La España encanallada

Publicado en Publicoscopia el 24de abril de 2016

 

Alguien dijo que, políticamente, España se ha vuelto Italia, pero sin italianos. El símil nos compara a un país en el que la atomización del voto forma parlamentos multicolores y gobiernos de corta duración, y cuyas instituciones funcionan a pesar de la inestabilidad y de una corrupción sistémica.

 

España no se ha vuelto ni puede volverse Italia por muchísimos motivos, pero aceptemos que se ha vuelto italiana en cuanto a inestabilidad política y corrupción. Habrá catetos -condición que se da en todos los estamentos y niveles de educación- que lo consideren un honor porque Italia, a pesar de todos los pesares, ha sido siempre uno de los países más importantes de Europa. Pero se da el caso de que la semejanza que encontramos a nuestro país con el de los italianos no alude a cualidades positivas; alude al encanallamiento.

La sociedad italiana, sintiéndose incapaz de luchar contra políticos corruptos instalados en un mundo aparte al de los ciudadanos anónimos, decidió encogerse de hombros y dejarles hacer. De la sociedad surgieron soluciones imaginativas para paliar las necesidades básicas de los ciudadanos de las que no se ocupaba el estado; la mafia, la camorra. La sociedad aprendió y se acostumbró a depender de canallas y los que pudieron, se encanallaron. Rotas las barreras morales, predominó sobre toda otra consideración el sentido práctico grabado en sus genes romanos. Ya que no se podía esperar que la solución a los problemas de los ciudadanos viniese de los políticos, de solucionarlos se encargaron las familias.

¿Semejanza con la España de hoy? Sin duda. Cuando un juez imputa al partido de gobierno afirmando que actuaba como organización mafiosa, solo se escandalizan unas cuantas voces. La mayoría, calla. El PP puede robar todo lo que quiera, pero sigue siendo el partido con mayor número de afiliados, 865,000 entre militantes y simpatizantes, dicen. El PP sigue siendo el partido más votado; más de 7.000.000 de votos. Las razones para tal seguimiento son múltiples, pero la que menos se menciona es la que más nos asemeja a la tendencia italiana. En tiempo de crisis, las soluciones solo pueden venir de la familia.

Una gran cantidad de españoles se afilia a la gran familia Popular creyendo que el parentesco les facilitará el acceso a algún tipo de ayuda. La pertenencia a la familia en el poder produce también efectos psicológicos; la autoestima del pobre se viene arriba solo por sentir que pertenece a la familia en el poder. ¿Les sirve de algo? A la mayoría, no, pero siguen siguiendo al PP como aquellos primeros cristianos seguían a Pedro porque decían que la sombra de su cuerpo tenía propiedades curativas; y los desesperados necesitan, al menos, algo en qué creer.

El gobierno del PP, el más vil que ha conocido España porque hoy prensa y redes no permiten ocultar la inmundicia bajo los sobrios trajes de los dirigentes, ha envilecido a la sociedad. La pobreza envilece, y la ineptitud y la falta de conciencia social del gobierno han producido millones de pobres. La falta de conciencia social envilece, y el ejemplo del gobierno ha dado una coartada a quienes solo se preocupan por el estado de sus propias barrigas. El gobierno, los gobiernos del Partido Popular, desde la presidencia del estado hasta los ayuntamientos, pasando por el Parlamento y las diputaciones e instituciones regionales análogas, han encanallado el país.

A una dirigente política todopoderosa se la investiga por corrupción, y el gobierno la nombra senadora. A un ministro se le descubren intentos de evadir impuestos, dimite, y sus compañeros de partido le montan una despedida amorosa en la que se elogian sus cualidades y se agradecen sus servicios. Al Ministro de Hacienda le preguntan por el bloqueo político que sufre España, y se parte de risa. Durante toda la legislatura, los escaños de la derecha del Parlamento se han visto sacudidos por las risotadas de los diputados del Partido Popular. ¿De qué se reían? De los esfuerzos inútiles de la oposición por conseguir que humanizaran las leyes que nos afectaban a todos; botón de muestra, las risas que provocó el “que se jodan” que el entusiasmo arrancó a una diputada mientras se anunciaba el recorte a la prestación por desempleo. ¿Qué concluye el ciudadano medio, conscientemente o a nivel subliminal? Que es la canallada lo que en este país percibe las mayores recompensas; que son los canallas los que ríen más y mejor.

No se puede decir que el presidente del gobierno haya hecho grandes esfuerzos por limpiar su imagen y la de su partido. Se ha limitado y se sigue limitando a repetir un argumentario plagado de falsedades y mentiras, modelo del más descarado cinismo. El estratega Rajoy sabe muy bien que el ejemplo convence con más fuerza que cualquier argumento. Puede que al principio le inquietara la cantidad y magnitud de los casos de corrupción que afectaban a su partido, pero seguramente tardó poco en tranquilizarse. Tal vez no sería del todo contraproducente que la gente se enterara de la conducta habitual de ricos poderosos, valga la redundancia. Así como la mayoría sucumbe a la tiranía de la moda llevando lo que se lleva, sucumbirá a la inmoralidad rampante si se convence de que es la conducta que se lleva en los estamentos superiores. Y si la prensa ventila que la corrupción afecta a varios miembros de una misma familia, mejor. El padre o madre corruptos enseña a sus hijos a corromperse, facilita que se corrompan y hasta les asocian a su corrupción. ¿Cómo van a querer unos padres algo malo para sus hijos? Del rey abajo, todos los padres aspiran a dar a sus hijos el ejemplo que consideran más conveniente para triunfar en la vida.

Así pues, mientras más se convenza la mayoría de que la mayoría de los políticos triunfadores son canallas, más intentará encanallarse, y mientras más encanallada se encuentre la sociedad, menos cuentas pedirá a los canallas que la gobiernan.

Por más que escandalice, el razonamiento es de una lógica aplastante y explica la indolencia de Rajoy y su habilidad como estratega. El 20 de diciembre la mayoría volvió a votar por su partido. ¿A alguien puede extrañar que en estos momentos dramáticos Rajoy se limite a esperar a las próximas elecciones sin inmutarse? Rajoy sabe que la mayoría, encanallada, le volverá a votar. Y las encuestas le dan la razón.

Además del ejemplo y el argumentario, el Partido Popular goza de la ayuda impagable de la prensa.

He aquí que Rajoy declina el encargo del rey para formar gobierno y se va a su casa a esperar, con la bienaventuranza de un bendito, a que se estrellen los demás. Y he aquí que el encargo lo acepta un hombre que no puede ganar. Pedro Sánchez Pérez-Castejón, candidato del Partido Socialista asume la responsabilidad de intentar formar gobierno. Antes de que le dé tiempo a empezar, Pablo Iglesias anuncia que su colaboración depende de que Sánchez le deje tocar poder y se pliegue a sus exigencias. De ahí en adelante, Iglesias y los suyos se dedicarán a criticar y ridiculizar los intentos de Sánchez con la evidente intención de que fracase para cobrar los réditos en votos. A Sánchez no le queda otro remedio que pactar con el partido que se confiesa con estructura de ameba, es decir, dispuesto a tomar la forma de donde mejor le pongan. Sánchez logra un acuerdo con Ciudadanos aún sabiendo que le lloverán de todas partes las críticas de aquellos que quieren atribuir a Ribera una sólida ideología de derechas. Sánchez se somete a un debate de investidura sabiendo que, diga lo que diga, no serán sus propuestas lo que se tome en cuenta, sino el hecho de no reunir apoyos suficientes. Sánchez sigue insistiendo, buscando el acuerdo imprescindible con Podemos. Pero a Podemos tampoco le interesan las medidas que Sánchez propone para enfrentarse de inmediato a los problemas de los ciudadanos de este país. Todos los trabajos y los esfuerzos del líder socialista se estrellan contra la muralla de los otros líderes cuya prioridad no es facilitar un gobierno que quite al Partido Popular el poder de hacer daño a la ciudadanía durante cuatro años más. Pablo Iglesias y Albert Rivera no tienen más prioridad que la de arrancar votos al PSOE para crecer a su costa.

La prensa refleja, de un modo u otro, la realidad de un país. Tiene que hacerlo. La prensa en España, con casi unanimidad, destaca que el único que ha fracasado en todo este juego de sillones ha sido Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Sánchez ha perdido, y nada valen ni las intenciones ni los trabajos ni los esfuerzos de un perdedor. Porque en un país encanallado solo vale triunfar, y solo se triunfa emulando a los canallas.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s