Eliminar a la democracia

Publiqué este artículo en mayo de 2016. A estas alturas se ha despejado una incógnita.  Ya sabemos que las maniobras contra Pedro Sánchez y su equipo que agitaban el PSOE obedecían a la voluntad de su élite más rancia de no ser obstáculo a un gobierno del PP. 

Estamos en grave peligro ante la amenaza de involución al pasado franquista, y esta amenaza ya no solo proviene del PP. La élite del PSOE anterior a la participación de la militancia, consiguió forzar la salida de Pedro Sánchez y evitar una renovación del partido orientada a las bases. Esa élite impuesta a la fuerza tiene como misión hacer que los diputados del PSOE se abstengan en la investidura de Rajoy permitiendo con ello que el PP vuelva a gobernar. Su consecuencia casi inmediata será la desaparición de la socialdemocracia como oposición efectiva. Un PSOE débil, sin prestigio ni credibilidad, pasará a la inoperancia.  

Ante este peligro, ante esta amenaza, la ciudadanía tiene que reaccionar si no queremos amanecer un día inmersos en una dictadura civil que habrá acabado con nuestros derechos y nuestras libertades. 

Eliminar a la democracia

Hay que afirmar sin ambages ni paliativos que nuestra democracia está en peligro.

Durante cuatro años, Mariano Rajoy, su gobierno  y el Partido Popular han hecho todo lo posible por generar entre los ciudadanos desconfianza en las instituciones, empezando por el ejecutivo, siguiendo por el Parlamento, el poder judicial, la policía, los partidos políticos -la prensa se ha desprestigiado sola, pero por afinidad al PP-. Parecería que el desprestigio de cuantos nos gobiernan a todos los niveles surgiera de la cantidad de casos de corrupción que de pronto nos inundan como si se hubiera desbordado una cloaca. Pero no es solo la corrupción sistémica lo que lleva al ciudadano a perder la fe, la esperanza y el afecto en y por sus  gobernantes. Un presidente que exhibe su indolencia sin reparo, unos portavoces que sueltan explicaciones tan peregrinas y estúpidas que cuestionan la inteligencia  de los receptores de sus mensajes, unos políticos investigados o imputados por una ristra de delitos que se pasean por sitios públicos en España y en el extranjero pregonando la impunidad de los poderosos, han incrustado en el alma de los ciudadanos un escepticismo y una indiferencia por hastío que les induce a prescindir de todo interés por la política y a abdicar, por lo tanto, su derecho a fiscalizar a quienes les gobiernan. ¿Y no es eso lo que quieren los políticos ineptos o deshonestos o ambas cosas, que les dejen hacer sin fiscalizarlos? Cuando un gobierno procura por todos los medios sustraerse a la fiscalización de los poderes legislativo y judicial y a la crítica de la ciudadanía, no cabe duda de que ese gobierno tiene intenciones totalitarias.

Los esfuerzos del gobierno de Mariano Rajoy por enajenar a los ciudadanos de la política llegó a tal punto durante la pasada legislatura que hasta podría hacer pensar que tuviese comoobjetivo la demolición controlada de las instituciones democráticas, para sustituir la forma de gobierno que elegimos en el 78 por un régimen similar al de la dictadura.

A pocos días para el comienzo de la campaña electoral, todos los medios de comunicación están colaborando de un modo u otro con la propaganda del Partido Popular. En contra de esta afirmación podría aducirse que todos informan puntualmente sobre los casos de corrupción que van aflorando. Pero los mismos politólogos y comentaristas que ventilan esos casos apostillan que la corrupción no influye en la decisión de los votantes de derechas. Influye el miedo, miedo al cambio a peor, a volver a los comienzos de una crisis que se le imputa al anterior jefe de gobierno como si,  por un hechizo, Rodríguez Zapatero hubiera causado el colapso financiero mundial. Conscientes, como cualquiera, de que el miedo inculca un voto conservador, los analistas repiten en todos los medios cifras que parecen demostrar una supuesta recuperación económica, y acto seguido exponen la situación real en toda su negrura concluyendo que es lo que hay y que no puede haber otra cosa. Es el mensaje de Mariano Rajoy. El PSOE destruyó el país y el PP lo reconstruyó.

La España reconstruida por el gobierno del Partido Popular es un país donde mal viven millones por falta de recursos y otros millones se aferran a lo que tienen por miedo a perderlo todo. Pero el Partido Popular atiza constantemente el miedo a un cambio insistiendo en que solo puede ser a peor.

No podemos esperar que medio alguno instruya a los ciudadanos sobre la diferencia entre un gobierno informado por el liberalismo inhumano que orienta la economía hacia el beneficio de financieros y empresarios, y un gobierno que se funda en los principios de la social democracia poniendo la igualdad y el bienestar de los ciudadanos por encima de todo. La función de los medios no es instruir, y menos en España donde hasta los más serios han caído en el amarillismo para aumentar lectores y audiencias. Si queremos evitar el peligro que se cierne sobre nuestros derechos y libertades, los que estamos convencidos de que solo el PSOE garantiza un gobierno dirigido por los valores de la socialdemocracia tenemos que tomar parte activa en la campaña electoral utilizando las redes sociales y todo los medios a nuestro alcance para difundir la verdad que la propaganda oculta o desvirtúa con la ayuda de los medios de comunicación.

No estamos ante unas elecciones  que simplemente supondrán un cambio de gobierno dentro de la normalidad constitucional. Estamos ante un grave peligro que amenaza nuestra forma de vida. La crisis ha desquiciado a Europa. Los europeos, atemorizados, corren a ponerse bajo el amparo de los políticos de ultraderechas que les prometen la prosperidad de sus bolsillos si todos se encierran en un egoísmo brutal que cierre las puertas a los miserables de afuera y de adentro. La crisis ha desquiciado a España. Dicen las encuestas que la mayoría de los españoles se dispone a entregar el poder otra vez a quienes nos exigen que les perdonemos cualquier desmán a cambio de garantizarnos, al menos, un plato en la mesa. Los desmanes en la próxima legislatura pueden incluir el endurecimiento de leyes que, como la Ley Mordaza, nos priven de la libertad de expresión y manifestación; una reforma laboral que acabe con las escasísimas garantías que aún le quedan al trabajador; una privatización total de la sanidad y la educación; una mayor influencia de la Iglesia en leyes que afecten a la moral. No podemos permitir que el miedo sea recurso exclusivo de la derecha. Cada vez que el Partido Popular atice el miedo, hay que recordar a todos que ante otra legislatura de la derecha, hay que sentir terror.

Dejemos que el miedo a perder nuestros valores y nuestra forma de vida nos impulse a trabajar por el triunfo del PSOE como si nos fuera la vida en ello, porque verdaderamente, nos va. Digamos sin reparo que la propaganda busca por todos los medios hundir a Pedro Sánchez y al PSOE porque el partido socialista es la única salida al túnel en el que nos metió el Partido Popular con el engaño de que al final saldríamos a un país libre de la crisis. Digamos a la gente la verdad, digámosle que el túnel en el que nos metió el Partido Popular sale al mundo de cuarenta años atrás.

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¿Cuántos leyeron este artículo?  Poquísimos. ¿Cuántos llegaron a las mismas conclusiones?  Tal vez muchos, pero muy pocos se han atrevido a pregonarlas para neutralizar los efectos de una propaganda embrutecedora. La mayoría volvió a votar por el PP y los llamados barones del PSOE hicieron propaganda contra su propio partido en las campañas electorales sin que ningún medio se preguntara a qué se debía una conducta tan inexplicable. Ya sabemos lo que ocurrió el 1 de octubre. Ya sabemos que el PP está podrido de corrupción y que el presidente de la gestora del PSOE hace un llamamaiento a demoler las barricadas de la ética y abstenerse para que el PP vuelva a gobernar. ¿Qué podemos esperar de un país con un gobierno  indecente y una oposición inoperante?   Los que recuerden la España del régimen pueden dar la respuesta a quienes no lo vivieron o no lo recuerdan. 

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7 comentarios sobre “Eliminar a la democracia

  1. De nuevo muchísimas gracias. Qué sería delos cómicos sin los aplausos. Pues mira, a los escritores les pasa lo mismo y más porque en vez de trabajar con público, tenemos que trabajar solitos. Por eso es tan importante la opiniòn del lector. Gracias otra vez

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  2. Puedo estar de acuerdo en parte con la exposición del problema, pero que destile una visión exclusiva en beneficio socialista, es en lo que no estoy de acuerdo y suponer que el PSOE es el que tiene la solución, es tan de imbecil como los que piensan y votan PP, por miedo a otras opciones.

    Llevamos decenios de gobierno de ambas formaciones y estamos como estamos, ¿qué solución han aportado?.

    Que cada cual llegue a su propia conclusión.

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