El poder de las tripas


Había una vez un periodismo que informaba para que el lector pudiese reflexionar y formar sus propias opiniones con fundamento. ¿O no? Digamos que si alguna vez lo hubo, parece que la necesidad -léase, el dinero-  se lo ha llevado por delante, como a todo. El periodismo te deja hoy la sensación de responder a dos directrices: corto y a las tripas. Puede que siempre fuera así, pero no se notaba tanto. Antes parece que también se preocupaba por escribir bien.

Lo de las tripas, se entiende. En cuanto a productos escritos, siempre ha vendido más el  que agita las hormonas y estremece el cuerpo que el que exige un esfuerzo intelectual. Pero en los últimos treinta años, más o menos, muchos emprendedores sagaces descubrieron que en los basureros y en las cloacas se escondían tesoros capaces de agitar a mayorías de millones y de llenar las cuentas bancarias de quienes se atrevieran a ofrecer al público lo más espeluznante, vergonzoso, grosero, obsceno que pudieran encontrar.

Y calcularon bien. No hay quien no sepa a qué revista o programa de televisión recurrir cuando busca que las emociones le inunden la mente silenciando las preocupaciones y tribulaciones del día. Ya que en este valle de lágrimas los preocupados y atribulados son mayoría, esas revistas y esos programas gozan de ingresos astronómicos y compiten por ofrecer lo más chungo, tanto si se dedican a los llamados temas del corazón, como si ofrecen comentaristas y tertulias de política tabernaria.

La competencia estira de la espiral. El periodismo llamado serio languidece mientras el cliente se le escapa alucinado por el carrusel de porquería, cada  vez más atrevido, vistoso, gritón. Y tras el cliente, el dinero. ¿Qué hacer?  Corto, que la gente no está para leer, y a las tripas, que la gente no está para pensar. Dos muestras de palpitante actualidad:

Periodista se queja airadamente, en programa de radio, de que no se hayan publicado fotos de la hecatombe de Japón en las que salieran cadáveres. Enseñar a los muertos es un ejercicio de transparencia, dice, que habría que “exigirle” (sic) al gobierno de Japón porque “tenemos  derecho a verlos” (sic).

Titulares y páginas principales de los periódicos  y analistas y tertulianos de política considerada seria se dedican un día tras otro, durante semanas, a especular sobre si Zapatero repite o no repite. Desde el momento en que Zapatero dice que no repite, periodistas, analistas, tertulianos, becarios escriben, analizan, discuten, preguntan sobre quién será el sucesor. De nada sirve que los candidatos a alcaldías y comunidades autónomas intenten divulgar sus programas y planes de gobierno. Esos son asuntos para el cerebro y el cuarto poder ya ha descubierto que el poder está en las tripas.

Puede que siempre fuera así en el fondo y que sólo hayan cambiado las formas. Puede que, simplemente, nos hayamos vuelto más descarados.

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2 comentarios sobre “El poder de las tripas

  1. La verdad Maria es que eso no está tán claro. Ya me recuerdo a principios de la democracia quejándome de la falta de transparencia informativa, queriamos saberlo todo y yá. El muy denostado (en su momento) Adolfo Suarez, luego le echamos de menos como ejemplo de persona dialogante y democrática. Con Felipe que te voy a contar:GAL, corrupción, las bravatas estúpidas de Alfonso Guerra…enfín. Pero siento que, no solo habia un anhelo compartido por la sociedad de transparencia y libertad y, en 30 años nos hemos vuelto muy mayores, bastánte mas cínicos, y cada uno buscando su parcelita egoista de libertad sin importarte un carajo lo que pasa a tu alrededor. Al menos en el sentido político del término ¿Te parecen serios los telediarios de hoy en dia, especialistas en catástrofes y espectáculo y ajenas al análisis y el pensamiento. Te parece serio lo que dice Rajoy sobre las conversaciones de ETA y no abandone el puesto avergonzado de la estupidez que ha dicho; y el quiero y no puedo de Zapatero, que ya se ha ido? Todo esto y los gravísimos desafios que tenemos delante (contaminación,sobrepoblación,guerras, lideres sin liderazgo,), me hacen pensar que necesitamos una nueva revolución que nadie parece dispuesto a emprender. El periodismo serio no es que languidezca es que huele a cadaver, exceptuando algún Assange suelto y alguna otra excepción, Dios a muerto, Marx a muerto y el capitalismo a vencido la batalla. El socialismo democrático se parece tánto al capitalismo que se han confundido los papeles. Pero (aunque parezca coña), todavía hay salida: el norte de Africa la busca, China lo intenta a través de sus heroes individuales, y existe AI, Save the Children, y un puñado de organizaciónes más que tal vez nos alumbren un poco esta negrísima oscuridad.

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