes, por tierra, mar y aire los socialistas de todos los niveles dicen y repiten que NO es NO. ¿Que NO es qué? NO. ¿Cómo dice? Que NO. ¿Y si pasa esto? NO. ¿Y si pasa lo otro? NO. ¿Qué significa NO? Que NO. Y así llegamos al 9 de julio con todos los medios pendientes de que los barones del PSOE salgan de su Comité Federal diciendo que NO y cientos de periodistas dispuestos a lanzarse como una marabunta sobre Sánchez para que les diga que NO. Pero González ha dicho que a lo mejor, ¿usted qué dice? Que NO. Y mañana dirán, ¡ay, lo que ha dicho! ¿Qué ha dicho? Que NO. Y algún medio habrá que titule en portada que en el Comité Federal del PSOE se constata la división de opiniones. Y algún lector habrá que se decida a seguir leyendo más allá del titular para encontrarse con que en el cuerpo del artículo el analista dice que todos dijeron que NO, pero que a saber qué querían decir, porque NO puede querer decir muchas cosas menos NO. Y por eso es muy probable que a partir del lunes todos los analistas y opinantes de este país llenen sus columnas y tertulias analizando y opinando sobre qué quiere decir NO.

Aquí y allá, aún queda alguna persona de la especie pensante que a solas se pregunta cómo es posible que cueste tanto entender que NO es NO. La respuesta conduce  a una realidad tan lóbrega que para atreverse a contemplarla hace falta un valor heroico.

Rajoy y su gobierno se dedicaron durante cuatro años a demoler, poco a poco y concienzudamente, las instituciones; a degenerar los valores morales de la sociedad; a utilizar su poder para destruir la credibilidad de la prensa. Después del bombardeo, con la razón y la voluntad de los españoles yaciendo moribundas bajo los escombros, ¿qué más da que las voces públicas nos sigan contando lo mismo y que el presidente siga siendo Mariano Rajoy? Nadie quiere que algo cambie porque nadie sabe si puede cambiar a peor y, por si acaso, que no cambie nada o solo el atrezo, como el cambio de presentadora en Gran Hermano. Nadie quiere respuestas rotundas que puedan causar una conmoción. Como dicen los anglosajones, que de sentido práctico tienen un rato, “no hagáis olas”, queriendo decir que nadie cause turbulencias. Cuenta una leyenda que cuando el alma de un condenado llega a un determinado círculo del infierno que consiste en un tanque lleno de mierda líquida, todas las almas que allí penan le suplican en coro: “No hagas olas”.

¿Y todavía se preguntan los del PSOE cómo es posible que hayan perdido votos después de que Sánchez se dejara el trasero y las suelas de los zapatos y las palmas de las manos y la piel de las mejillas recorriendo España para aproximarse a la gente y explicar su programa para cambiar el país? La respuesta la han dado a voz en grito más de siete millones de españoles. Hace cuatro años, el PP prometió cambiar las cosas y cumplió su promesa y las cambió y mira cómo estamos. A ver si ahora, por querer cambiar lo que hay, resulta que en vez de flotar en el tanque, nos vamos al fondo. Quite, quite, mire lo poco que se mueve Mariano Rajoy y lo rozagante que está que ni se inmuta por paladas de basura que la realidad le eche encima.

Y encima, Sánchez se atreve a decir y repetir con locura temeraria una palabra que no hay trabajador ni aspirante a trabajador que se atreva a pronunciar en este país. Con razón dicen que el PSOE ha dejado de ser el partido de los obreros. Sánchez y los suyos no quieren darse cuenta de que el tiempo de la dignidad y el orgullo ya pasó. Que uno de los triunfos más rotundos de Mariano Rajoy y su gobierno es haber conseguido que todos los obreros de España se hayan acostumbrado a decir a todo que sí.

Mientras Sánchez y el PSOE se emperren en decir que no; que Rajoy, no; que la España de Rajoy, no, los medios seguirán empeñados en decir que NO no puede ser NO porque no puede ser que después de un bombardeo tan brutal que no ha quedado piedra sobre piedra de lo que antes era España y sus muchos españoles, aún sobrevivan quijotes capaces decir que no.

 

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2 comentarios sobre “La palabra maldita

  1. Es un gran problema que los trabajadores digan sí a todo, por dejadez, parsimonia, porque no tienen alicientes porque han dejado su vida en manos de los gobernantes y se limitan a ser espectadores pasivos mientras que otros les administran paso a paso lo que tienen que pensar, hacer, vivir. El consumismo nos ha llevado a la esclavitud, al egoísmo. Importa el individualismo, el colectivo da igual. Las neuronas estarán en modo off y mañana los medios seguirán con el acoso y derribo a Pedro Sánchez. El “no” será un no con derivaciones. Rellenarán horas y horas los programas en un verano que suele ser parco en noticias pero que están haciendo el agosto con las elecciones, analizando el “no” convenciendo a la gente que él no quería decir “sí”

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