Lo que no se dice

Publicado en El Socialista Digital el 21 de junio de 2016

Muy adecuado para un día de reflexión

 

Ningún candidato dice con quien va a pactar el 27J. No hay opinante público en este país que no sepa que eso no se dice antes de las elecciones y que no hay candidato alguno que lo vaya a decir. Pero el hecho de que Pedro Sánchez no lo diga puede ser materia opinable que refuerce la idea de que no sabe a dónde va ni con quién porque es el candidato de un partido que los poderes fácticos decidieron hace muchos años que tenía que desaparecer. El complot anti González se ha podido revivir desde que Sánchez apareció en el PSOE, con toda la intensidad de una película nostálgica. Parece que fue ayer.

Pero no es ayer; es hoy, un día de necesidades acuciantes para los millones que a esta hora no saben qué se van a llevar a la boca a la hora de comer. ¿A alguien le importa? A ellos, claro, pero a pocos más; a lo mejor están tan hundidos los pobres que ni votan. Es hoy, y hoy es un día más de angustia para el desempleado y el enfermo crónico y el estudiante que dejó de serlo el último día de clase de este curso porque ya no hay más matrícula gratuita que le permita seguir estudiando y. Y a cortar en seco el rollo de penas porque es hoy y estamos a seis días de las elecciones y lo único que importa a políticos, periodistas y opinantes es cómo se va a repartir el poder.

En España, con su corte de los milagros, sus pícaros, sus cínicos de todo pelaje para quienes todo es según el color del cristal con que se mira, lo que significa que nadie es truhán ni señor; en España, cuna de las maravillas, donde las sardinas pueden nadar por los montes y correr las liebres por los mares y contar los cuentistas cualquier trola con la certeza de encontrar ingenuos ansiosos de dejarse engañar; en España, donde las Vírgenes, cual otrora Santiago, protegen a las tropas de asalto y los obispos convierten a Dios en fisgón de alcobas; en España, donde la salvajada puede brillar desde la cúspide del arte y cuatro líneas con un coño se convierten en poesía porque para eso sobra a los españoles imaginación; en esa España de Españas que incita al más ciego de los amores, tan ciego que millones la adoran aunque nadie sabe decir a ciencia cierta qué es y cómo es; en esa España desquiciada de toda la vida gracias a sus muchos españoles desquiciados, el próximo domingo se va a elegir al rey que en este país manda mucho más que el rey porque el rey no manda nada.

Demos las encuestas por ciertas. Gana el Partido Popular. Sorprende en grado sumo que habiendo tanto poeta por estos lares aún no le haya dado a algún ingenio por componer una tragedia griega o como mínimo una oda al masoquismo de los españoles. Millones acudirán el domingo a las urnas como fieles súbditos que reconocen la autoridad del gobierno en funciones y a ella se someten con obediencia ejemplar aceptando el orden impuesto y la merecida represión de toda conducta díscola. Están todos advertidos de que pronto el nuevo gobierno del PP volverá a castigarles con nuevos recortes y reestructuraciones que harán su vida aún más insoportable. Pero la conciencia anhela y disfruta el castigo para librarse de la culpa por haber vivido como no tenía que vivir. Nada más español que un penitente. No le pidáis razones razonables a quien cifra su felicidad en ir por la vida de mísero infelice. No necesita causa para aceptar la justicia y rigor con que se le castiga. ¿Puede haber delito mayor que haber nacido? De nada sirve decirle que lo nacieron sus padres. –Ah, no -responderá envalentonado de pronto por su furia española-. Yo vine porque quise.

Porque otro de los placeres del español consiste en amenizarse la vida con sus contradicciones y nada le ahuyenta más que los sermones cargados con palabras plúmbeas como coherencia, integridad y otras por el estilo.

Demos las encuestas por ciertas. El Partido Popular no podrá gobernar en solitario y necesita pactar con otro. ¿Con quién? Ciudadanos le mira desde su cuarto puesto con todo el dolor que le cabe en el alma. Porque resulta que los votos que ha sacado no le sirven a nadie para alcanzar el poder, por lo que nadie se digna ni recordar su existencia. Unidos Podemos ha llegado a un segundo lugar casi glorioso, pero de la gloria le separan aún, como al Partido Popular, unos votos que Ciudadanos no tiene, pero el PSOE, sí. Desde el mismo momento en que se acaba el escrutinio de los votos y se da el resultado, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias se lanzan a los micrófonos para enviar a Pedro Sánchez mensajes que ora le apremian, ora le conminan, ora le cantan promesas sirénidas. Han pasado pocas horas, pero después de tanto meses, hasta Rajoy está perdiendo la paciencia e Iglesias está a punto de sufrir un infarto cerebral porque solo de imaginarse en La Moncloa, se le va la sangre a los pies.

Pedro Sánchez descansa. Después de casi dos años de resistencia estoica, recibiendo golpes de diestra y siniestra, de afuera y de dentro; después de casi dos años defendiendo a un partido manchado y gastado por años de propaganda infame dirigida por una derecha que tuvo que recurrir al complot para acabar con la hegemonía socialista; después de casi dos años de peregrinaje plaza por plaza para recuperar al militante desencantado y agrupar a los fieles de siempre animándoles a reconstruir el partido y el país; después de casi dos años luchando por convencer a propios y extraños de que solo el PSOE podía abrir de nuevo la vía hacia el progreso que cerraron los financieros y los políticos a su servicio, Pedro Sánchez descansa. No hay prisa para ver lo que se avecina.

¿A quién dará su voto Pedro Sánchez? A quién se lo va dar. El Partido Popular no es decente. Ya no hay nadie que pueda reivindicar su decencia sin recurrir a sofismas y mentiras que solo puede soltar quien tenga los músculos de la cara muy endurecidos. Mariano Rajoy es el presidente del Partido Popular y, aunque solo fuera por eso, no puede arrogarse una inocencia que su partido no tiene. Unidos Podemos ha dado en un par de años muestras tales de incoherencia; de frivolidad; de todo vale; de ante todo ganar y ya se verá; de si no controlamos, no pactamos; de si el dinero hace falta no importa de donde venga porque la política es así; de que hay que revolucionar; de que no; de que el referéndum catalán es innegociable y de que todo se puede negociar si hay buena voluntad para dejar que más de una docena de partidos con más de una docena de programas inspirados por más de una docena de ideologías distintas gobiernen el país. ¿A Unidos Podemos va a dar Sánchez los votos que Iglesias necesita para coronarse presidente y formar gobierno con sabe Dios quiénes procedentes de Dios sabe dónde? Sánchez finalmente anuncia que votará contra la investidura de Rajoy y contra la de Iglesias también.

¿Qué hacer? Mariano clava sus ojos en los negros ojos de Pablo Manuel. Los dos son buenos. Ninguno de los dos puede tolerar que el malo obligue a los pobres españoles a votar por tercera vez. Además, dada la terquedad idiosincrática del español, lo más probable es que cada cual volviera a votar lo mismo prolongando el interregno hasta el día del juicio final. Tal vez a Mariano le queda un vestigio de escrúpulo. –Oye –le dice a Pablo-, eso de socialdemócrata y tal. Pablo le tranquiliza. –Sí, como los que gobiernan con la señora Merkel. –Ah vale. ¿Y eso de los bancos públicos y de que paguen los que se rescataron? Pablo responde –Todo se puede hablar. Finalmente, Mariano suelta con cierto miedo lo que más le costaba soltar. –Referendum, no, ¿eh? Eso, ni hablar. –Tranquilo, Mariano. Ya verás que les convenzo de que no quieren referéndum. Me han votado en masa y tontos no son. –Qué listo eres, Pablito. –No más que tú. ¿Y ahora qué? ¿Nos ponemos a lo del gobierno? Ya sabes que vicepresidencia, televisión, CNI, policía, jueces. –Eh! –le interrumpe Mariano-. Jueces, no. Que hay muchos asuntos delicados por ahí. No es el momento, ¿comprendes? –Bueno, bueno, no te sobresaltes –le dice Pablo con una sonrisa de comprensión-. Ya encontraremos algo que compense. Todo sea por los ciudadanos. –Sí señor –replica muy digno Mariano Rajoy-. Todo sea por los ciudadanos.

Lo que no se dice es que los votantes se pueden equivocar y mucho. Lo que no se dice es lo que decía el cínico de Winston Churchill: “el mayor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”. Lo que no se dice es que un gobierno del PP con Unidos Podemos tardaría muy poco en convertirnos en el hazmerreír del mundo supuestamente civilizado, y muy poco más en saltar por los aires convirtiendo a los españoles en los primeros votantes crónicos de la historia de la humanidad.

Pero aún faltan seis días y Pedro Sánchez aún no se ha cansado ni se han cansado los socialistas empeñados en resucitar al PSOE a pesar de los esfuerzos de todos los poderes fácticos del país por asfixiarle. Quedan seis días para convencer a los indecisos -que por el hecho de serlo demuestran tener la mente abierta-, de que España tiene remedio, de que todos los españoles tenemos remedio y merecemos tenerlo aunque solo sea por lo que estamos sufriendo y luchando, aunque tantos no se den cuenta de lo que nos puede caer encima, tal vez porque muy pocos se atreven a decir lo que tendrían que decirnos.

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