No a la piel de toro

Publicado en El Socialista Digital el 27 de junio de 2016

Me desperté a las dos y algo de la madrugada, como de costumbre, y como de costumbre, fui a la habitación de al lado. Volví a la cama y puse la radio, como de costumbre también, para que me arrullara. Salía el programa de toros de la madrugada de los lunes en la Cadena SER. Me incorporé a apagarla cuando los expertos en la Fiesta Nacional empezaron a hacer un análisis del resultado de las elecciones. Se me paralizó la mano. Los ojos se me abrieron a plena capacidad. Los tertulianos se felicitaban por el resultado y atribuían el triunfo del Partido Popular a los taurinos. En Valencia, decía uno para probar su argumento; en Burgos, decía otro, los amantes del toro habían frenado a los que vejaban, insultaban, entorpecían la gloriosa tradición del arte de matar toros. Los ciudadanos habían demostrado a los amantes de los animales que la mayoría estaba dispuesta a defender la Fiesta Nacional. Había vuelto a ganar el partido que la defiende.

Yo, que me había dormido con el amargo consuelo de haber predicho con exactitud durante dos años lo que iba a suceder en las elecciones de este país, con mayor exactitud que todas las encuestas, sentí que de pronto me quitaban hasta el último clavo al que agarrarme. De clarividente, nada, bonita, me dije. Ni en sueños se me había ocurrido alguna vez que entre los múltiples poderes que en este país estaban conspirando para asegurarle el poder al partido corrupto e inhumano defensor del Dinero, estuviese el de los taurinos, campeones de las esencias patrias.

Definía Aristóteles la felicidad como un estado permanente de satisfacción con uno mismo. Al abrir los ojos a una nueva mañana y recordar con asco, vergüenza ajena y dolor cómo unos españoles celebraban el triunfo de un partido acusado de corrupción ante una sede reformada con dinero robado al erario público, sentí en el fondo de mi alma que nada podía alterar el estado de felicidad permanente que da el legítimo orgullo de ser fiel a los valores que hacen de una persona, un ser humano. Yo voté por el Partido Socialista. Hoy, cinco millones, cuatrocientas veintitrés mil, ciento setenta y una personas pueden decir y sentir lo mismo.

No sabemos lo que ocurrirá con el gobierno del país, aunque sí lo que ocurrirá con los derechos y las libertades de todos si vuelve a gobernar el Partido Popular. También sabemos lo que se puede esperar de una mayoría que absuelve la corrupción y cualquier desmán totalitario con tal de que se le garantice la pitanza. Muchos nos hemos despertado hoy con el asco y el desaliento de tener que convivir con la degeneración que ha convertido nuestro país en un lugar difícilmente habitable para ciudadanos que se empeñan en conservar sus valores morales. Pues bien, ahora, ante esta realidad, no podemos caer en la tentación de meternos de cabeza en la arena movediza del relativismo moral. Lo que está mal, está mal, aunque millones no hayan tenido el valor y la decencia de enfrentarse al mal que ha hundido la vida de millones. Quienes sí lo hicimos votando por el partido que se comprometía a regenerar nuestro país, no podemos ceder a ese concepto mentecato de la democracia que prohíbe decir que la mayoría se equivoca. La mayoría se ha equivocado dejándose engañar por quienes le prometían bonanza económica aunque se hundiera el resto del mundo. Nos queda la certeza, y con ella la satisfacción, de saber que moralmente no nos hemos equivocado. Que nadie se deje engañar. Como decía una oyente de la Cadena SER esta mañana, millones de moscas sobre la mierda no pueden hacer la mierda buena.

Y a partir de aquí, ¿qué hacemos? No perder ni un minuto más en lamentaciones. La cuestión de los pactos ya es asunto de los políticos en el que nada podemos influir. Como ciudadanos responsables que hemos resistido a todas las presiones manteniendo intacta nuestra convicción socialdemócrata, ahora nos toca prepararnos para seguir ayudando a quienes se vean más afectados por nuevas leyes, normas y medidas inhumanas si el Partido Popular accede al gobierno. No podemos esperar del gobierno ni de la masa que se deja manipular la regeneración de las instituciones, la humanización de la sociedad. Ese es un trabajo que tendremos que hacer todos, uno más uno, para ayudar al otro a mantenerse en pie y evitar que a todos nos conviertan en siervos del Dinero.

Hoy, con la satisfacción de haber votado por el partido socialista, tenemos que demostrar que nuestro compromiso con nosotros mismos y con los demás no se limita a meter una papeleta en una urna. Tenemos que demostrar con nuestro ejemplo que solo los socialistas convencidos podemos seguir empujando el país hacia adelante cueste lo que cueste y a pesar de quienes han votado para echarlo atrás devolviendo España a la condición de piel de toro infestada de chinches chupasangre. El PSOE nos puso en la senda del progreso. Ayer, los que votamos al PSOE recuperamos ese rumbo y no podemos permitir que nada ni nadie nos vuelva a desviar.

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