A la mierda, dijo

¿Quién no recuerda el grito del cabreo de un hombre que subía a la tribuna del Congreso sabiendo que la voz se la habían dado los ciudadanos para que hablara en su nombre? Grito de furia contra unos diputados que abucheaban y se reían de su voz porque no les interesaba lo que decía; porque para esos diputados, la voz del ciudadano solo importa el día de las elecciones, y una vez conseguido escaño, sueldo y privilegios, levantan el puente y cierran el portal de su castillo para que no entre la chusma. ¿Quiénes eran esos diputados? Los diputados del Partido Popular, y se tiene que decir si no quiere uno caer en la equidistancia que es, hoy por hoy, el peligro más grave que se cierne sobre nuestra democracia.

Todos sabemos que las elecciones del 26 de junio las ganará la abstención. Durante los cuatro meses que ha durado este interregno absurdo, la práctica totalidad de la prensa ha hecho una campaña soterrada a favor de la abstención inoculando en oyentes, lectores y espectadores una sola idea fija para que penetrara en los cerebros con la fuerza del más potente eslogan: todos los partidos, todos los líderes políticos  son iguales. Si todos son iguales, piensa el ciudadano medio, ¿para qué voy a votar? Parecería, pues, que la prensa quiere desmoralizar a los ciudadanos hasta el punto de conseguir que la inmensa mayoría se quede en su casa causando una catástrofe política que no podría resolverse sin aplicar medidas de emergencia nacional. ¿Es esto lo que la prensa pretende? No. Todos sabemos que la abstención beneficiará al partido del gobierno en funciones.

Hoy, el día después de que la imposibilidad de formar gobierno se aceptara como inevitable, todos los medios del país destacan el fracaso de la izquierda para ponerse de acuerdo, culpando del fracaso, a partes iguales, a todos los líderes de los partidos de izquierdas. Solo les ha faltado el valor para decirnos, abiertamente, “Oiga usted, si es de izquierdas, quédese en su casa, no vote, ¿para qué va a votar si todos han fracasado?” Y es aquí donde la equidistancia se rompe, pero de un modo tan encubierto, que el mensaje entra en los cerebros por carambola. Si todos los líderes de los partidos de izquierdas han fracasado, ¿quién es el ganador?  Mariano Rajoy, por supuesto.

No se puede decir que la prensa no sectaria haya ocultado los casos de corrupción en los que se inculpa al Partido Popular ni que hayan intentado ocultar o minimizar la responsabilidad de Mariano Rajoy en esos casos como presidente del partido. No se puede negar que la prensa no sectaria ha cumplido con la tarea de informar sobre la corrupción con puntualidad y exactitud. Entonces, ¿no se puede decir que eso pone a Mariano Rajoy y su partido al mismo nivel que los fracasados eliminándole como opción digna de ser votada? No.

Los resultados del 20D demostraron indiscutiblemente que los ciudadanos de este país no consideran que la corrupción sea motivo para no elegir a un político,  luego se puede ventilar la corrupción de quien sea, todo lo que se quiera, sin peligro de que influya en el resultado electoral. Lo que sí influye es destacar que hoy por hoy, el único valor seguro con el que cuentan los españoles es Mariano Rajoy por su firmeza, su entereza, su sapiencia, su conocimiento del patio y una cara tan granítica como su entrañas.

De la debacle de estos cuatro meses, el único triunfador ha sido quien se negó a que los españoles vieran su investidura derrotada y a quedar, por lo tanto, ante la opinión pública como un fracasado; quien se negó a entrar en negociación alguna con quien no le aceptara como triunfador en las elecciones y con derecho a imponer, por lo tanto, las políticas con que se tenía que gestionar el país; quien se tomó cuatro meses de descanso alejándose de cámaras y micrófonos, dejando que fuesen los líderes de izquierdas los que se quemaran, para reaparecer, en la nueva campaña,  con toda su lozanía, perfectamente en forma, vencedor de unos jóvenes inexpertos, incapaces, fracasados.

Toda la prensa ha destacado hoy el triunfo de la estrategia de Mariano Rajoy con el mismo ahínco con el que ha adjudicado el fracaso a los líderes de izquierdas, a todos por igual, metiéndolos a todos en el mismo saco de los perdedores.  Toda la prensa ha dedicado el primer día de la nueva campaña electoral a orientar el voto hacia la derecha a sabiendas de que un nuevo triunfo del Partido Popular significará cuatro años de sufrimiento para los millones de españoles que el gobierno del  Partido Popular dejó en la cuneta; de incertidumbre para otros tantos millones; y para todos, de servil acatamiento de las medidas neoliberales impuestas por los poderes que dirigen a la Unión Europea. Ante toda esa prensa, tranquila por estar dentro y a favor de la corriente, como aquellos diputados que se reían y abucheaban al salmón que desde la tribuna del Congreso les hablaba de las necesidades de las personas, uno vuelve a ver y a oír  a Labordeta, que en aquellos momentos era la voz de la dignidad humana, gritar a todos los políticos de derechas y a todos los que hoy han empezado a hacerles campaña para que vuelvan a ganar: “A la mierda. Váyanse ustedes a la mierda”. Grito para desahogar la impotencia que hoy podemos, además, disfrutar como venganza que la dura realidad nos sirve en frío y por adelantado. Porque esta vez, a la mierda nos iremos todos, desde el ciudadano más infeliz, al político y periodista más prominente. Aunque, bien pensado, no tendremos que ir a ninguna parte. Cuatro mil millones de razones caerán como otra plaga sobre nuestro país y el gobierno del Partido Popular les dará la bienvenida de tal modo, que para llegar a la mierda, los españoles no tendremos que dar ni un solo paso.

Anuncios

Un comentario sobre “A la mierda, dijo

  1. María. creo que deberíamos tener en cuenta, la posibilidad de que; una vez tenemos los 4500€ mensuales en el bolsillo al més, más 1800 para dietas, “podemos” vivir más cómodos contra un gobierno del PP, que teniendo que rompernos la cabeza gobernando nosotros. Es muchísimo más fácil y por tanto cómodo, criticar que gobernar. Porque es más llevadero, poner verdes a los demás, a que nos pongan a nosotros.
    Claro, eso en el supuesto de que la gente nos importe un bledo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s