Somos ratas

Están tratando a los refugiados como a ratas. Peor, porque no son ratas, son seres humanos conscientes de lo que les pasa. Madres, padres con la angustia en los ojos que abrazan a sus hijos sin saber si una ola se los va a arrebatar, si se los va a arrebatar la muerte por no poder alimentarles, curarles un resfriado. Pero para los gobernantes de los países a los que intentan entrar, son ratas.
Hay ciudadanos en esos países que dicen que esto es horrible y que lo sienten mucho, pero que no se puede dejar entrar a esa gente porque desestabilizarían la economía del país. Para estos, aunque nunca lo dirían por vergüenza, esos refugiados también son ratas, ratas que infestarían sus casas si les dieran cobijo.

Lo que nadie piensa, de lo que nadie quiere darse cuenta, es que nosotros, todos, también somos ratas para los que nos gobiernan. Se hacen creer que son como padres severos, pero buenos, que hacen lo mejor para proteger a los ciudadanos de sus países. Es falso. Si tienen la oportunidad de vender armas, las venden, aún sabiendo que servirán para masacrar gente; masas de gente que para ellos no difieren en nada de las ratas. Ratas que sirven para trabajar  sosteniendo económicamente el país y para darles y mantenerles en el poder en los países donde se permite votar.

Miren el vídeo con atención. ¿No puede pasarnos a nosotros? Seguramente, esos padres sirios de clase media que llevaban a sus hijos al colegio antes de ir a trabajar en sus oficinas, sus laboratorios, sus hospitales, sus universidades, nunca imaginaron que un día se verían atravesando el Mediterráneo para encontrarse metidos como ratas en tierras fangosas entre alambradas, protegiéndose de la lluvia con plásticos, sin poder lavarse, cambiarse de ropa, hacer sus necesidades con un mínimo de higiene e intimidad. ¿No puede ocurrirnos a nosotros? ¿Por qué? A los líderes del mundo no les importa a quién le pueda ocurrir eso. Harán lo que tengan que hacer para proteger los privilegios de quienes acaparan el dinero y viven para multiplicarlo. Y encontrarán todas las excusas que hagan falta para justificar su conducta. Los demás somos ratas.

Quienes ven lo que les está pasando a los refugiados y sienten mucha pena, pero se dicen que no pueden hacer nada y que, o son ellos o nosotros; quienes se sienten con derecho a tener todo lo que tienen y no quieren que nadie se lo venga a disputar, tal vez un día, cuando se den cuenta de que también son ratas tratadas como ratas por sus líderes, recuerden su indiferencia de hoy. Tal vez entonces se den cuenta de que lo que tenían no les hacía superiores a los que no tenían nada; que en realidad eran ratas y nunca dejaron de ser ratas para quienes nos ven como una masa de ratas que los líderes no dudan en exterminar en cuanto ya no pueden sacarles nada que ellos consideren de valor.

En nuestras manos está demostrar a los líderes que somos seres humanos a quienes no se puede tratar como ratas impunemente. Y más vale que demostremos el poder que tienen los seres humanos unidos contra líderes que no respetan a la humanidad. Si no lo hacemos por solidaridad, tenemos que hacerlo por egoísmo, porque si no lo hacemos, puede que un día nos traten como a ratas. Y si ese día llega, nos lo habremos merecido.

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