La rota España se rompe

(Publicado en Publicoscopia el 5 de octubre, 2014)

España se rompe por el flanco oriental, cosido desde siempre con poca traza. ¿Es la culpa, acaso, de quien la cosió? ¿O son culpables, por ventura, los prohombres que llevan centenarios estirando, unos  cap aquí (en el español de todos los españoles: hacia aquí) y otros hacia allá? Desdichada España que ha visto nacer tantos varones eminentes ligeros de meollo.

Diría Pero Grullo que en la brumosa España del otoño de 2014, tal parecería que la Señora Cordura ha abandonado el territorio nacional dejando a los  lóbulos cerebrales donde suele ubicarse la inteligencia,  con el aspecto de cadáveres exentos de vida, como decía el Licenciado Don Menchaca, discípulo uruguayo de nuestro ínclito profeta medieval. Uno que no ha alcanzado la perfecta simplicidad conceptual de Don Pero se pregunta, ¿cómo es que siguen hablando y gesticulando las gentes como si normales fueran, teniendo, como tienen, en apariencia y por diversas causas, el cerebro averiado?

Hace poco nos enterábamos por investigadores diversos de que no tenemos un solo cerebro; tenemos dos: uno en la cabeza, el conocido de toda la vida, y otro en el estómago. El del estómago no piensa, nos dicen, sólo emociona al resto del cuerpo provocándole una reacción más o menos intensa según el estado de salud de las glándulas.  A juzgar por la deriva de nuestro amado país, arrastrado por la violencia eólica de todos los vientos del mundo hacia una realidad distinta de la que por realidad conocíamos, la existencia de un cerebro en el estómago no parece cosa de investigadores desencaminados que hayan perdido el norte.

Estamos asistiendo a una serie de fenómenos cataclísmicos que  o bien indican la actividad esotérica de un cerebro estomacal en el organismo de nuestros gobernantes, o habría que atribuirlos  a una  preternatural  invasión de huestes satánicas, como si Dios, Nuestro Señor, hubiese permitido que Satanás se cebase en nuestro modélico país como  le permitió, tiempo ha, que perpetrase todo tipo de diabluras contra la hacienda, la familia y la salud  del Santo Job. Como han llovido tantas lluvias desde que Pero Grullo paseara su sabiduría entre nosotros y  por no volver a las creencias de aquella época tenebrosa, preferimos optar por la explicación más racional y moderna. Aceptemos, pues, como hipótesis de trabajo, que tenemos un cerebro en el estómago que puede alterar y altera todo el resto del cuerpo y que en circunstancias climatéricas puede segregar  sustancias  alteradoras en tal exceso,  que llegan a inundar la parte más noble de la cabeza donde habita el juicio, fundiendo, temporal o permanentemente, los nervios transmisores del pensamiento racional. Esto explicaría el último trance que nos acoquina.

España la una, la grande, espera, con el alma en vilo y el cerebro del estómago revuelto, un choque de trenes que todos los agoreros vaticinan, sin parar mientes o tal vez parándolas, en que la permanente espera de una catástrofe puede paralizar al personal  dejando a medio mundo muerto de miedo. ¿Llegará la sangre al río? todos se preguntan.

Tres protagonistas tiene el entuerto que nos acongoja. Entuerto que no siendo ni el primero ni el más grave de cuantos nos han caído encima en los últimos años, se ha situado a la cabeza de todos los demás, y allí se ha ido inflando y engordando de tal manera que ya no deja ver nada de cuanto tapa. “España se rompe” es hoy por hoy el grito de toda garganta patriótica. Unas cuantas gargantas advierten que no es esa la tribulación más grave que aflige al país, pero como son pocas, sus advertencias no llegan al grueso de los oídos. O sea, que mientras la patria se descompone comida por dentro por una gusanera de su propia crianza que puede acabar con ella para convertirla en algo peor, sus hijos sólo ven que por fuera amenaza descoserse por donde suelen descoserse las prendas de más uso, es decir, por las costuras que un día se cosieron mal sin tener en cuenta que tiraban las sisas. ¿Mucho hacer para nada? preguntaría un despistado anglosajón, por ejemplo; lo que en román paladino significa: ¿Tanto ruido para tan pocas nueces? Lo que se descose puede volverse a coser poniendo hilo a la aguja (fil a l’agulla, que dice el dicho catalán) y un poco de esmero para que esta vez la costura dure más inviernos. ¿Por qué, entonces, se empeñan, dirigentes y voceros, en convertir asunto de tan fácil arreglo en una tragedia griega con su Edipo, su Creonte  y su patética Antígona, envueltos todos ellos en drama tan horrendo que, como decían nuestros padres, al final muere hasta el apuntador?

Como es de todos sabido, tuvo nuestro país, antes de ayer, un presidente que iba para santo. Este señor pensaba con el cerebro del estómago que, al carecer de la facultad de la razón, es incapaz de pensar como piensa el cerebro que calcula, y produce, por lo tanto, reacciones tan insólitas y peligrosas como la de intentar gobernar un país sintiendo compasión por sus ciudadanos y destinando los dineros públicos al público bienestar, sin comprender lo que todo gobernante sensato comprende: que si se gastan los dineros públicos en el bienestar del público, las arcas públicas se quedan sin fondos con que pagar otros asuntos de mayor enjundia. Apabullante como pueda resultar tanta insensatez, el extraviado presidente aún hizo algo peor  llegando al colmo de lo tolerable; dijo a los catalanes que respetaría su voluntad.

Fue el principio del fin. Como lo que mal empieza no puede terminar de otra manera, el presidente de la cabeza averiada se marchó, dejándonos con una mano adelante y otra atrás como únicos medios con  que taparnos la vergüenza de ser tan pobres como lo habíamos sido en otros tiempos.

Y subió al sillón del que más manda el, hasta entonces, jefe de la oposición. Érase y es el presidente actual hombre de un solo cerebro, el de la cabeza,  cabalmente empeñado en conducir al país con la sensatez proverbial de los sensatos. Don Mariano Rajoy gobierna tranquilo, con esa paz propia de las sustancias de los sepulcros que algunos vivos disfrutan antes de convertirse en cadáveres por tener el cerebro estomacal medio muerto o haber nacido sin él. Como dicen los entendidos que no podía ser de otra manera, hizo desde el principio todo lo contrario de lo que había hecho el anterior. Gobierna sin aspavientos, encerrado en el  hermético silencio  en el que la plebe ha reconocido desde siempre al sabio o al idiota. No cabe duda alguna  de a cual de los dos grupos pertenece nuestro regidor. Miente con aplomo y defiende sus mentiras con tal convicción que ya casi no queda en el país vocero alguno que insista en interrogarle. Desde el principio de su mandato y con la firmeza inmutable que usualmente se atribuye a una roca o a una mula,  dijo a los catalanes que se guardaran su voluntad allí donde no pudiera incordiar a nadie. Y viendo que cuanto había hecho era bueno, se puso a descansar como Dios.

No descansan los que le circundan. Unos le apremian a que dialogue, otros a que mueva ficha, otros a que haga lo que sea. Pese a todo y a todos, el inmutable mandatario no se mueve, ni está dispuesto a moverse ni a hacer cosa alguna de las cosas raras que le piden que haga. ¿Para qué? Los ciudadanos le admiran. Admiran su roqueña firmeza hasta quienes no encontraban ningún otro motivo para admirarle.  Descansando en su imperturbable ataraxia, no sería de extrañar que Don Mariano sienta una ligera oscilación del ánimo cada vez que recuerda con agradecimiento el favor que le están haciendo los catalanes, evitando que otras cosas le hagan perder el sillón.

Mientras tanto, sentado en su esquina, el presidente de los catalanes también espera tranquilo, aunque no tanto. Conseller de Política Territorial i Obres Públiques, luego de Economia i Finances y mas tarde Conseller en Cap (Primer Consejero) antes de llegar a la cumbre, los antedichos cargos le sitúan en las arenas movedizas de la corrupción que desde recientes fechas está siendo investigada en varios juzgados. Hasta ahora Artur Mas ha recurrido al “yo no sabía nada” dando muestras de una cara tan diamantina como la de  Mariano Rajoy, al que también se parece en la sensatez y el hieratismo con que espera el natural devenir de las cosas.

Fiel a su ideología, Artur Mas empezó a gobernar recortando al estilo del más puro liberalismo, granjeándose la antipatía de todas las víctimas de sus recortes. Muy negras pintaban las encuestas para el susodicho y su partido cuando de pronto, en un tarde memorable del día de la Diada de Cataluña de hace dos años, se echaron a la calle más catalanes que lanzas tiene La Rendición de Breda, exigiendo el derecho a decidir si querían seguir formando parte de la España grande o acabar con el invento cortando los hilos que quedaran por cortar. Artur Mas, como el otro, se puso a la cabeza de sus ciudadanos iniciándose entre ambos lo que se llama un diálogo de besugos: uno que sí y el otro que no.  Los motivos por los que el presidente de los catalanes  descansa en paz son los mismos  que tranquilizan al presidente de todo los españoles, sólo que, gozando el primero de una mayor fluidez verbal en varias lenguas y de un gusto por las candilejas propio de un histrión, prodiga más que el último sus actuaciones declamando cuanto se le pasa por el magín cual redivivo Juan sin miedo. Si para que los votantes le devuelvan la confianza perdida hace falta hacerse independentista, uno se hace independentista y sanseacabó. Dicen los voceros que su arrojo y su obstinación  le han metido en un jardín del que no le saca ni la mare del Tano (madre de la mitología catalana de un personaje, mitólogico también, que sirve para todo, o como diría la madre de muchos españoles, que igual vale para un roto que para un descosido). Y si ni la mare del Tano le saca, debe pensar él, pues nada, que no se mueve de ahí. O sea que, en resumidas cuentas, ni Mas ni Rajoy se mueven aunque el primero realiza movimientos virtuales para que se le aprecie cierto contraste con el segundo.

Por último, el tercer personaje de la tragicomedia: los catalanes.  Los catalanes van, como iba el poeta, de su corazón a sus asuntos, aunque cada día que pasa les cuesta más pensar con la cabeza. Los que mandan les dicen “Votarem” (“votaremos”), y  las cálidas sustancias con que la emoción anega los cuerpos les sale hasta por los ojos. De política no quieren saber nada, sólo que votarán. Lo que más asusta a todos los españoles es que cada día que pasa aumentan los catalanes dispuestos a votar Sí, Sí, y hasta se teme que los más extremistas acaben proclamando unilateralmente la independencia de la República de Polaquia (se dice polaco de varios individuos que por diversos motivos recibieron el mote en los siglos XVIII, XIX y XX, entre ellos, los catalanes). ¿Pero cómo ha podido producirse tal desafección? ¿Tan distinta es Cataluña de España? Corruptos hay igual en ambas partes, como se ha demostrado. El interés por la pela (peseta) también ha demostrado ser el mismo entre los de allá que entre los de aquí. ¿Qué quieren entonces? ¿Una España en miniatura que sólo a los turistas interese?

El Espíritu de España  dice a Cataluña entre suspiros, “Hija mía, ¿por qué quieres abandonarme? ¿No ves que eres sangre de mi sangre?” A lo que la díscola responde “Vale. Soy tan hija de Putifar como tú, pero quiero serlo en mi propio piso y sin que metas tus narices en mi habitación”. (Putifar: personaje del libro del Éxodo. La relación con lo anterior  es  meramente onomatopéyica).

Por la razón que fuere, lo cierto es que los catalanes están de España, de su presidente, de sus ministros y de su Tribunal Constitucional  hasta la barretina.  Más o menos tanto como el resto de los españoles; estos, hasta la coronilla. Parece que ni Mas ni Rajoy les podrán contener si no pueden votar. ¿Cómo acabará tan doloroso conflicto?  Puede que los catalanes se conformen con meter su opinión en cualquier caja puesta en cualquier lugar o puede que no. Puede que les junten la elección del estado que quieren con la elección de los que quieren que lo dirija y puede que entonces se les enfríe el cerebro del estómago y les resucite el de la cabeza, que por algo se les considera gente de seny, o puede que no. Pase lo pase, no cabe duda de que pasará lo que Don Francisco de Quevedo vaticinara en Los Sueños remedando a Don Pero Grullo:

Muchas cosas nos dejaron

las antiguas profecías

dijeron que en nuestros días

será lo que Dios quisiere.

Quiera Dios o la diosa Fortuna que españoles todos nos pongamos de acuerdo para librarnos de histriones y mangantes, enviándoles con nuestro voto a sus casas, de las que  nunca debieron haber salido para amargarnos la vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s