¿De qué están hablando?

vcm_s_kf_repr_643x362

Hemos amanecido con la tranquilidad de que hay alguien dispuesto a trabajar por nosotros. Esto es así aunque prensa escrita, radio y televisión nos hayan excluido por completo de su interés y, por lo tanto,  de su atención, encerrándose en su búnker a analizar lo que pasa como si fuera una partida de ajedrez.

¿Qué posibilidades tiene Pedro Sánchez de conseguir los votos necesarios para ser investido presidente del gobierno?   ¿Quién le dará el jaque mate; los otros, los suyos? No se habla ni se escribe de otra cosa.

Periodistas y analistas nos confirman que viven en los márgenes del mundo de los políticos mirando a los políticos porque son los que les dan de qué hablar y, por lo tanto, de comer. En el fondo de sus especulaciones, la realidad brutal que se ha instalado en este país durante cuatro años de gobierno inhumano: los ciudadanos, nosotros, no contamos para otra cosa que para contarnos cuando nos convertimos en votos.

Sí, se habla de paro, de pobreza, de desahucios, de igualdad, de violencia de género, de pensiones, faltaría más. Pero cuando se habla de todo esto, hablan de porcentajes, hablan de fardos, de los fardos que pesan sobre una sociedad que a duras penas se mantiene a flote chapoteando en el pozo negro de la corrupción.

De vez en cuando sacan a alguno de nosotros para contar una tragedia individual que conmueve a la audiencia. El drama de un desgraciado produce el efecto paradójico de dejar a todos contentos.   Por un lado, los responsables de hacer pública esa desgracia particular sienten su utilidad y disfrutan del reconocimiento de su labor social; por otro, el espectador conmovido se reconcilia consigo mismo al comprobar que le funciona la empatía. En cuanto al desgraciado, vuelve al anonimato, a su silencio, a la soledad de su tragedia en cuanto se acaba el tiempo que le han concedido y entra la cuña publicitaria o la música que anuncia que a otra cosa, mariposa.

Tiene que ser así, claro. Nadie encendería la radio ni la televisión si ofrecieran de la mañana a la noche tragedias individuales con nombres y apellidos de parados, de familias hundidas en la pobreza, de enfermos condenados a morir por falta de medicamentos caros, de personas condenadas a perder sus casas, de jóvenes condenados a dejar su tierra, su familia y sus amigos para encontrar un país que no les niegue la supervivencia. de mujeres asesinadas. Esa flagelación constante de las conciencias sería, de todos modos, injusta e inútil. Los parados, los pobres, los exiliados de la sociedad son millones. Nada ni nadie daría abasto si de esa inmensa bola de miseria intentara señalar a las víctimas una a una.

Romper la cadena de pobreza y precariedad que esclaviza a millones no es cosa de los medios ni de sus audiencias. Es cosa de la política, de la administración de los recursos del país. Es cosa de los administradores, de los políticos.

Ayer, el rey encargó formar gobierno a Pedro Sánchez. Pedro Sánchez aceptó. A última hora de la tarde, en rueda de prensa, Pedro Sánchez pronunció un discurso en el que aceptaba el reto. Al aceptar el reto, Pedro Sánchez trascendió su condición de secretario general y candidato a la presidencia del gobierno del Partido Socialista, presentándose como aspirante a administrador de los recursos públicos; ofreciendo un programa de cuatro puntos fundamentales para sacar a los españoles del marasmo en el que nos hundieron los administradores del gobierno anterior. Pedro Sánchez presentó ayer un resumen de lo que quiere hacer su administración para ofrecerlo a las fuerzas políticas con las que debe negociar y a los ciudadanos;  para empezar creando la esperanza y el entusiasmo imprescindibles  si queremos luchar todos a una por la regeneración del país, de la sociedad, de nuestras vidas.

Pero quien no haya escuchado ayer el discurso de Pedro Sánchez, tendrá que buscarlo expresamente en las páginas que lo reproduzcan. Porque ayer no había ni periodista ni comentarista dispuesto a volver los ojos hacia los ciudadanos y analizar y explicarnos ese programa que es, en realidad, lo que nos atañe y, por ende,  lo que nos importa. Todos se pusieron a contarnos que si pacta con éste, que si pacta con aquel, que éste con ése no quiere, peón para aquí, caballo que salta, reina que se quiere meter. Y eso, ¿cómo nos afecta a nosotros, a nuestra vida? ¿Por qué no nos cuentan qué nos ofrece Pedro Sánchez para que podamos montarnos la vida con la certeza de que el gobierno está administrando los recursos de forma que garanticen a todos una vida digna?

No nos cuentan ni nos ayudan a comprender lo que nos interesa porque en cuatro años, el gobierno de Mariano Rajoy y los suyos consiguió desviar el interés de los asuntos de los ciudadanos, a los asuntos del Dinero en mayúsculas, es decir, en lenguaje de enterados, de la macroeconomía.  Consiguió imponer la moral del sálvese quien pueda y lo demás es demagogia. Consiguió desmoralizar, deshumanizar la sociedad para que los seres humanos que la componemos aprendiéramos a trabajar sin incordiar a unos administradores cuya función consistía en representar el cargo dejando que los funcionarios se encargaran del trabajo.

Pedro Sánchez se enfrenta, a partir de hoy, con la tarea de defender su programa ante los partidos con los que debe negociar. Esperemos que los comentaristas nos cuenten lo que se está negociando, cómo van esas negociaciones, qué proponen los otros partidos. Esperemos que nos libren de la cantinela con la que ayer nos aburrieron hasta dejarnos fritos: “Pedro Sánchez lo tiene muy difícil”. Esperemos que aunque sea por orgullo, se abstengan de seguir repitiendo las posibles jugadas; que bajen de sus redacciones, de sus estudios radiofónicos, de sus platós y se den cuenta  de que, por más famosos que sean sus nombres, en la calle, en sus casas no son más que empleados, como todos los que tenemos la suerte de tener un empleo; ciudadanos que, como todos, deben poner ahora toda su atención en la calidad, idoneidad y propuestas de quien quiere convertirse en cabeza de la administración del país.

Nosotros los ciudadanos, con trabajo o con la necesidad desesperada de conseguirlo, hablamos de nosotros, de nuestro presente inmediato, de nuestro futuro y el futuro de las próximas generaciones. Es de eso de lo que tienen que hablar los políticos a partir de hoy. Es de eso de lo que tienen que hablarnos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s