Estoy harta de tanto “puta”

Estoy harta de tanto puta.

Hace unos años empezamos a descubrir que vivíamos en una cloaca pestilente sobre un sedimento de corrupción. La corrupción de los políticos nos golpea con fuerza porque el dinero que se embolsan es dinero nuestro. Pero los políticos no son los únicos que se corrompen. Es corrupto el que paga en negro, el que cobra más de la cuenta por un servicio aprovechándose de la ignorancia, de la buena fe o de la necesidad del otro; es corrupto el que sustrae al estado todo el dinero que puede despreciando la solidaridad con sus compatriotas; es corrupto quien roba al prójimo todo lo que puede por los medios que sean. ¿Alguien se salva del epíteto? Se salva el que trabaja en negro porque tiene que sobrevivir o sobrevivir y proveer para que sobreviva su familia. Por motivos análogos, se salva cierto tipo de prostitutas.

De putas, está llena España. España es el país de habla hispana  donde la palabreja goza de mayor aceptación; tanta, que su repetición se permite sin aspavientos en grupos humanos de toda condición económica y social. “Me lo pasé de puta madre”, “En mi puta vida…”. “Te copias y encima te dan un diez. ¡Qué hijo de puta!” Este uso habitual e indiscriminado  del vocablo desmiente el significado único que le otorga el diccionario de la Real Academia Española.

Dice la institución que decide sobre el uso correcto del español que puta es prostituta y que prostituta es la persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. ¿Es eso lo que quiere decir alguien cuando dice “mi puta vida”? Si así fuera, no lo diría  tan alegremente, digo yo.

Ateniéndonos a esta definición, casi todas las madres del país han ejercido la prostitución en algún momento de su vida porque casi no hay hijo al que en algún momento de su vida no hayan llamado “hijo de puta”, como insulto o como apelativo jocoso.  ¿Quiere esto decir que la mayoría de las mujeres son putas? La respuesta a esta espinosa cuestión pertenece al ámbito de las conciencias individuales. Sólo cada mujer sabe, en su fuero interno, si con su marido, compañero, amigo con derecho a roce o pareja circunstancial, mantiene relaciones sexuales movida por el amor o por el sueldo u otros beneficios económicos que le reporta  la relación. Tal vez si las conciencias se revelaran de pronto con la facilidad con que afloran mensaje privados en la red, comprobaríamos con estupor que la definición del diccionario se ajusta a la realidad más de lo que nos atrevíamos a pensar.  Pero hoy por hoy, no habiéndose descubierto una máquina que pueda leer el pensamiento del prójimo, la duda se circunscribe a la mente de los interesados o a un grupo de cotillas puestas a cuestionar las verdaderas intenciones que mueven a una mujer a entregar su cuerpo.  Sin ánimo de hacer juicios temerarios, sea cual sea el número de mujeres que copula por interés económico, ¿se puede decir que este tipo de puta es corrupta? Siguiendo al diccionario, si media el engaño, sí, hay corrupción.  

Entonces, no todas las prostitutas son corruptas. Pues no. La señora que utiliza su cuerpo como herramienta de trabajo, en la calle o en un prostíbulo, no engaña ni pervierte a los puteros que contratan sus servicios. Lo suyo es una transacción comercial clara y limpia por más que los hipócritas quieran mancillarla. Estas señoras sí se ajustan a la definición del diccionario sin más connotaciones que las que quieran poner los que, por diversos motivos,  se autoerigen en árbitros de la moral.

Lo que nos lleva a otra precisión lingüística. La palabra puta es un insulto, por más que algunos escritores progres la utilicen en plan rompedor. Que no joroben. A quien reivindica la diafanidad del vocablo, por los motivos que sean, hay que afearle su falsificación de la realidad. Puta es una palabra insultante, y si no, que quien la usa se la diga a su señora esposa o a su vástago “Ves a decirle a la puta de tu madre que se dé prisa”. ¿Qué algunas prostitutas profesionales se tienen que tragar el orgullo y aguantar la palabreja con aparente sentido del humor? Eso no neutraliza el efecto de bofetada que tiene, para cualquier mujer, que la llamen puta.

Así que a las cosas por su nombre, que para eso es tan rico el español. A la profesional que vende su cuerpo, prostituta y un respeto. El mismo que se le concede al putero llamándole cliente. A las otras, las encubiertas, que cada cual las llame como quiera, aunque  la convivencia en paz aconseja prescindir de insultos.

Aprovecho el día del trabajo para felicitar a las prostitutas y desearles que llegue pronto el día en que, libre de la hipocresía, de la falsedad con que tantos encubren sus vergüenzas, la sociedad las ayude a conseguir los mismos derechos que se le reconocen a cualquier trabajador.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s