Nos queda el amor…si nos queda

Y ahora resulta que las parejas se separan porque cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Y quien dice el hambre, dice los recibos que no se pueden pagar.

Y ahora resulta que algunas parejas no pueden separarse porque, aunque ya no se soporten,  tienen una hipoteca pendiente y ningún lugar en el que puedan permitirse vivir cada uno por su lado.

Y ahora resulta que el amor era un cuento que nos creíamos en la adolescencia hasta que el mundo adulto, es decir, el mundo del dinero, nos abrió los ojos a la realidad.

Qué pena de mundo, de este mundo donde las parejas se prometen amor eterno por el interés de independizarse, por el interés de comprarse un piso, por cualquier otro de interés ajeno al “te amo y me amas”, para descubrir de repente que ese otro que comparte nuestra vida es una persona que no nos interesa en absoluto.

Que pena de mundo, de este mundo  donde los niños mueren de hambre, pero no nos damos  cuenta hasta que tenemos la nevera vacía y no tenemos dinero con qué llenarla.

Qué pena de mundo, que pena de seres llamados a ser la cima de creación o del mundo animal, como quieran, convertidos en objetos inferiores al dinero del que dispongan para comprar el derecho a vivir su vida.

Porque ante una crisis de todo,  nos quedaba el amor, y el amor era indestructible. Pero llegaron los magnates del dinero y se rieron con tal ganas de todo lo que no fuera dinero y poder, que todos los que no tenían ninguna de las dos cosas quedaron acojonados por sus risas.

¿Y esto cuándo ocurrió? ¿En el 2008? Me viene a la memoria un amargo poema de Becquer escrito a finales del siglo XIX.

“Voy contra mi interés al confesarlo; 
pero yo, amada mía, 
pienso, cual tú, que una oda sólo es buena 
de un billete del Banco al dorso escrita. 
No faltará algún necio que al oírlo 
se haga cruces y diga: 
«Mujer al fin del siglo diecinueve, 
material y prosaica…» ¡Bobería! 
¡Voces que hacen correr cuatro poetas” 
que en invierno se embozan con la lira! 
¡Ladridos de los perros a la luna! 
Tú sabes y yo sé que en esta vida, 
con genio, es muy contado quien la escribe, 
y con oro, cualquiera hace poesía.”

¿Cuándo dejó el ser humano de ser un ser humano para convertirse en el único individuo inclinado a esclavizar y destruir a los de su propia especie? ¿Cuándo se convirtió el hombre en un lobo para el hombre? Hace tantos siglos que sólo unos cuantos, muy pocos, se acuerdan de que en cada momento de la historia ha habido y hay algunos, muy pocos, conscientes de lo que significa ser humano.

Y esos pocos, ¿qué son? ¿Bobos, poetas, locos, bufones  de los magnates y de sus acólitos? Tal vez, pero cuando al resto que tiembla ante el dinero ya no le queda nada más, a esos les queda el amor, la capacidad de amar al otro con plena consciencia, con plena humanidad.

Qué pena que sean, que hayan sido siempre tan pocos.

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