Pedro Sánchez entre el todo y la nada

Publicado en El Socialista Digital el 28 de febrero de 2016

 

“Separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido”. Michael Ende

Ende nos contó que la Nada estaba destruyendo el reino de Fantasía. Era un cuento. La Nada está destruyendo poco a poco nuestro reino y es pura realidad. Los españoles hemos ido perdiendo la ingenuidad; como los viejos, el pelo. Ya casi nadie cree en algo, en alguien. Un cinismo helado nos está dejando las glándulas secas y el alma en cueros; sin la fe, la esperanza y el amor que la hacen humana. ¿Exageración pesimista?

El miércoles 24 de febrero, Pedro Sánchez y Albert Rivera firmaron un acuerdo. Es un pacto de gobierno de progreso y reformista, dijo Sánchez. Es el inicio de una segunda transición para España, dijo Rivera. Es un pacto entre un partido de la derecha más derecha y un partido que aborrecen los partidos de la izquierda de verdad, dijeron los detractores del PSOE que, como es sabido, son de todas partes.

Lo que fuera el acuerdo le importó un pimiento a una gran mayoría de la población. Fue tal el regocijo que causó el escándalo de los pactantes, que nadie tuvo tiempo ni ganas de fijarse en lo pactado. Miles de tuiteros del PP, de Podemos y de izquierdas varias, corrieron a sus programas de foto y vídeo montaje y, asistidos por la musa del humor grueso, tan the fashion, se pusieron a parir viñetas y composiciones fotográficas criticando el acuerdo, que aún no había visto nadie más que los firmantes; frases insultantes contra Sánchez y en menor número contra Rivera; barbaridades contra el PSOE. Los periodistas corrieron a sus ordenadores a componer titulares exprimiéndose el ingenio para que resultaran atractivos y, al mismo tiempo, acordes con la línea editorial del periódico, siendo casi todas esas líneas, y casi sin el casi, contrarias al PSOE y a su secretario general. Casi todos los opinantes, los de opinión por escrito y en tertulias de radio y televisión, decidieron enseguida que no valía la pena comentar un texto de sesenta y seis páginas. Puede que alguno se lo leyera en diagonal, pero ¿para qué aburrir a lectores y audiencias con el contenido si de todas formas no serviría para nada porque sin los votos de Podemos, Sánchez no podría ser investido presidente, y Podemos no le iba a dar los votos si no les dejaba meter su caballo lleno de podemitas en el mismísimo centro neurálgico del gobierno; y Pedro Sánchez no les iba a dejar porque, como había demostrado sobradamente, el ansia de poder no le afectaba la razón?

Del acuerdo, del resultado de horas de trabajo de todos los expertos de los correspondientes equipos implicados en el esfuerzo de pactar un acuerdo de gobierno, sólo han hablado en profundidad algunos socialistas y algún opinante de los que siempre han supeditado a la objetividad y a la honestidad todo lo demás. Sirva de ejemplo el artículo de Odón Elorza,Mi opinión del acuerdo entre PSOE y C’s, en el que desglosa planes, compromisos concretos y objetivos que el acuerdo contiene, ofreciendo el número de las páginas donde los puede encontrar quien no tiene bastante con que le cuenten la película.

Pero bueno, ¿qué importancia puede tener un acuerdo que carece de cualquier posibilidad de ponerse en práctica? Políticamente, tal vez ninguna. Puede que sea cierto que sólo servirá para que los ciudadanos vean con claridad dónde está situado cada líder y qué puede esperarse de él. Y puede que al votante que no sufra de fanatismo o de simple estupidez le sirva para decidir su voto con mayor conocimiento de causa el día que le toque volver a votar. Aunque sólo fuera por eso, tal vez podría decirse que el esfuerzo valió la pena. Pero, ¿no habrá servido para algo más?

En el reino de Fantasía, unos cuantos personajes se ponen a luchar contra la Nada que todo lo destruye y amenaza convertirlo en un yermo gris. Es evidente que no se puede combatir una causa que se desconoce. La reacción al pacto de gobierno, ¿no nos estará advirtiendo de la invasión silenciosa de la Nada que quiere destruirnos moralmente, es decir, como seres humanos? Y esa advertencia, ¿no servirá para que algunos luchen por salvarse como individuos y por salvar a los más próximos de esa plaga de deshumanización?

El país que desde el miércoles disfruta en sesión continua el espectáculo de una horda de personajes corruptos declarando en tribunales; de una horda de descerebrados que se toman la política a chacota lanzando insultos y calumnias a los contrarios; de una horda de periodistas que salen del paso repitiendo frases hechas para evitarse el esfuerzo de profundizar en los asuntos buscando la verdad; de una horda de políticos a los que no da vergüenza alguna mostrar ante los ciudadanos que lo único que les mueve a involucrarse en la gestión pública es el ansia de poder; ese país es hoy el lugar donde luchan por sobrevivir millones de personas que lo han perdido todo, incluyendo la dignidad.

¿Cuántos de los que conservan lo necesario para ser considerados personas normales en este país han sentido la curiosidad de hojear un acuerdo en el que dos fuerzas políticas exponen lo que piensan hacer para rescatar a esos millones de desposeídos? ¿Cuántos se encogen de hombros porque el asunto no les concierne? ¿Cuántos se escudan tras la falsa superioridad del cinismo evitándose toda molestia con la excusa de que no creen en los políticos? Es posible que esa indiferencia o indolencia o las dos cosas parezca normal a la mayoría, una mayoría que hoy por hoy disfruta de una serie de aparatos que le permiten vivir desconectada del mundo que la rodea. Pero al margen de lo que parezca, la realidad es que esa indiferencia, esa indolencia, obedece a los estragos que la Nada va haciendo en el alma destruyendo la empatía que nos permite reconocernos en el otro; único modo que tenemos los humanos de reconocernos a nosotros mismos.

Y eso ¿qué consecuencias prácticas puede tener? Por ejemplo, el pasado 20 de diciembre más de siete millones de españoles votaron al partido que había hundido a millones en la pobreza y que amenazaba continuar recortando derechos y libertades para proporcionar a los empresarios un colchón de obreros pobres sobre el que poder descansar aumentando beneficios. A esos votantes se les dijo que el PSOE, que le había dado al país todo el estado de bienestar que los ciudadanos habíamos disfrutado durante décadas, nos había quitado de repente algo de todo eso; se les dijo que el PP, que en cuatro años nos había dejado sin casi nada, era la única garantía de que quienes tenían empleo, no perdieran al menos su seguridad salarial. Esos votantes creyeron lo que se les decía y volvieron a votar al PP. Es evidente que los millones de desposeídos sin recursos ni trabajo les traían sin cuidado.

A otros se les convenció fácilmente de que dispersaran su voto por aquí y por allá para evitar el bipartidismo. ¿A ninguno de esos se le ocurrió preguntarse qué pasaría si la profusión de partidos hacía ingobernable el país? Por la pantalla del televisor, del ordenador, del móvil se dijo a los ciudadanos que los dos partidos tradicionales eran iguales, y la mayoría se lo creyó porque hace ya mucho tiempo que para la mayoría, lo que aparece en las pantallas es la realidad más real. Y por eso el ciudadano, convertido en espectador, decidió votar por el político que más gracia le hacía en sus pantallas sin preocuparse de reflexionar sobre lo que ofrecía y cómo se comprometía a cumplir. Y por eso las relaciones de los políticos con los ciudadanos se han reducido en los últimos años a utilizar las pantallas para manipularles.

Por las pantallas salió la foto de Aylan, el niño muerto en una playa, y Europa entera se conmocionó. Por eso no conviene que salgan en las pantallas los cientos de niños que han seguido muriendo como Aylan y los millones que sobreviven como pueden al hambre, al frío, al abuso. No es bueno que se avive la empatía, la solidaridad. Las almas viven mejor, trabajan mejor sin sentimientos.

La Nada crece y se extiende como una marea gris cubriendo a España, a Europa. Si es inevitable que tengamos que volver a votar, ya se verá hasta qué punto ha conseguido deshumanizar el país como está deshumanizando el continente.

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3 comentarios sobre “Pedro Sánchez entre el todo y la nada

  1. María, vivimos en la fantasía, en el cuento… Todos vivimos en lo abstracto, y la realidad es concreta. Nos contentamos con los abstractos: hablamos abstractos, escribimos abstractos, nos contamos cuentos… Lo abstracto casi no muerden, la realidad muerde.Un día, a los 5 años de profesor de sociología en la universidad me dije: “No quiero achiquillarme, quiero ir a donde los problemas muerden, ¡a la empresa!” Volver a la realidad, vivir en lo concreto, trabajar en actividad productiva, relacionarme… Vivir, trabajar, relacionarnos…, es necesario, no nos dejemos enajenar con las elucubraciones, las fantasías, los cuentos, que sólo tienen sentido si se alejan de la realidad…
    Gracias

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  2. Haces unos escritos demasiado largos, tal vez necesitas explicarte, con ejemplos para que se vea lo culta que eres o/y por considerar que los demás no te van a entender, algo mas resumido, y no mezclar temas resultaría más ameno, a menos que pretendas escribir exclusivamente para intelectuales. Saludos

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